Peter Singer o la filosofía que juzga la vida

«Cualquier hombre cuyo objetivo sea obtener poder y decisión sobre la vida de los demás genera desconfianza absoluta»

Mateo Quintero
(La frenética desazón)


Todo lo que esté en contra de la vida, no parece entrar en el reino de la filosofía, sino que pertenece al terreno de la ética. No me refiero al tema del mal, ni de la muerte, ni el estudio del más allá, sino a todo aquello que afecte o dañe concretamente alguna forma preestablecida de vida. Nada nos dice que teorizar sobre el fin último o sobre los límites de la existencia, para decidir sobre la condición humana, sea una forma racional de inteligencia. La razón es un dogma con falacias y ser inteligentes no es lo mismo que ser sabios. Sobre este desvarío es que aparece Peter Singer (1946), un australiano desencantado con la filosofía, que un día, igual que Marx, Darwin, o Freud, decidió que su tránsito por la tierra debía afectar a muchos. En sus palabras: «Siempre he sentido que no merecía la pena hacer filosofía si esta no iba a tener algún impacto en el resto del mundo. En las clases de filosofía, cuando la gente hablaba de cómo sabemos que hay una mesa aquí, yo pensaba “ese realmente es un interesante rompecabezas intelectual, pero no voy a pasar el resto de mi vida pensando en él”»[1]

Rompecabezas intelectual que empujó a Peter Singer a no querer interpretar el mundo, sino a trastocarlo, y sin vacilar, se pasa al campo de la ética, desde donde se atrinchera e inicia una cruzada intelectual de casi 40 años que le ha granjeado enemigos de la talla de Steve Forbes, la iglesia católica, los grupos conservadores de derecha, la empresa de cosméticos, un gran sector académico, y un segmento poblacional de países tercermundistas, quienes ven en este un mero teórico reaccionario, que es, o un chiflado, o un filósofo sin filosofía, más cercano a un terrorista de laboratorio que a un humanista de toga.  

Y no se equivocan con esas conjeturas, ya que el hecho, nefastamente aprobado por algunos gobiernos sudamericanos del aborto hasta la semana veinticuatro, parte de sus reflexiones, al igual que el sofisma de la eutanasia, camuflado bajo el término de muerte digna, que se acepta cada vez con clausulas más amplias. Asimismo un sector del movimiento animalista toma sus tesis sobre el dolor para proponer una ética animal, que lentamente, se equipara a la ética humana. Sobre esto último, en Australia, el país de Peter Singer, ya se busca que el parlamento apruebe una enmienda de ley para los animales, basada en tres derechos: el derecho a la vida, el derecho a la libertad, y el derecho a ser libres de tortura. Lo cual es razonable y bueno para cualquier especie viva. Lo realmente incongruente es que mientras Peter Singer, fundador del Proyecto Gran Simio, busca promover estos derechos para los animales, defienda el aborto con fines de extracción de órganos, propugne el derecho a la eutanasia desconociendo las realidades sanitarias de cada país, y apoye abiertamente la experimentación con especies vivas, o como dijo en una entrevista en un reconocido periódico de España: «Prefiero investigar con un embrión humano que con una cobaya» [2]

Todo es contradictorio en este pensador, especialmente cuando sus tesis sobre el derecho a la vida, al no sufrimiento, a la libertad de existir y no ser violentado, solo aplica para los animales, pero no para los seres humanos. La lucha de Peter Singer es evidentemente lenta, pero constante, y mayormente incoherente, porque la versión de la eutanasia que promueve, es el procedimiento médico-legal que resultó luego del falseamiento del Juramento Hipocrático que realizó la comunidad médica en 1948, en Ginebra, Suiza, y que se viene reformando más y más para conseguir que coincida con los intereses del mercado de medicamentos, la moral médica y las nuevas formas de tecnología médica industrial.

Peter Singer

No hay duda de que con esta batalla bio-política se está intentando introducir caos en el orden, pues, aunque cada época tiene sus complejidades, es la ciencia, que reemplazó a la religión, la que debe salvar vidas, no destruirlas desde la innovación ignorando la bioética y pasando por alto la inviolabilidad de la vida. Por ello el asalto hacia Peter Singer y su propuesta de Nueva Ética lo están dando, curiosamente un ala de la Derecha alternativa, en América, hasta el psicoanálisis político encabezado por Slavoj Žižek, en Europa, intentando dilucidar la trampa semántica y económica que se esconde en las ideas modernas de progreso y dignidad humana. Temas que Peter Singer aborda y entiende mal, (o pretende hacer creer que entiende bien), justificando, gracias a todo fin y todo medio, una visión de moral que puede aplicarse al clúster médico y a las políticas de higiene y salud de los gobiernos.

