Ustedes son los salvadores

«El país político tiene rutas distintas a las del país nacional. Tremendo drama en la historia de un pueblo»
Jorge Eliecer Gaitán


Predecir qué va a suceder en Colombia es difícil. Exigir cambios a un gobierno intransigente, lo es aún más. Pero es razonable pensar y apoyar a una gran cantidad de jóvenes, que, sin conocer de política, apuestan por un mejor país, o por un país moderado, equilibrado, justo, que no endurezca la vida en el presente, ni enturbie el futuro proyectado. Y cuando digo que no «saben de política» me refiero a que no hacen parte de las maquinarias de partido, colores o banderas, o no están manchados de ideología politiquera, demagógica e interesada. Aclaro esto, porque en esencia, todos y cada uno de nosotros somos políticos en la medida que somos ciudadanos, ya que la democracia tiene que ver con gente, y los jóvenes que marchan por las calles de Colombia, somos esa gente.

Así que no se trata de una generación de cristal, los ninis, o la generación Z, como han querido etiquetar a los que sueñan, y tienen otro estilo de vida diferente a las generaciones pasadas, sino que tiene que ver con una clase nueva que está dispuesta a luchar pacíficamente guiados por principios rectores de justicia, equilibrio y representación. Una multitud, o nuevo sujeto político, que entiende que el pasado no se puede cambiar, pero el futuro, ese sí está entre sus manos, y su activismo, hoy más que nunca, obedece a esa bella frase imperativa el periodista Jaime Garzón: «Si ustedes jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselo.  ¡nadie!»

De ahí que esta generación no ceje, que siga en pie, que disfrute la retirada de la Reforma Tributaria, la cancelación laboral del nefasto Alberto Carrasquilla, que desee la renuncia de Iván Duque y la terminación del reinado de terror de las doctrinas del Centro Democrático, con Álvaro Uribe a la cabeza.  Estos jóvenes, sinceramente, no olvidan el pasado, pero tampoco miran hacia atrás con rencor, sino con dolor, pues el grito de auxilio de «que nos están matando», es cierto, aunque no nuevo, ya que viene desde los años 40´s en adelante, cuando todo lo diferente al establecimiento era una amenaza por eliminar: Jorge Eliecer Gaitán, Carlos Pizarro, Luis Carlos Galán, la UP, Jaime Garzón, los falsos positivos, la violencia institucional, los pobres, y otros hechos más que son la tragedia y el destino marcado de todo un país.

Ahora mismo, puedo decir que este es el tiempo de las reivindicaciones democráticas, pero no hay que confundirlo con un ajusticiamiento del pasado y todas las injusticias que ha sufrido el pueblo colombiano. El que los indígenas Misak estén derribando estatuas desde el sur, pasando por el centro y en dirección al norte, obedece a otro tipo de lucha, no muy diferente por la que abogan millones de jóvenes en Colombia. Estos hechos son un mismo sentir, una misma línea, una sola visión que envía el mensaje de derribar los tótems políticos, de cambiar las formas gubernamentales impuestas, de forjar un mejor futuro que beneficie la economía, la salud, la educación, el derecho a transitar por el país, y el anhelo de una clase política fresca que conduzca el país al verdadero progreso humano.

Es cierto que en esta lucha han caído jóvenes abatidos por las balas que ahora son símbolos de resistencia y de paz. En realidad, son cientos, pero todos hemos escuchado de Dylan Cruz, Javier Ordoñez, Julieth Ramírez, Lucas Villa, Santiago Murillo, Anderson Arboleda, Jovita Osorio, y otros más, que, asesinados, siguen hablando en el presente y alentando una marcha pacífica y justa en el país. Sus voces resuenan, y no es posible olvidarlas, pues su causa parece decir a todo eco: «¡no más violencia!», «¡Queremos un país justo, digno, donde la vida sea soportable y el futuro sea alentador!»

Frente a este panorama es justo que el gobierno no confunda y distorsione las cosas, ya que esto no es un problema de vandalismo o de delincuencia común, en realidad tiene que ver con una generación cansada, agobiada, furiosa, descontenta, llena de vitalidad, que está mostrando con su voz y sus cuerpos gastados, el lado sectario del gobierno, los abusos del aparato represor, el vacío de poder, la influencia violenta de Álvaro Uribe Vélez y su doctrina de seguridad nacional, y la verdad de un Estado que usufructúa de aquellos ciudadanos que desconoce, no les importa, y los ignora en sus necesidades más vitales.

Por otro lado, las viles especulaciones de los medios sobre qué está pasando en el país carecen de base profesional y ética a la hora de comunicar. Estas empresas ignoran que sus instrumentos de comunicación no son únicos o monológicos. Hoy los jóvenes están totalmente informados antes de ver las noticias de mediodía, o de releer el hashtag. Y por eso la única misión, el espíritu rector que los alienta a marchar día a día, es buscar unificar un país nacional y así hacer frente a un país político. Ya Jorge Eliecer Gaitán, como un profeta había dicho: «En Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en el poder; y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político.» Sus palabras se conservan vivas hoy más que nunca.

Este fenómeno, esta anomalía, esta división, es la que causa el resquemor en todo Colombia. Es la cruda realidad (y en efecto lo es) de dos colombias distintas; dos tipos de impuestos (uno bajo para los ricos, y uno alto para los pobres); de peajes sobre peajes que imposibilitan el derecho a circular libremente por el país; de un elevado costo de la canasta familiar; de préstamos educativos tipo Icetex y otras entidades que asfixian, si acaso no esclavizan, a los estudiantes que deben pagar una deuda por más de 20 años; el precio inaccesible de las viviendas, y otros cientos de males más, que por el momento no tienen solución gracias a la falta de voluntad y egomanía política.

Es que el pueblo ya despertó y los jóvenes son la salvación como dijo con nobleza Jaime Garzón. Que no vengan a decir que los centennials, la generación de cristal, la Z, o los ninis, no son nadie. Son algo, y son una fuerza abrumadora que, como una ola, o un tsunami, va de frente contra un presidente títere, que sobrepone los intereses de partido, antes que los derechos del pueblo. Alguien dijo con tremendo acierto: «La izquierda se une por las ideas; la derecha por sus intereses». Los jóvenes pueden o no estar en ninguna esquina, pero lo cierto es que hacen parte del futuro y esto lo definen históricamente en una marcha que no cesa, pues con música, teatro, danza, filosofía, literatura, deporte, pitos, o lo que sea, se intenta parar los radios de una maquinaria gubernamental que quiere arrollarlo todo a su paso sin pensar en lo que realmente conviene al pueblo colombiano.

Un comentario sobre “Ustedes son los salvadores

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  1. Me asombra su optimismo. Comparto su visión del ímpetu juvenil y los deseos que hoy les arrastran, pero…, entonces llega el mesías salvador y toman el mando los violentos –pues siempre los más agresivos imponen sus dictados a la juventud–y entonces el camino se convierte en un camino de destrucción sin idea alguna sobre qué construir, y después la represión, y…

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