El fallo de una novela en Pereira que desató una pelea entre Silvio Girón Gaviria y Germán López Velásquez

«¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?«
Santiago Ramón y Cajal


Corría el año de 1989 y en la capital de Risaralda, el Concejo Municipal anunciaba la apertura del tan esperado «Concurso de Novela Aniversario Ciudad de Pereira.» Como es lógico, inspirados por el premio y confiando en sus talentos, cientos de escritores locales enviaron sus novelas, entre ellos, el periodista pereirano Silvio Girón Gaviria, que participó con el trabajo titulado «El largo viaje de los que nunca regresaron» firmado como «Pilarica» y «Rosa Negra».

Dos pseudónimos femeninos, que según el comunicador, obedecían a la desconfianza que este sentía por Germán López Velásquez, fundador de la revista Mefisto, y que en ese entonces hacía parte del jurado junto a Jorge Consuegra y Néstor Gustavo Díaz, y así evitar ser censurado o rechazado como un acto de venganza por unas rencillas registradas en un concurso literario en Florencia, Caquetá donde ambos participaron.

La razón de esta suspicacia tenía cola, tal como lo expone Silvio en su columna quincenal en el diario La Tarde de Pereira, además de acusar a Germán de no ser fiel ni justo con el fallo del certamen, prefiriendo a un foráneo antes que a un escritor local. Juicio que daría pie a una diatriba que duraría un buen tiempo, involucrando no solo el periódico La Tarde, sino también al Concejo Municipal de Pereira y una posibilidad de demanda por malversación de fondos.

Alegato o alegatos recurrentes dentro de los concursos, ya que un solo ganador envía un mensaje a los demás. Sin embargo, este birlibirloque no detendría la premiación de la obra «La trampa del tigre» (1990) del manizaleño Bonel Patiño Noreña, que originalmente se titulaba «Cuando tallan los recuerdos», novela que hacía parte de una trilogía llamada «Confesiones de medianoche.»

Lo que sigue es la acusación desenfrenada de no preferir los autores locales, de perder el enfoque del jurado (eligieron en vez de novela una crónica), y un desencanto con el lobby que Germán López Velásquez hacía recurrentemente, sin descartar que este fue hijo de su época y en ese entonces el concurso estaba ligado (por mediación financiera) al Concejo Municipal de Pereira, es decir, a la cosa política.  

Así las cosas, reproduzco literalmente las columnas de los años 90 del diario La Tarde, que fueron el motivo de la discordia entre ambos gestores culturales, cuyo encontrón pasó de las ideas y argumentos, a los ataques personales, buscando una especie de justicia, en lo que Silvio Consideraba, un fallo vulgar y rastrero.

Adelante.

Foto: Silvio Girón subiendo La Popa en bicicleta. Fuente: Periódico La Tarde.

Martes 4 de septiembre de 1990. Diario La Tarde. Pereira

Un fallo vulgar y rastrero
Por: Silvio Girón Gaviria

Cuando este servidor entregó en el Concejo Municipal los originales de su obra para la participación en el «Concurso de Novela Aniversario Ciudad de Pereira» dijo a la secretaria Inés, que no le gustaba ni cinco el señor Germán López Velásquez, del cual conocía inelegantes y antiéticas actuaciones con anterioridad.

Hagamos un poco de historia.

Hace unos tres años participé como jurado en el ʺConcurso de Cuento Latinoamericano Ciudad Florenciaʺ, organizado por el periódico «Florencia al día» y por la revista Mefisto que dirigían Germán y un hermano suyo, cuyo nombre no recuerdo o no quiero recordar en estos momentos.  Una de las sorpresas que me llevé después del concurso fue ver cómo Germán apersonado de su papel de improvisado crítico, arremetía brutalmente contar dos de los jurados, en este caso el reconocido y respetado ensayista Isaías Peña Gutiérrez y un catedrático de la Universidad de Florencia, cuyo nombre tampoco recuerdo.

