El ateísmo no existe

«No todo es leer a Lucrecio, o pensar en la naturaleza de las cosas hermosas.«

Francis Spufford


Quiero empezar aclarando que esta entrada en mi blog es producto de una reflexión, no de una convicción, y lo que me alentó a escribirla fue el ver escritores rabiosos como Richard Dawkins hablar de Spinoza, Einstein o el árbol genealógico de la vida, sin entender nada; seminarios superficiales de ex creyentes como Dan Baxter, que después de servirle a Dios muchos años termina mordiéndole la mano metafísica al creador; o la pelea entre ateos y cristianos en Chile o Colombia por aquellos hacer sus conferencias agnósticas y estos oponerse a sus iniciativas ateas.  El asunto es tirante, pero hay un argumento ignorado y oculto en todo esto y es, que el ateísmo no existe.

Cualquier podría esgrimir razones para demostrar que sí existe esta corriente y que estoy equivocado. Usarían frases nietzscheanas como Dios ha muerto, o las malinterpretadas palabras de Yuri Gagarin cuando saliendo fuera de órbita, dice: “No veo a ningún Dios aquí arriba”; es más, citarían a Jean Meslier o a Michael Houellebecq para negar tal afirmación de que no existe el ateísmo.  Pero lo primero que preguntaría a quienes se creen ateos de convicción es, ¿qué entienden por la palabra religión?, ¿acaso la asocian al sentimiento religioso que es innato en cada ser vivo, desde los elefantes, hasta los hombres? O tratan con ella, como tratar con el mal mismo, o como si fuera una caja de pandora que hay que mantener cerrada a toda costa para que no surjan males nefastos en el mundo.

Porque un espíritu culto (o un bel sprit para que suene mejor) sabe que la etimología de la palabra “religión” no debe ser tomada a la ligera, ya que el sentido real difiere mucho de lo que comúnmente se da por entendido.  Darle un sentido religioso a la palabra, es dogmático desde cualquier ángulo y muestra el lado “intencional” de alguien que dice “ha dejado de creer en algo”. Según Marco Tulio Cicerón La palabra religió se deriva del verbo relegere y tiene que ver con lo social, con reglas que hay que observar con cuidado; y para el filósofo Celio Lactancio, el mismo término latino, tiene que ver con la dimensión existencial del hombre en unión con algo trascendente.  Además, que la palabra podría también significar en sus variantes: tener en cuenta; atar fuertemente; leer atentamente; repasar escrupulosamente; delicadeza, sentimiento, etc.

Sinceramente, aquellos que reniegan de la religión, discrepan de algo que nunca entendieron, y que ni quisieran entender, por supuesto, e ignoran que una creencia cualquiera gnóstica, agnóstica, atea, mística, sufista, masónica, intelectual, etc, tiene mucho que ver con la religión.  Y religión que precede a la adoración de algo o alguien. Porque nadie, a excepción que este muerto, no adora. Elegir es adorar. Decidir, es un elemento psicológico que inconscientemente configura el instinto de adoración en el hombre o la mujer. No hay nadie que no decida, no hay nadie que no adore, no hay nadie que no sepa que no se puede ser ateo sin estar equivocado. Siempre estamos eligiendo.

El escritor norteamericano David Foster Wallace, en su discurso This is Water dijo: Pero si “aprendes a pensar”, a prestar atención, verás que hay otras opciones… Lo único verdadero con V mayúscula, es que estará en ti decidir cómo intentar verlo. Creo que esta es la libertad de la verdadera educación… Decidir conscientemente que tiene significado y que no, dcidir qué adorar. Otra cosa extraña, pero cierta: en las trincheras cotidianas de la vida adulta, el ateísmo no existe. No existe la no adoración, todo el mundo adora. Lo que podemos decidir es qué adorar. Y una razón convincente para elegir un dios o un sujeto espiritual… Lo malo de estas formas de adoración no es que sean malas, o pecaminosas, sino que son inconscientes. Son configuraciones por defecto. Son las adoraciones en las que caes  poco a poco, día a día,  volviéndote cada vez más selectivo en lo que ves y en tu modo de juzgar, sin llegar a darte cuenta.

Así entonces, somos como el pez tratando de filosofar sobre el agua. O hablar de Dios, cuando, el mismo Baruch Spinoza dice que la sustancia de todo es Dios mismo. Me atrevería a ir más allá al decir que negar de Dios, es hablar de él en última instancia.  ¿Aún seguimos pensando que podemos llegar a ser ateos?

Porque me parece curioso que los no-creyentes (individuales o colectivos) tengan pruebas para confirmar que lo son, confirmando así el oxímoron de sus creencias.  Dawkins necesita escribir libros para dejar clara su posición, desteje el arcoíris y le pone los colores que él considera; Dan Baker, un excreyente (y ministro) que se convirtió en ateo de la noche a la mañana citando el libro de Job, sostiene el edificio de su humanismo, atacando con fervor, lo que él cree es el mayor fraude del mundo: la fe. Escucharlo es una parodia. No da conferencias, sino que predica a los ateos. No argumenta, sino que es sugerente.

El biólogo molecular Craig Venter cree en la ciencia, en el orden, en la “casuística” pero niega el “creacionismo” y el “diseño inteligente”. En una entrevista le preguntaron: ¿cree en Dios? Enfáticamente dijo: no. Creo que el universo es demasiado maravilloso como para asumir que fue hecho por algún poder superior. El asunto es simple. ¿Cuál es la diferencia? Respuesta: cambió de epistemología, pero en el fondo en lo esencial sigue siendo igual.

¿Qué es lo que dejan de creer los ateos, para empezar a creer en una no-creencia, la cual defienden con espíritu fervoroso de apologeta? No está del todo claro, aunque haya congresos, conferencias, seminarios, simposios sobre el tema. Si uno presta atención, cuando se escucha hablar a un ateo, se siente una cierta rabia contra algo religiosamente establecido. Freud intentaría ir más al fondo del asunto y descubriría razones motoras para renegar de algo que no entienden. De igual manera como los ateos creyeron algo, o creyeron en alguien como Buda, Alá, Zoroastro, Mani, Visnú, Jesucristo, Maitreya, Jean Paul Sartre o David Hume con razones dogmáticas, de igual forma han entrado al ateísmo cruzando el puente frágil de la razón, aferrándose a una creencia dogmática. Es tan evidente.

Concluyo con una afirmación salomónica: ser ateo es vanidad de vanidades. Quienes profesan serlo, caen en la doble trampa epistemológica. A saber, cambiar la religión por la sabiduría, cuando ambas son lo mismo. Dios ni es, ni jamás será un cuerpo, sino que es una naturaleza simple (simplex intellectualis natura), en español, Dios es una existencia intelectual y subsiste y existe de por sí. Quien piensa es religioso, y si los ateos piensan, son religiosos, por lo tanto, el ateísmo no existe.

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Un comentario sobre “El ateísmo no existe

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  1. Lo importante es que, cinco años después, se dio cuenta que si existen ateos en la práctica y en el día a día.

    Un saludo. No pude encontrar las 10 entradas prometidas para demostrar que se es ateo por moda o por trauma. ¡No encontré ni una!. Aplaudo la frecuencia con la que escribe.

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