El CALA-Calabozo de Édison Marulanda Peña

“Maldita sea la ciudad
astilla sucia de infierno
escuela de mala fe
de mafiosos y rateros…
Porque se volvió ciudad
murió mi pueblo pequeño.”

Luis Carlos González
Maldita sea


En 1852, León Tolstói escribió en su libro autobiográfico: Infancia, adolescencia y juventud: «Sentí la necesidad de ser conocido y amado por todos, la necesidad de nombrarme. Todos debían recibir de esta participación una gran impresión y debían agruparse alrededor mío y darme las gracias por algo»  Thomas Mann dice, a propósito, que este pensamiento era una fórmula para el oscuro Yo del autor, sin embargo, más allá de esta percepción, no se trataba de un amor propio, sino de un sueño de gloria del joven Tolstói: el amor a su nombre, el deseo de inmortalidad, el eterno combate por no morir, la superación del sentimiento trágico de la vida.

Un combate que bulle en el alma de los genios, o los que creen tener una misión en la humanidad y sobre lo que John Stuart Mill dijo: «Ambición y deseos de destacar, los tenía en abundancia. Mi sentimiento más fuerte era un ardor apasionado por lo que yo pensaba que era el bien de la humanidad, sentimiento que se mezclaba y daba color a todo lo demás» Un deseo de gloria, y un sentimiento misional que descansaba igualmente en la figura de César Augusto López Arias, o mejor conocido en Pereira como CALA, un polémico abogado que con sus relaciones sociales influía en el poder, el periodismo, la política, la educación, incluso en la filantropía más fina, pues se afirma que fue amigo de los gamines y de los políticos, al igual que de los perros y los comunistas.

CALA, naturalmente, no fue un Tolstói, ni un Thomas Mann, ni siquiera un John Stuart Mill (aunque haya leído a cada autor en su momento), sino que su vida y muerte contienen suficiente tensión como para elaborar un guion de novela negra. Un abundante material humano, que el filósofo, periodista, y profesor del departamento de Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira, Édison Marulanda Peña, recopila para iniciar una investigación rigurosa sobre este personaje, (siniestro para algunos, benefactor para otros), cuyo esfuerzo vio su recompensa en el libro «El cuarto poder soy yo» (2011), publicado irónicamente con el sello de la Universidad Libre de Pereira.

Una arqueología biográfica objetiva, crítica, sin dogmatismo, que recrea la vida, obra y muerte de un hombre nacido en Salento, Quindío, cuyo edificio intelectual, social y mítico lo construyó en Pereira en los años 70. Un CALA sensible, abogado a regañadientes, periodista sin competencia, diplomático envidiado, y un filántropo sin clase, cuya leyenda, asegura, fue un feminicida, precursor de la prensa y la radio en el sur occidente colombiano, rector de la prestigiosa universidad Libre de Pereira, satánico afín a Héctor Escobar Gutiérrez, espía de la CIA, comunista pro-tempore, animalista, amigo de militares, secuestradores, empresarios y mucho más. Actividades, que, según el mito y el misterio, lo consolidaron como un Cagliosto que escaló política y socialmente sin escrúpulos en la sociedad pereirana.

Pero dejando a un lado el misticismo, el biógrafo Édison Marulanda Peña, afirma que tal carrera y capacidad espiritual fue el producto de combinar las habilidades de tres personajes históricos: Maquiavelo, Rasputín y Fouché.  Maquiavelo, porque CALA no solo leía sino que releía El Príncipe, esa obra que funda la política como técnica gracias a esa frase: «El fin justifica los medios»; Rasputín, por la virtud de conocer la naturaleza humana, con la que lograba seducir mujeres, manejar políticos, y ganarse el afecto de los indigentes; y Fouché, (por demás, discípulo de Maquiavelo) por las características del trabajo duro, obsesivo,  el talento para ejercer influencia y ser temido, lograr fama, fortuna y posición social.

Una comparación sin parangón y un trabajo biográfico consistente, que incluso llevó al cronista Alberto Donadío, a decir: «Al examinar biográficamente la trayectoria de un periodista que fue muy reconocido en Risaralda y fuera de su departamento Édison Marulanda ha escogido además una aproximación concreta, pragmática, a la historia, exenta de teorizaciones, adentrándose en la tarea de rescatar con documentos, testimonios y datos, a un personaje para así iluminar un periodo»

Un prólogo acertado, pero también un elogio, porque Édison Marulanda Peña es uno de esos biógrafos de viejo cuño, que busca con paciencia los detalles, los giros, el hecho en sí, ya que en ellos encuentra la riqueza y el interés que suscita un personaje específico en la historia. De ahí entonces el grueso de sus trabajos como la investigación canónica sobre «El cardenal Castrillón. Entre la fe y el poder» (Bogotá: Editorial Nueva América, 1999); la vida de la politóloga y escritora «Silvia Galvis, representante de la libertad de pensamiento» (Medellín: Sílaba Editores, 2010); el ya citado «El cuarto poder soy yo»(Pereira: Universidad Libre. Cátedra Pereira.2011); y «Más que Juan Mosca. Fernando Garavito, escritor y hereje» (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. 2016) que versa sobra la prolífica carrera del hereje, y famoso columnista del periódico El Espectador.

