Los hilos existenciales de Andrés Felipe Piedrahíta

“Eso seremos, recuerdos que quizá se olviden, historias que tal vez se cuenten”
Felipe Piedrahíta


Un médico (fiel al juramento hipocrático) atiende un paciente, que, aquejado de dolor existencial, busca acuciantemente una respuesta para su estado de ánimo. El galeno interroga al miserable hombre:

―¿Qué ha intentado usted, buen hombre? Todo lo humanamente posible. Responde.

―¿La poesía no lo ha amainado? Más de lo que pudiese querer y esperar en mi melancólico estado.

―¿Y la música no le ha aliviado? Solo ha ahondado mi pena.

―¿Y los libros? Algunos autores me han servido momentáneamente, pues sus personajes con sus vivencias, dibujan mi realidad.

Este guion endopático dentro del cuento «Médico de guerra», conjuga la temática de Retazos (2021), el nuevo y primer libro de Andrés Felipe Piedrahíta, un joven belumbrense graduado con la tesis «Cálculo de la huella ecológica generada por la facultad de Ingeniería Industrial de la Universidad Tecnológica de Pereira.», y que ahora deja su impronta literaria con trece cuentos elaborados y compilados al calor de una vocación escritural que combina perfectamente con su profesión de Ingeniero Industrial.

«A mi abuela Rosa, por sus colchas de retazos cuando era niño» Dedicación del autor.

Pero aclaro, Felipe Piedrahíta no es nuevo en la escena literaria, sino que previamente ha sido merecedor de premios (como finalista) de Relatos Plurales (UTP), Fundeagro, y segundo puesto en el XIII Concurso de Cuento Breve en Samaná, Caldas, además de estar inmerso en nuevas publicaciones como La casa habitada, relatos de cuarentena, (2020), Antología Elipsis (2021) y otros espacios y certámenes.

De manera que Retazos es el resultado de una pasión por las historias, por contar la vida, por dejar registrado en el tiempo hechos y vivencias que pueden ser tanto de él, de ellos, como de nosotros, pues la actividad literaria consiste en despertar en uno mismo una experiencia, y después de haberlo hecho, transmitirla mediante palabras, imágenes y movimientos, de modo que los lectores experimenten algo idéntico. Y sinceramente, luego de leer el libro de Felipe Piedrahíta en la casa, en el bus, en la empresa, puedo decir que, gracias a su estilo narrativo, al tacto y al sentido de humanidad que usa, logra traspasar al lector, el efecto inicial que se planteó.  

De ahí que estemos frente a un libro hermoso y completo de 165 hojas, con ilustraciones entre capítulos que le confieren ese toque de texto artesanal y de diseño clásico que ya habíamos disfrutado en obras risaraldenses como Bailar bajo la melodía del silencio (Daniela Franco), Protagonistas del Arte en Risaralda (Albert Dá Pena Pérez), Código de barras (Merardo Aristizábal) o Cuaderno de Tareas (Dora Cecilia Ramírez) y otros autores, que hicieron de sus libros extensiones singulares de ellos mismos.

Subtítulos y separadores de capítulos

Así, con este trabajo de Felipe Piedrahíta, entendemos que la producción y, por ende, la lectura en Risaralda está en alza, además de cotizarse la experiencia literaria en la región con autores nuevos y frescos como Mateo Quintero Segura, Mara López, Wilmar Ospina Mondragón, Kelly Tabares, Eduardo Valencia Guevara, Verónica Salazar, Tatiana Franco Gallego, solo por citar algunos nombres, cuyos trabajos suenan en el panorama departamental.

Pero centrémonos, pues los personajes ideados por Felipe Piedrahíta en Retazos conservan características peculiares y homogéneas: leen, toman licor, usan medicamentos, disfrutan la música, son rutinarios (se levantan temprano, llegan a un bar, acuden a una cita, van al médico). Actividades que nos muestran de antemano un contexto mecánicamente urbano, aunque otro detalle es importante: la mayoría son adultos mayores, seres experimentados que dosifican su sabiduría gracias a sus recuerdos y diálogos, que por demás, permiten al autor prescindir del verbo, para así crear escenas en cualquiera de las tres voces narrativas existentes.