Pero vayamos despacio, porque Peter Singer entonces, es un representante del llamado Consecuencialismo, una teoría cultural posmoderna que pretende juzgar si algo es bueno o malo, según la consecuencia derivada de una acción o una decisión. Juicios categóricos que se fundamentan en la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham y el pensamiento hedonista de Lucrecio, más que de Epicuro, y sobre dos ideas tan mal interpretadas como traducidas: «Hacer el mayor bien para el mayor número de personas» y lo bueno es juzgado, aceptado o negado, si produce o previene el dolor. Como sea, el Consecuencialismo, no es nada más que renovadas formas malthusianas que buscan politizar lo que antes era privado (el cuerpo, el sexo, la propiedad animal, natalidad, mortalidad, etc.), pero también depurar la población ajustándola a sus justas proporciones, y de esto da cuenta la filosofía de la izquierda darwiniana, que procura reformar la naturaleza humana, proponiendo un nuevo modelo humanista. (Trans-antropocentrismo)

Así entonces, las cuatro tesis que Peter Singer defiende, y que parecen normales en su planteamiento, pero no en su aplicación, son una hoja de ruta sobre la cual gira todo su aparato teórico:

  1. El dolor es malo y cantidades similares de dolor son igualmente malas, sin importar a quién le pueda doler. (Economía)
  2. Los seres humanos no son los únicos seres capaces de sentir dolor o de sufrir. (Ética especieísta)
  3. Cuando se considera la gravedad de quitar una vida no hay que fijar la atención en la raza, sexo o la especie a la que pertenece el individuo, sino que se debe tomar la decisión siguiendo los deseos de seguir vivo o el tipo de vida que una persona pueda ser capaz de llevar. (Eutanasia médica)
  4. Debemos considerar las consecuencias tanto de lo que hacemos como de los que decidimos omitir. (Aborto y anti natalidad)

Cuatro tesis que no son nuevas, sino que son una revisión de la filosofía del siglo XI, y con las cuales este pensador fundamenta su polémica propuesta de una ética práctica, buscando responsabilidad humana, pero también interpretación al problema de la vida. Según él: «El estudio de la ética, en los departamentos de filosofía del mundo anglosajón, se centraba en el análisis del lenguaje moral y suponía que era moralmente neutral, esto es, que no conducía a formular ningún juicio sobre la corrección o incorrección, bondad o maldad de cosa alguna» [3]

Alasdair MacIntyre

Y esta neutralidad es la que desea abolir Peter Singer, y por ello toma partido y se involucra en un terreno frágil como la vida y sus complejas formas de auto conciencia, escribiendo, igual que el filósofo escocés Alasdair MacIntyre, libros que apelen a las emociones humanas (sus obras no son científicas en ninguna manera), para presentar su visión de Nueva Ética que justifique, por las circunstancias, juzgar el valor de la vida. Los dilemas sobre los que reflexiona el profesor australiano en revistas especializadas, coloquios, y por medio de su sello editorial, para llegar a sus conclusiones, versan sobre preguntas tales como: ¿Es rentable que el Estado financie un tratamiento a una persona en estado vegetal o con disfunción cerebral crónica? ¿Son personas los niños que nacen con anencefalia o con defectos congénitos? ¿Merece vivir alguien con muerte cerebral, aunque el corazón siga latiendo? o ¿Es ético matar animales para comerlos? Problemas que este investigador toma como objeto de sus reflexiones, y que gracias, según él, a que nadie los ha pensado antes, los replantea para darles respuestas a la farmacia, la rama médica y a la legislación estatal de los países.

En su libro Repensar la vida y la muerte. El derrumbe de nuestra ética tradicional, propone reemplazar, como un nuevo Copérnico y sin inquisición de fondo, lo que llama, la vieja ética, discutiendo que no todas las vidas humanas poseen el mismo valor. En este trabajo se pregunta ¿Cómo será la actitud de la nueva ética? Y no duda en citar cinco mandamientos morales, creencias sociales que ataca con fundamentos simples, para reescribirlos a su manera:

Se considera que toda vida humana tiene el mismo valor.
(Hay que reconocer que el valor de la vida humana varía.).

Nunca hay que poner fin intencionadamente a una vida humana inocente.
(Es necesario que el hombre se responsabilice de las consecuencias de sus decisiones.).

Nunca te quites la vida e intenta evitar siempre que otros se quiten la suya.
(Es un deber respetar el deseo de vivir o de morir de una persona.).

Creced y multiplicaos.
(Se pueden traer niños al mundo solo si son deseados.).

Considera cualquier vida humana siempre más valiosa que cualquier vida no humana.
(No se debe discriminar otros seres por razón de especie.). [4]

Y de nuevo, para llevar al debate público esta Nueva Ética, que es más una ideología que una respuesta práctica los problemas de la vida, recurre al concepto marxista de lo «típico» para lograr universalizar lo específico, o como dice Slavoj Zizek, «conviene dar con el caso particular para otorgar eficacia a la noción ideológica».[5]

Slavoj Zizek

No vacila en recrear sucesos típicos aislados (extraídos de noticias, internet y recortes de periódicos) con la intención de demostrar principios universales que él sugiere repensar, pero que en el fondo redirigen al lector y al ciudadano a su reflexión axiológica:

«Trisha Marshall intentando robar a un hombre discapacitado recibió un disparo en la cabeza. En la unidad de cuidados intensivos le dieron el veredicto a la familia: “Muerte cerebral”. ¿Vale la pena (en costo económico para un gobierno o una institución) mantener conectada a un respirador artificial a una delincuente?».

