¿Existe una crisis en la literatura moderna?

“Para introducirnos en la obra, todo lo que necesitamos es dejar en suspenso nuestra percepción actual de las cosas”
Sven Birkerts


Cuando el entrevistador Marcos Fabián Herrera le preguntó al maestro vallecaucano Fernando Cruz Kronfly si la filosofía y la literatura confluyen en la verdadera novela, este no vaciló en dar una declaración, que, a más de realista, marca una pauta sociológica sobre el estado actual de las letras y la cultura como objeto de consumo:

“No creo que la novela actual se encuentre en el extravío o algo parecido, corregible mediante la convergencia entre filosofía y literatura. Lo que le está sucediendo a la literatura y a la cultura en general es algo simplemente aterrador: que fueron convertidas en mercancía.” (Palabra de autor, Sílaba, 2017)

Hasta aquí, el maestro Fernando Cruz Kronfly no decía nada nuevo, y sus palabras nos recuerda un poco esa frase crítica de Walter Benjamin «El infierno está desatado en el alma de la mercancía», pero el sentido de su afirmación, en la actualidad, sí diagnóstica sinceramente la crisis posmoderna de la cultura literaria; crisis no necesariamente ligada al auge del consumo, la adquisición de objetos como fetiches del mercado, o los tipos de obsolescencia programada, sino a tres elementos importantes que al ignorarlos podrían agudizar más la crisis, a saber, la desaparición (o al menos ocultamiento) de los críticos literarios; el carácter líquido de las editoriales y los medios impresos; y la democratización de la crítica, asociada a las redes sociales, que ha desembocado en un nuevo sujeto sociológico carente de juicio para opinar sobre libros, autores, o sobre la cultura en general.

Sobre estos temas conversaremos entreveradamente, ya que en la misma entrevista continúa el maestro Fernando Cruz Kronfly:

“Lo que es realmente preocupante, aunque no signifique el fin del mundo, es que la literatura y la cultura terminaron por quedar atrapadas en las redes de esa cosa que se conoce como ´Marketing´ en el sentido de que el cliente siempre tiene la razón y que es necesario escribir para él, lo que él quiere que le escriban en medio de su medianía”. (Palabra de autor, Sílaba, 2017)

Declaración que reafirma la crisis, y que nos lleva a pensar en la intencionalidad de esas grandes editoriales que han absorbido los pequeños sellos artesanales o emprendimientos literarios, conformando un poder hegemónico sobre la industria libresca y de la información a nivel mundial, ya que, el marketing, subproducto de la publicidad, promueve literatura light como si fuese una estética seria, afectando severamente la dinámica cultural y la calidad del libro.

Como ya preveía André Schiffrin “Los libros suelen publicarse más por su supuesto interés comercial que por aspectos intelectuales y culturales que antes los editores valoraban a la hora de incluir un libro en su catálogo. He escuchado a muchos responsables de los suplementos culturales quejarse de que buscan en vano en los catálogos de las grandes editoriales un solo libro que justifique una reseña seria.” (La edición sin editores, 1999)

Aunque vamos despacio, porque esta crisis no solo se evidencia en la industria editorial sino también en algo tan metafísico en teoría, pero tan práctico en la vida real, como la doble interpretación del sujeto literario: el autor y el lector. Tragedia, que a primera vista parece fruto de este tiempo tecnológico y posmoderno, aunque en realidad tienen su génesis en la revolución tipográfica de Johannes Gutenberg, la difusión masiva de libros avatares en la Ilustración, y el drama de los manuales literarios e ideológicos del siglo XX.

Pero no hay que culpar a la industria publicitaria, ni siquiera al mundillo de los autores contratados por los grandes grupos editoriales que producen la novela del momento, sino que este asunto hay que mirarlo a la luz del mecanismo sobre cómo se produce una crisis en la modernidad, ya que leer en pleno siglo XXI entraña un peligro, o en palabras de Alfonso Berardinelli, «Desde que existe eso llamado modernidad -es decir, la cultura de la independencia individual, del pensamiento crítico, de la libertad de conciencia, de la igualdad y de la justicia social, de la organización y de la productividad, así como de su rechazo político y utópico-, desde entonces leer supone un riesgo.» (Leer es un riesgo, 2016)

Este acto crítico (leer en tiempos de pragmatismo editorial), nos guía a entender que la verdadera crisis del sujeto se da cuando se enfrentan dos principios válidos sin que estos converjan en una síntesis. Me explico. Si hay grandes editoriales en Colombia y muchos libros, pero no hay lectores, esto es una tragedia. Si hay buena literatura, pero malos lectores, esto es una crisis, ya que el autor, o se adecúa a crear novelas para las masas, o escribe, igual que el maestro Fernando Cruz Kronfly, literatura a modo de obra de arte para un círculo reducido.