Y más allá de la técnica, hay que resaltar la temática que cruza los Retazos de Felipe Piedrahíta: la enfermedad, el olvido, la soledad, el amor, la amistad, la muerte, y por supuesto, los recuerdos. Esos recuerdos que son un dolor mudo, por un lado, y elocuente, por el otro, y que juntos son el material de historias de hombres y mujeres con Alzheimer, melómanos, docentes, familias monógamas, indigentes, prostitutas y otros roles sociales. He aquí entonces lo maravilloso del genio creador del joven belumbrense, y me refiero a que uno a uno sus cuentos reflejan la condición humana de quienes sufren y sienten, y de quienes esperan pacientemente en el teatro del mundo, ya que cada vida es un drama suficientemente grande que expone la dolorosa y penosa experiencia existencial de vivir.

Con estos trece cuentos, Felipe Piedrahíta nos confirma que él es el rico heredero de un pasado propio, ya que, a decir de Søren Kierkegaard, la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante. Y precisamente al volver atrás con el autor, descubrimos que estamos compuestos de historias, sensaciones y experiencias, o de esos primeros fragmentos llamados recuerdos, y por eso las personas concretas es lo que interesa al narrador, pues en Retazos, los individuos importan más que la muchedumbre, la vida menuda más que la biografía, la psicología y el diálogo más que la sociología y sus hechos.

Retazos (2021) Proyecto gráfico y diseño por: Mariana Jaramillo Chica.

Aunque realidades como el amor, la muerte, la amistad, la enfermedad, el olvido, no contengan historia propia, antes bien, sean estos acontecimientos del tiempo y el espacio humano que se ven reflejados en los personajes de Felipe Piedrahíta: Fernando (Recuérdame), Antonio (Adiós, Muchachos), Mauricio (El peso de una promesa), Juliana (Espera impaciente), Emilia (La musa del Cabaret), Lucas (Es que ustedes no me entienden), Silvia (Contra las cuerdas) y otros personajes más que son resilientes, es decir, soportan el dolor, y no esperan nada a cambio, aceptan el destino tal cual llega, no sufren de resignación sino de recuerdos, y que además comprenden que las circunstancias no son perfectas, pero las actitudes frente a esas mismas circunstancias, sí lo son.

Sin duda, Retazos de Felipe Piedrahíta es un tejido de emociones que conmueve, sorprende, entretiene, embarga de emoción, cuyos cuentos logran el efecto en cada palabra y en cada escena o diálogo bosquejado. Un libro para leer con cadencia para lograr disfrutar cada historia, que reitero, puede ser nuestra historia individual, porque todo es más complejo de lo que parece, y en estos trece cuentos, solo se percibe un décimo de la verdad, pues hay miles de hilos diminutos ligados a cada decisión tomada por sus personajes. Recomiendo Retazos, como un texto que contiene un mensaje claro y contundente: SER-PARA-El-OTRO es la esencia de la existencia. Hay que amar hasta que duela, ya que el corazón de un hombre tiene una fibra que lo une al corazón de los otros hombres, y cuando ellos sufren, es inevitable que él no sea golpeado por ese mismo dolor y sienta similar angustia.

Así, entonces, en el final del cuento «Médico de guerra» lo único que sana al apesadumbrado paciente y que le regresa la emoción de vivir, es la amistad, el reconocer la empatía con los otros.

―¿Y los amigos? ¿Tiene amigos?

Pregunta finalmente el galeno, a lo que el hombre responde:

―Realmente ellos me han salvado de que el final se anticipe más de lo debido. Una casa, por daños que sufra, no se cae si sus pilares están firmes. Mis amigos son mis barricadas. Cada uno con sus dudas y certezas, con su forma de ver el mundo me ha hecho apaciguar las fuertes tormentas y hacerles frente a los embates de mis crisis.

Cabalgata de las Walkirias. R. Wagner


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