«Henry Spira se dio cuenta que su padre explotaba pobres para mantener su estatus económico y social. Luego Henry se volvió trotkista, leyó el libro Liberación Animal y decidió que necesitaba ayudar a otros seres igualmente explotados: los animales. Spira dijo que existía mucho dolor en el universo y que sentía la necesidad de hacer algo para disminuirlo.»

«Carla sintió un bulto en la parte inferior del abdomen y el médico le detectó cáncer. Recibió quimioterapia, pero el cáncer reapareció. Luego Carla solicitó que le aplicaran la eutanasia y los médicos, respetando su decisión, se la aprobaron. Carla se quedó dormida y murió»

Jeremy Bentham

Y así ad infinitum ejemplos «apolíticos», «sociales», «concretos», que Peter Singer insiste en confeccionar en sus voluminosos libros, sugestionando la sociedad y sugiriendo que sus tesis (las descritas con anterioridad), pueden aplicarse gracias a casos como estos, o experiencias singulares como estas, aunque en algún momento haya querido negar su estrategia de marketing ético: «En ningún punto de este libro apelo a las emociones de los lectores cuando no pueden ser apoyadas por la razón»[6]

Pero esta no es la única estrategia de este pensador para hacerle daño a la vida, (fundamentarle a la gente, a la comunidad médica y al Estado, que pueden abortar, matar, juzgar vidas humanas, sin sentir culpabilidad, pues la razón y la ciencia los avala), sino que su otro error altruista está en el concepto de lo que significa ser persona. Él afirma que se llega a ser humano por definición (no por una constitución biológica ni de ningún otro tipo), cuando el derecho a la vida está graduado y definido, o, en otras palabras, cuando este deviene en ser racional y autoconsciente.

Pero ¿qué es ser racional en un mundo sin dioses, sin centros fijos, de relaciones líquidas y dominado por las redes sociales? De ahí que Singer no sienta empatía por la vida, y de fondo haya otros intereses más que intelectuales, dado que él es parte del debate insano de si un feto es persona o si debe interrumpirse el embarazo, o no sin importar la causa; o si es moral elegir la eutanasia cuando hay «muerte cerebral» o enfermedad terminal, o si ya no se está contento con la vida; o el saber si los animales tienen conciencia o mera alma anímica. Asuntos que desacralizan la existencia humana, y la reducen no a la ética circunstancial, sino a la ética teleológica, es decir, a la idea del consecuencialismo, que juzga crudamente si una vida vale la pena o no, según el grado de dolor, carencia o bienestar.

Singer, como filósofo que falta a su vocación (no profesión), pues no admite la existencia de ideas generales independientemente de los objetos, y por eso ataca la vida concreta y sugiere una nueva moral. Una trampa deontológica que entiende y lleva hasta sus últimas consecuencias, ya que este es el siglo donde nació y del que desea irse, no sin antes dejar una propuesta perniciosa para la mayoría. Las falacias de Peter Singer son más, sin embargo, en su altruismo por aliviar el dolor, otorgar derechos a los animales y crear una forma de muerte digna para los convalecientes,  realmente está sentando las bases para minar la vida, y por eso traiciona toda intelectualidad, toda ética, y por ende, el mismo utilitarismo que profesa, el cual se compone de tres elementos importantes: el bienestarismo (promover el bienestar individual), la ordenación mediante la suma (evaluar una vida por su utilidad, no por su esencia) y el consecuencialismo (juzgar las opciones, no las personas)[7]


[1] Singer, Peter. (2000) Predicciones. 31 grandes figuras pronostican el futuro. Taurus. P 395

[2] Sampedro, J. (2002) ‘Prefiero investigar con un embrión humano que con una cobaya’. El País. España. Recuperado de: https://elpais.com/diario/2002/05/11/babelia/1021072630_850215.html

[3] Singer, P. (2002). Una vida ética. Escritos. Ediciones Taurus. P 414.

[4] Singer, P. (1997). Repensar la vida y la muerte. Un derrumbe de nuestra ética tradicional. Paidós transiciones. P 255.

[5] Žižek, S. (2008). En defensa de la intolerancia. Madrid: Sequitur. P 128.

[6] Singer, Peter. (2000) Predicciones. 31 grandes figuras pronostican el futuro. Taurus. P 395

[7] Cejudo, R. (2020). Deontología y consecuencialismo: un enfoque informacional. Scielo. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0011-15032010000300003

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