La espuma de los días

«No podemos plagiarnos a nosotros mismos»

Jules Renard

 

 

Entro a Internet y no hay nada que me agrade. Es más, siento que me desagrada todo lo que se encuentra en esa maraña virtual. ¿Estoy hastiado de tanta información? Pregunto sin necesidad de buscar una respuesta precisa. Es lo que hay. Es decir, sentimos vivir sin respuestas, damos vueltas y tumbos en una sinrazón existencial. Tanteamos, caminamos, caemos, sin posibilidad de mirar hacia algún destello o luz, que ilumine el sentido. ¿Nos han engañado? Hoy parece un día banal, blanco, que no colma, sino que genera ese mismo sentimiento de vacío que experimentaron los santos en la historia, y los intelectuales en su reflexión cotidiana. Pura alienación.

Intentar arrancarle una respuesta al aíre no tiene sentido. Pues, cada día hay que respirar de la mejor manera. Noticias, memes, coronavirus, lecturas, TikTok. Nada puede sonar peor y cíclico. Aclaro, no es que hoy tenga mala vibra, es que es uno de esos días que, como espuma, contiene forma, pero no fondo. En mi pequeño submarino de tres por tres, me encuentro rodeado de libros. Textos de toda clase, desde las apologías del cristianismo de Tertuliano y Pascal, hasta literatura posmoderna tipo David Foster Wallace y Jonathan Carr. Colores. Hojas manidas. Pensamientos escritos que son vórtices que atraen, seducen, pero no colman. Antes parecen asfixiar.

 

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Veo todos esos tomos y sé que leeré muchos de ellos y otros quedarán postergados hasta que otro lector le ponga el ojo, los compre en un viejo bazar luego que me vaya, o los sustraiga de mi biblioteca. ¡Tanto conocimiento y tan poco tiempo! Se hace necesario tener varias vidas para profundizar en esas cabezas y a la vez observar sus plumas. ¿Cuál es la chispa vital que enciende la existencia? Inquiero de nuevo, aunque, aclaro, me pongo existencial los martes. Esto no pinta bien. ¿Tiene sentido tal estado de ánimo? No lo creo. Solo que las mejores cosas de la vida no están en lo evidente, sino en otra parte. En la imaginación quizá, en una sonrisa escondida de alguien, o en una lágrima no declarada.

El ruido de la calle a esta hora despierta las hormigas, los pájaros y los vecinos que madrugan a trabajar. Ruido y furia. Eso es la sociedad. Sonido disforme que reemplaza la música o los pensamientos originales. ¿Qué haré hoy? Si llegaran a preguntarme qué hice hoy ¿Qué diré? Los hechos, eso parece resumir buena parte de lo que podemos ser. Pragmatismo. Soledad. Producción. Amigos de café. Viajar en maquinas de un lugar a otro. Cansar el cuerpo. Soñar.  Hay muchas cosas que no comprendo. Aún así hay que responder a la pregunta por el día a día. El postulado más importante en la posmodernidad.

 

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Vivir es casi como nadar contra la corriente. Como si uno fuera un papel lanzado hacia un torbellino o un pez metido en un biberón. Entre un litro de soledad hay unos gramos de gloria. Una verdad que duele reconocer porque al final estamos solos. Destinados a gravitar en el agua de los días. Ese tejido oxigenado que nos lleva de un lado a otro como una marea embravecida. Si cada día es igual, ¿Qué nos hace diferentes? Puede ser lo que los antiguos llaman Lumen. La imagen de las cosas que se forma en nuestra mente, lo que captamos, con lo que jugamos y que nos mantiene vivos.  Un par de lentes sirven para leer, pero también para ver mejor. Para entender. Captar las imágenes. Azuzar la imaginación. Jugar ¿De qué va esto?

El día sigue con ruido. Ya se despertó media ciudad. Escribo esto, y aún así sigo con las preguntas intactas sobre el sentido de la existencia. No es que sea necesario saberlo todo, no, eso es banal, pero cómo huir de uno mismo y a la vez caminar por los senderos de la salvación que esta ciudad no ofrece. Termino mi espuma de los días no sin agregar, que somos errantes en un mundo de caminantes. Al final la vida se trata del camino, no de la meta en sí. No quiero sonar sartreano. Por eso, buscaré otra forma de ser, de hacer, de sentir, en este día tan frío, tan distante, tan extraño para un espíritu lleno de curiosidad. Hay que avanzar. Hay que avanzar.

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