Por supuesto, nadie creería que la literatura es para un gran público, y por eso es que surge la investigación literaria «El sujeto en crisis en la narrativa de Fernando Cruz Kronfly» (2021) del docente y narrador vallecaucano Jhon Walter Torres. Una tesis de maestría que constituye un texto sorprendente y revelador por tres motivos: primero, porque dilucida la crisis del hombre en la modernidad, ese drama, que según el crítico literario Álvaro Pineda Botero, consiste en cambiar la verdad por la libertad; segundo, nos introduce en tres magníficas obras del reconocido maestro Fernando Cruz Kronfly, que hoy necesitan ser desempolvadas y estudiadas; y tercero, nos deja ver los mecanismos o artificios literarios del escritor vallecaucano, adentrándonos en esa forma olvidada de la verdadera escritura: el arte por el arte, pese a que la cultura, como otra tragedia más, se ha particionado en dos: alta y baja.

Sobre esto último, precisamente, fue el poeta T.S Eliot quien afirmó que la alta cultura debía ser patrimonio de una élite, ya que aseguraba «es condición esencial para la preservación de la calidad de la cultura de la minoría» confirmando la premisa de Fernando Cruz Kronfly, al referirse a la galardonada premio Nobel en literatura Herta Müller: «Una escritora inmensa como Herta Müller solo le interesa a las “masas” consumidoras por el hecho de ser Nobel, pero las masas que la compran por esta sola circunstancia para nada entienden de su extraordinaria factura literaria, muy poco percibirán su grandeza del lenguaje y mucho menos su mundo desgarrado» Una alusión no solo sobre la rumana, sino sobre la mayoría de escritores vocacionales que han tomado en serio la tarea de escribir y publicar en Colombia y en otras latitudes.

Porque en esencia se trata del lenguaje y cómo este ha tenido un giro o una transformación ante la avasalladora cultura de los mass-media y su naturaleza centrada en la imagen realizada, más que en la construcción de la misma, permitiendo la pérdida del sentido y profundidad de las cosas. Así el maestro Fernando Cruz Kronfly, heredero de la rica literatura colombiana del siglo XX, insiste en esa hondura de la realidad, en la fidelidad de la mímesis, en la narración pura hecha a pulso y con calidad, ya que a decir de Sven Birkerts:  «Donde el tiempo ha sido transformado en mercancía, concertado aún en una mera cosa medible, se pierde la posibilidad de que cualquier fragmento de información pueda desplegar su significado potencial»

Un pensamiento que está en consonancia con la crisis editorial anunciada por Fernando Cruz Kronfly, aunque la salvedad sea, según Kronfly, regresar a las formas de la vieja tradición literaria que incorpore pensamientos e ideas a las construcciones ficcionales consolidando un corpus narrativo de calidad para la posteridad. Así entonces, «La obra del sueño» (1984), se presenta como un retrato de salvación de la violencia en Colombia, y el sujeto que ha perdido la memoria; «La ceniza del Libertador» (1987) es la ensoñación de una utopía política posible en América y la idealización de un lugar para los desterrados; y «La caravana de Gardel» (1998) sería la preferencia por los ídolos muertos sobre los que se funda toda democracia y pseudo-cultura.

O en palabras de Jhon Walter Torres: «La literatura de Cruz Kronfly es ontológica porque explora la dimensión humana. Su lenguaje esmerado y cuidadoso, nos lleva a pensar que es uno de los autores contemporáneos que escapan a la literatura de siliconas y culos artificiales.»

Así entonces no es algo romántico, pero la presencia del ensayo en la novela o en otras formas narrativas, es el ideal para superar la crisis del sujeto. Esa crisis que reafirma la soledad, el alejamiento del presente,  visibiliza el sujeto que no tiene lugar fijo, y cuyo destino es la muerte universal, diferente al final ideado por los héroes clásicos de la literatura. Posiblemente, esto, según el maestro vallecaucano, sea lo que salve del extravío a la novela, a las editoriales, a los lectores, y por supuesto, a los libros modernos, o como diría finalmente Jhon Walter Torres, «Quizá entonces en Fernando Cruz Kronfly renazca esa literatura que logra ir más allá de las historias televisivas y del marketing.»

Salud.


Charla con John Walter Torres


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