En esta línea es que se resalta a un Édison Marulanda Peña como ensayista de calidad, cuyas obras, sin duda, se emparentan a los trabajos de Alberto Donadío, Germán Castro Caicedo, José Alejandro Castaño, Germán Santamaría, entre otros. Y no es un despropósito, ya que la biografía sobre CALA, suscita pasiones, relecturas, inquietudes, que desembocan en la pérdida del misterio del hombre que se convirtió en mito y leyenda en la ciudad, gracias a frases como «En Pereira mando yo», «El cuarto poder soy yo» y hasta «La gramática soy yo», que convirtieron un personaje público en un medio para diversos fines en la ciudad.

Y por diversos fines, me refiero a que los políticos buscaban a CALA para gestiones electorales; los indigentes y los pobres lo hacían su abogado; los periodistas, la fuente oficial de las noticias; los medios, el filón de la publicidad; y las mujeres lo presagiaban como el don Juan, el dandi, o el eterno enamorado. Con todo, el hombre que como Tolstói y John Stuart Mill, buscaba la inmortalidad entre sus obras, expresó su amor a Pereira y Colombia en sus libros: «La colonia de Araracuara: un antro de perdición» (1966); «La industrialización: Porvenir de Risaralda» (1967); «La cárcel colombiana: escuela del crimen» (1972); «Inversión extranjera: un robo a Colombia» (1973); «Petróleo colombiano, asalto extranjero» (1973); «Empresas Multinacionales» (1977) y finalmente «Mi visita a Cuba» (1978).

Tres partes estructuran el libro «El cuarto poder soy yo»: la biografía, los testimonios de amigos o conocidos del biografiado, y algunos escritos de CALA, donde reporta hechos como la entrevista al escultor Rodrigo Arenas Betancourt; la primera misa negra presidida por Héctor Escobar Gutiérrez; la reunión masónica con el Salvador Allende; el Nadaísmo; y otras efemérides de su tiempo.

Finalmente, el martes 13 de marzo de 1979, según Édison Marulanda Peña, CALA salía de su oficina de la carrera 7 con calle 40, luego de dar una clase de Derecho Constitucional Colombiano y mientras se disponía a abordar un taxi, dos jóvenes morenos le dispararon por la espalda, igual que a Rasputín, cuatro veces ocasionándole la muerte. Una anemia aguda, un pulmón perforado, el tórax destrozado, cerrarían el círculo de una vida, que hasta el día de hoy conserva ese sabor de polémica, pues incluso su asesinato se le ha atribuido a un grupo de secuestradores resentidos, a los militares avivatos que denunció, a los políticos que lo envidiaban, a los masones que traicionó, y a los esposos celosos de cuyas mujeres fue amante.

A los 42 años se apagó una luz llena de claroscuros, soltero, sin hijos, con media fortuna labrada, amado por tres masones, tres marxistas y dos perros, quienes, aparentemente, fueron los únicos que lo querían. Lo demás es misterio, soledad, olvido, pues nadie menciona hoy su nombre, y los recuerdos hacia él siempre están manchados por su parecido a Rasputín, Maquiavelo y Fouché. Final oscuro que recuerda esa frase de Francesco Guicciardini: «La mayoría de los crímenes cometidos en las ciudades por los hombres poderosos surgen de la sospecha.» En este espíritu vivió, murió y quedo relegado a la sombra de la historia César Augusto López Arias, o mejor conocido como CALA.


Maldita sea. Luis Carlos González

3 comentarios sobre “El CALA-Calabozo de Édison Marulanda Peña

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  1. Ahí esta claro el Edison Marulanda desde su grandiosa humildad y el gran Cesar Augusto López, mi gran defensor a ultranza cuando querían aplastarme por promover la creación de Risaralda en los pueblos de occidente. Lo seguí en su tribuna de periodista escritor y en el noticiero, tengo la sensación de que ayudó promover la creación de la Universidad Libre para tener donde graduarse y un lugar para la educación de dirigentes con las becas parlamentarias. Podía escuchar a cuatro personas al mismo tiempo mientras revisaba sus papeles, Siga les decía, estoy escuchando y afianzaba esa atención con preguntas. Le esperaban y llamaba a quien resolviera los asuntos y ahí gran parte de su poder.

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