Germán los acusó temerariamente de no haber leído los cuentos y haberle otorgado tramposamente el premio a uno de los participantes, que, según él, era paisano o gran amigo de uno de los dos. Fortunosamente a mí me eximió de esta catilinaria, reconociendo este Zoilo pereirano que yo sí había leído los cuentos. El premio se pagó porque lo había donado el municipio de Florencia, Caquetá, pero los honorarios prometidos nunca llegaron a las manos de los jurados, acaso porque se quedaron en otras manos.

Es de anotar que la segunda edición de este concurso la ganó el escritor pamplonés Triunfo Arciniegas, quien, en carta enviada a los suplementos literarios del país, se quejaba de que se le había hecho conejo con los dineros del premio por parte de los organizadores.

Por ello no me extraño el vulgar y rastrero fallo dado a conocer por los jurados el pasado jueves en pleno recinto de Consejo Municipal. Esto tiene el sello inconfundible de Germán López Velásquez. Presintiendo algo por el estilo fue que, sensatamente, me abstuve de asistir para recibir el pergamino que se me iba a otorgar, pues realmente, lo unió que siempre me ha interesado de los concursos literarios que se realizan en el país, es el dinero que sirve para sacar de afugias unos escritores y periodistas, que casi siempre nos mantenemos con hambre.

Tampoco le he dado importancia a los conceptos del señor López Velásquez, sobre mi novela, pues al parecer de lo único que trata es de vengar viejas heridas causadas por este servidor a su profunda e inmotivada megalomanía. Desde hace mucho conozco la incapacidad literaria y periodística de este señor, que en «El Diario del Otún» logró récord de solo duró un día, porque según cuentas, desconocía las técnicas más elementales del oficio.

Él, al parecer, solo sabe confeccionar densos y kilométricos artículos seudo-literarios, para desfogar su odio mezquino y enfermizo contra todo el que tenga en su haber una obra honesta y valedera. El señor Velásquez debutó como cuentista con un librito llamado «Violaciones» que le editó su primo el de la APER, y el cual nosotros registramos en «La Patria» cuando allí dirigíamos las páginas de Risaralda.

Pero la crítica local y nacional no le concedió la más mínima importancia, lo cual posiblemente exacerbó unos resentimientos que se manifiestan en actitudes delirantes, encaminadas casi exclusivamente a llamar la atención.

Germán se considera un crítico tan implacable que ni siquiera perdonó a Cervantes. A este le dedicó un presunto ensayo llamado si no estoy mal «Abajo el Quijote», con el cual se dedicó a emular y superar mediante torpes actitudes iconoclastas, lo que realizan con mayor fortuna, inteligencia y originalidad, los nadaístas de hace cuarenta años.

De todos modos, si tanto el señor López Velásquez, como Jorge Consuegra y Néstor Gustavo Díaz consideraron que las obras que ellos mismos galardonaron no valían la pena, entonces cometieron un delito de malversación de los dineros públicos por lo cual podrían u deberían ser llamados a juicio, pues tenían la obligación y la honestidad de declarar desierto el concurso.

Además, este jurado al que se le pagó para que actuara responsable y equitativamente, con su fallo vulgar y rastrero irrespetó gravemente al Consejo Municipal, a los pereiranos y a los escritores participantes en un certamen, al que con su actitud irresponsable le causaron un irreparable y maltrecho daño, digno del más enérgico de los repudios. Volveremos sobre un tema que da para largo.


Sábado 08 de septiembre de 1990. Diario La Tarde. Sección Pido la palabra. Pereira.

Carta a Silvio Girón Gaviria
Por: Mónica Roa Rojas

Respetado señor:

Estuve leyendo con suma dedicación la columna que usted escribiera y publicara el pasado 4 del presente mes, en donde usted se manda lanza en ristre no solo en contra de Germán López Velásquez, sino contra Jorge Consuegra, y Néstor Gustavo Díaz.

No sé si usted tiene conocimientos de quiénes son los dos últimos señores mencionados.

