El Caballero Gaucho y Mefistófeles

«El Caballero Gaucho está enterrado de pie, en su mausoleo, como los librepensadores y adoradores de Dionisio»

Testimonio de un poeta de La Virginia


La canción más icónica de Luis Ramírez Saldarriaga, mejor conocido en el mundo del tango como El Caballero Gaucho, es el tema Viejo Farol. Una historia trágica de amor, recuerdos, desengaño, angustia y lamento, que a primer oído (o a primera copa) no es lo que parece, ya que el misterio detrás de la letra de la canción, y la vida del compositor original, un enano deforme llamado Luis Benedicto Valencia, es la misma leyenda de Mefistófeles entregándole al doctor Fausto su alma a cambio de la sabiduría, la juventud, el amor y el éxito mundial.

Así entonces, poco o nada sabemos del caleño de 62 centímetros, inválido (posiblemente sin manos) que cedió, sin pedir nada a cambio, la pieza de tango a Luis Ramírez Saldarriaga. No hay registro biográfico alguno en el mundo empresarial o musical sobre quién sea este compositor, y de igual forma el Caballero Gaucho jamás hizo mención de su existencia. Solo, centrándonos en la canción, sabemos que el sello Silver Metrópoli de Medellín grabó el tema en formato LP en 1975, y posteriormente, entrando a finales de los años 90, el título fue registrado en la Organización Sayco Acinpro, curiosamente, a nombre de los dos luises, (Ramírez y Valencia), tal como lo confirma el investigador pereirano Fernell Ocampo Múnera.  

Luego de este hit, que sonó en todo el país, fue que el bardo de La Virginia lograría el éxito y el reconocimiento como artista importante en la región, en Colombia e incluso, internacionalmente y hasta el final de su vida grabaría más de 2.235 canciones que lo consolidarían como un artista sólido por más de 50 años en la escena, además de convertirse gracias al imaginario popular y a los libadores, en el cantante predilecto de cantinas, bares, y almacenes anclados a los tangos de Agustín Magaldi, Ignacio Corsini, Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo, y otros.

Así entonces, Viejo Farol es una canción de tango envuelta en un oscuro misterio, que fue grabada, curiosamente como una premonición, por varias voces femeninas. La primera interpretación la hizo la cantante y compositora Soledad Arias; luego Lila Cruz, natural de Riosucio Caldas; seguido por la bandoneonista y directora de orquesta argentina Tita Duval, esposa del poeta Francisco Yoni; posteriormente Elisa Peláez, apodada “La Trigueñita”; y por último con Magda Lorena y Miriam Araque. Pero, ¿por qué tantas mujeres en un simple trabajo musical? No hay casualidad alguna en esto, pues estas intervenciones femeninas, tienen que ver con el prototipo de todas las mujeres trágicamente enamoradas.

Así pues, hay que anotar también algunos extraños sucesos que tuvieron lugar alrededor de la canción Viejo Farol. Hechos que no provienen de la leyenda o el imaginario popular, sino de sucesos verídicos, confirmados por la historia y las noticias locales en su momento. Una de ellas, la del policía aficionado a la música del Caballero Gaucho que logra entablar amistad con el cantante, incluso llegando a visitarlo alguna vez en su casa en La Virginia. Una relación amistosa entre el aficionado y su ídolo que toma fuerza, hasta que un inesperado día llaman a la puerta del Caballero Gaucho para anunciarle que su admirador más ferviente se había suicidado. El cantante sale corriendo hasta el sitio de los hechos, encontrando, efectivamente, al policía yerto en la acera con un tiro en la sien y con su cuerpo desparramado encima del LP Viejo Farol hecho pedazos, igual que su vida.  El cantinero, a quien tomaron por testigo los entes policiales, afirmaría que el hombre llevaba tres días ingiriendo licor, mientras insistía en oír una y otra vez la canción Viejo Farol. El Caballero Gaucho lamentó el terrible final y nunca olvidaría tal suceso.

La otra historia, (ya se dijo que estas no provienen del mito ni de la leyenda), es la del perro Tony, que, al escuchar Viejo Farol, aullaba en dirección al cielo, solo logrando tener paz y encontrar la calma cuando dejaba de sonar la canción.  Al notar el extraño suceso, el Caballero Gaucho toma la decisión de no reproducirla más pensando quizá que al animal le fastidiaba la canción, o creyendo, que el canino podría sentirse triste y solitario oyendo la canción constantemente. Cada vez que sonaba la pieza, los aullidos persistían en la casa, hasta que Tony, el perro de la familia un día muere repentinamente. Después de esta pérdida (se cuenta) llegan dos caninos más a la finca del Caballero Gaucho, quien alegre, los bautiza con el mote de “Farol” en honor a Tony y a la icónica canción; y al otro lo nombra “Muñeco”, por su otra composición titulada Viejo juguete.

