Las 37 noches del divino Marqués

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El libro cumbre del Marqués de Sade, “Las 120 Jornadas en Sodoma” o “La escuela del libertinaje, está considerado como uno de los más difíciles de leer por la forma cruda y grotesca del exceso de la corrupción y el abuso de poder. Y aunque es una obra inconclusa, tiene un valor completo ante los críticos, lectores y mal pensantes de hoy. El libro está construido como el infierno de Dante: en círculos consecutivos de placer y castigo y está dividido en cuatro partes, a saber: Las pasiones simples, las pasiones complejas, las pasiones criminales y las pasiones asesinas. Además, claro, de una introducción descriptiva de los personajes, el contexto histórico del relato, y de cómo todos los que no eran los cuatro protagonistas y sus respectivas esposas fueron reclutados.

En síntesis, cuatro hombres ricos y libertinos desean poner en práctica sus deseos sexuales durante 120 días en el castillo de Silling. Reúnen a sus víctimas y cómplices y a cuatro veteranas prostitutas que narrarán las historias más extravagantes para ponerlas en práctica. Los personajes son: el Duque de Blangis, un viejo aristócrata de cincuenta años matricida con una fortuna mal habida; el Obispo, hermano de Banglis, un hombre de cuarenta y cinco años apasionado con el sexo anal y la pedofilia; el presidente de Curval, un hombre de sesenta años flaco y sucio y Durcet, un banquero de cincuenta y tres años afeminado que prefiere la sodomía antes que nada.

Esta obra fue escrita en un lapso de 37 días (o noches) cuando el divino Marqués tenía cuarenta y cinco años y estaba preso en la Bastilla, el presidio donde pasó mayormente recluido. El incidente que marcaría su vida, fue sin duda, cuando transferido repentinamente de la cárcel, no tuvo tiempo de llevarse consigo el manuscrito de “Las 120 Jornadas de Sodoma” que había copiado en una larga cinta de 12,10 m de largo, formada por pequeñas hojas de 12 cm pegadas una tras otra. Hasta su muerte, Sade creyó que éste escrito, que consideró siempre como su obra maestra, se había perdido irremediablemente.

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Estilísticamente hablando, Sade es un genio al aliar el lenguaje de la calle con el argot típico de los salones franceses. Y aunque esta su obra sea un texto inacabado (y justificado por la constante tensión en la que vivía el autor en la cárcel), posee estructura, movimiento, emoción y un cálculo casi matemático con el cual el autor narra al final de la obra sus víctimas, verdugos y personal de servicio. Manía numérica que refleja la obsesión que Sade tenía y que lo llevó a realizar extraños cálculos para predecir la fecha de su liberación de la Bastilla.

Algunos consideran “Las 120 Jornadas de Sodoma” una novela de género gótico y otros simplemente un escrito enteramente pornográfico, al punto que en bibliotecas como la Británica sólo se puede adquirir sus escritos bajo la consigna “categoría especial” y con el código de búsqueda PC 25b 22. Pero hoy en pleno siglo XXI, El Márques de Sade sale lentamente de su ostracismo literario con la ayuda de la libertad de expresión y elección, a la cual se abre el mundo paulatinamente. Simone de Beauvoir acotó: “comprender a Sade sin atenuantes es traicionarlo… su mérito reside en el hecho de que no se resignó… de que puso en duda todas las respuestas fáciles… El valor supremo de su testimonio se encuentra en su capacidad para inquietarnos”.

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