Si no es así, básteme comunicarle que el primero de ellos es periodista y escritor cuya hoja de vida es absolutamente transparente y limpia, no como usted pretende deshonrarla con si diatriba periodística. Fue catedrático a lo largo de 20 semestres en las más importantes facultares de Periodismo de la capital del país; formó un número incalculable de redactores que han sido galardonados no solo en Colombia con los Premios del CPB y Simón Bolívar, sino con laureles como los que otorgan los periodistas italianos a los mejores redactores foráneos radicados en la península; uno de ellos, fue laureado en Bruselas y su tesis de posgrado recibió el mejor de los honores.

Como escritor ha obtenido infinidad de menciones en concursos de novela y cuento a nivel nacional e internacional.  Y como periodista, columnista y crítico literario se ha destacado ampliamente obteniendo Mención Especial en 1988.

Por eso me extraña, señor Girón, que usted demerite la labor de quien ha sido profesional sin tacha y considere que el fallo que él firmara en el Concurso de Novela Aniversario Ciudad de Pereira, lo considere vulgar y rastrero.

Y si así fuere, yo como periodista que fui de La Tarde, considero un verdadero irrespeto que usted utilice este diario y estas páginas, para desbordarse en improperios y groserías.  Para mí el periodismo debe cumplir otra función y es, fundamentalmente, ¡El de informar y respetar el criterio de los demás! Y si usted tiene una crítica para hacer, la debe formular con el mejor de los argumentos, sin faltar a la ética, así su piel y su alma estén heridas en su amor propio.

Lo que sí tengo muy claro, es que seguramente usted envió un original a participar en el mencionado concurso y la novela no fue premiada. Y eso le ha dolido a usted tanto que resolvió escribir esa venenosa columna. Los caballeros deben saber escribir, criticar, pero con mesura e inteligencia, sin dejarse llevar de la envidia y el egoísmo y quizás de la amargura como usted lo demuestra en su demoledora y ácida columna.

Jamás había escrito yo una carta pública como la presente y como mujer no me puedo imaginar cómo se siente y cómo lo recibirá. Pero se me hace absolutamente innoble que usted utilice un medio de comunicación para defender con palabras procaces su obra y atacar a quienes ni siquiera usted conoce como son los señores Consuegra y Díaz.

Y ni siquiera es aceptable que usted utilice esta tribuna para zaherir con el peor de los lenguajes a quien usted considera su enemigo.

Para terminar, básteme recordarle una frase de uno de los más grandes escritores norteamericanos de los últimos años: «Los periodistas son como una plaga, no tiene el mejor sentido del honor ni de la decencia y no saben lo que es comportarte con ética.»

Con personas como usted, el periodismo continuará ocupando dentro del grupo de profesionales en el país, el último lugar, en cuanto a ética y respeto se refiere.


Martes 11 de septiembre de 1990. Periódico La Tarde. Sección: Comentarios. Pereira.

Las mezquinas venganzas de Don Germán.
Por: Silvio Girón Gaviria

Algunos escritores amigos participantes en el pasado Concurso de Novela, irreparablemente afectado por la actitud mezquina del jurado escogido quien sabe por quién en el Concejo Municipal, nos han parado en la calle para preguntarnos por qué hemos dicho que don Germán López trató de tomar venganza contra Silvio Girón, si las obras que se presentan deben ir con seudónimo y consecuentemente, los jurados deben ignorarlas hasta que se produzca el respectivo fallo.  Evidentemente ello es así.

Incluso nosotros, que en pasado concurso quedamos de terceros con nuestra novela «El largo viaje de los que nunca regresaron» en este caso y tenido en cuenta la infinita desconfianza que nos inspiraba don Germán, decidimos disfrazarnos aún más. Como este en su revista Mefisto nos había publicado dos cuentos y había hecho referencia a que trabajábamos en una novela llamada tentativamente «Espantapájaros» decidimos cambiarle el título para despistarlo.  

El pseudónimo lo firmamos como «Pilarica» y «Rosa Negra» con la esperanza de que el jurado creyera que se trataba de dos mujeres. Tampoco enviamos el sobre que identificara a los autores, a fin de ahondar un anonimato que solo revelaríamos si resultábamos ganadores.  Pues bien, don Germán López identificó de alguna manera la novela, pues no creemos que en la secretaría del Concejo -que tampoco la tenía- se hubiera dado esta información antes del fallo.  