Consecuentemente ya dilucidando la fuente de la canción que le entregó Benedicto (o Mefistófeles) al bardo de La Virginia, y el posible origen de la inspiración de la letra, todo indica que su composición parte de una leyenda tunjana conocida como “El farol de las nieves”. Una historia real, propia del folclor local, que trata sobre un hombre adinerado, contencioso, de sangre caliente, que engendra una hermosa hija que se empeña en sobreproteger. Con el pasar del tiempo, y por esas pasiones frescas y juveniles, la mujer se enamora de un joven de rancio abolengo y el progenitor se opone a toda costa en esa relación. Ante la insistencia de ese amorío, el padre, descorazonado, espera al Romeo una noche de visita para confrontarlo con una espada, pero en la reyerta, el padre sale herido. Sin tener cuidado de este suceso, la relación amorosa continúa, aún, con más persistencia.

El amor entre los dos jóvenes es cada vez más fuerte, por lo que la pareja decide casarse a escondidas del padre, pero este se entera y planea interrumpir las nupcias matrimoniales a como dé lugar. Los enamorados, comprendiendo la trama urdida del padre, elaboran igualmente un plan simple para despistarlo. El joven debía pasar cerca de su casa con un farol encendido como señal, para que ella escapara, y se dirigiera hacia la iglesia de Las Nieves a sellar el pacto de amor.  Y así sucede, pero ya estando ahí, y cuando el sacerdote está presto a darles la bendición, llega el enardecido padre y atraviesa el joven enamorado con una espada. Luego empuja a su hija hasta la casa, donde construye un muro para encerrarla de por vida y así tenerla cerca, pero esta fallece tras la construcción. Años más tarde, dice la leyenda, fue encontrado el cuerpo de la joven detrás de la pared con el vestido de novia aún puesto.

Explicado este origen de la canción, es entonces el tango Viejo farol, la historia de un hombre enamorado que busca una novia en el recoveco oscuro del amor y de la muerte. ¿Luis Benedicto Valencia conocía la leyenda y se inspiró en ella para la letra del tema? No lo sabremos, y quedará en el misterio si también el Caballero Gaucho sabía del significado de fondo de la lírica que lo catapultó a la fama, casi de manera inmediata. ¿Mefistófeles y el Caballero Gaucho? Sea como sea, esta emblemática canción es parte del repertorio musical de uno de los cantantes más queridos que perteneció, según Gustavo Colorado Grisales, a la Banda Sonora del Eje Cafetero.

Así dice un segmento de la letra, aunque en el fondo, quien la escucha en la radio, internet, y porque no, en LP, puede sentir todavía a ese amor errabundo que busca, como un Diógenes, a su novia tras las paredes de la deshonra y el desamor. El sino trágico de la felicidad, que está detrás de toda historia humana:

Viejo farol que alumbraste mi pena, aquella noche que quise olvidar.
Hoy veo tu luz taciturna y enferma, cual si estuviera cansado de alumbrar.
Tú la recuerdas, yo la recuerdo.
Hoy en la bruma del tiempo me pierdo, llorando la angustia y la decepción.
Como alumbraba el farol, aquella noche que te vi por vez primera.
Eran sus ojos un sol, de su sonrisa florecía la primavera.
Hoy solo queda de ayer, entre la bruma fría y sangrante de los años.
más que pesar es un desengaño, pero en mi angustia, te quiero más.
Hoy solo estamos, los dos en la vida, con nuestras penas viviendo al azar.
yo voy llorando una ilusión perdida, si tú te mueres cansado de alumbrar.


Viejo Farol (Discos Fuentes)

2 comentarios sobre “El Caballero Gaucho y Mefistófeles

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  1. Diego. Soy amante de las historias y anécdotas de barriada y arrabal, esta es especial. Pertenecí a una Laboratorio Integrado de Análisis Regional, que patrocinó el Ilpes de la Cepal. Con un compañero de Tijuana, éramos 18 de varios países, investigamos esta música que se escuchaba en las cantinas desde Argentina a los suburbios de Nueva York., e incluso en un rincón popular latino en Vancouver – Canadá. El viejo farol trajinó todos esos caminos, lo confirmó Luis Guadalupe López, mi compañero. Celebramos eso en un espacio de una emisora en Popayán que tenía un programa «Amanecer en Piyama» así lo anunciaba. La calle se llenaba de músicos con su botella a la espera de su turno para cantar y el estudio tenía un aliento que recogía todos los aromas etílicos de la noche. Sacamos unos micrófonos a la calle y se formó un gran coro de voces, guitarra y borrachines. Como aquella noches en «El Páramo», la canción de aquella noche era «El Viejo Farol» y el honor al Caballero Gaucho.

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    1. Saludos don Guille.
      Que alegría saber que le gustan estas anécdotas y en especial que haya tenido personalmente ese recorrido en el mundo de la música. Había leído algo en uno de sus textos, pero que profundidad de relaciones tiene con el sentimiento latino y con la música popular. Un abrazo y gracias por comentar.

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