Y para satisfacer su mezquina venganza urdió la premiación entregando el primer lugar a una obra que, según él, no era novela sino un trabajo histórico bien escrito. No se declaró desierto el concurso como habría sido lo lógico, pues de hacerlo no habría podido calificar de mediocre, o estúpida o cansona nuestra novela y de esa manera no habría podido vengarse como era su intención.

Al darnos el tercer lugar cargó con acerbía contra ella, suponiendo ingenuamente que nos iba a afectar gravemente, en lo cual se equivocó lamentablemente, pues en realidad a quien afectó profundamente fue a sí mismo.

Ahora me voy a permitir enumerar los agravios que le he causado al señor López Velásquez, y que él pretendió vengar con su inaudito fallo: Indudablemente, el primero fue en Florencia donde él se presentó en estado de embriaguez con su primo e irrumpió a los sitios donde se reunía el jurado, para hacer chistes chabacanos que causaron pésima impresión. Tuvimos que pararlos en seco cuando pretendieron propasarse con este servidor mediante bromitas pesadas que carecían de agudeza o ingenio y lo único que pretendía era ponernos en ridículo ante los demás, cosas que jamás se lo hemos permitido a nadie.

La segunda ofensa que le causamos a este dúo dinámico fue cuando organizaron un concurso de sonetos que ganó Héctor Escobar Gutiérrez y el cual ellos intentaron no pagar -claro que la suma no salió de su bolsillo sino de una institución- aduciendo que no eran sonetos para lo cual acudieron hasta donde Manuel Drézner el de las preguntas y respuestas de El Espectador, quien les demostró su ignorancia y sandez, en cuestiones poéticas.

Incluso Héctor Escobar en carta pública acusó al primo de don Germán de haberle exigido diez mil pesos para poderle entregar los cien mil pesos del premio, cosa que al final tuvieron que hacer muy a regañadientes, en las instalaciones de Fomento al Turismo.

La tercera ofensa se produjo cuando los primitos organizaron un encuentro de escritores paisas que no quisimos ameritar con nuestra presencia, pues considerábamos y así lo manifestamos públicamente, que se estaba discriminando a importantes poeta y cuentistas como Julián Serna, Eduardo López y hasta Héctor, quien se hizo presente sin que se le cursara la invitación.

De manera que, con esos antecedentes y lo que pasó en el concurso de novela, no resulta difícil colegir que el señor López Velásquez lo que pretendió fue un desquite que no logró sus objetivos, pues a la manera de Miguel Hernández, somos hechos para las tormentas y los desastres y como el toro nos crecemos con el castigo.

El Concejo Municipal sí debe ordenar una investigación sobre lo que ocurrió en un concurso herido de muerte por un jurado irresponsable y mediocre, que, a la luz de su inconcebible gallo, perfectamente puede ser acusado de peculado pues manejaron dudosamente los dineros del contribuyente que se les entregó para que premiaran obras de calidad y no para que hicieran obra de caridad con ellos.


Viernes 21 de septiembre de 1990. Diario La Tarde. Sección: Comentarios. Pereira.

Más sobre el fallo de novela
Por: Silvio Girón Gaviria

Teníamos la firme intención de no volver a tocar el controvertido fallo de novela del concurso editado por el Concejo Municipal de esta ciudad, el cual, por sus características, se presta para que nunca se lo gane un pereirano o un risaraldense. El hecho de que haya dos jurados de otra parte, influye de alguna manera para que estos inclinen la balanza en favor de un amigo, allegado o acudiente como se ha visto en más de una ocasión, y sin que eso quiera decir que lo mismo ocurrió o ha ocurrido en esta capital.

Pero como en este periódico, se declaran entusiasmados con dicho fallo, que según afirman, «puso al desnudo la irresponsabilidad y los deseos efímeros de triunfo», (suponemos que de los pobres participantes) entonces vamos a mirarlos con mayor detenimiento.

Dice ese inconcebible fallo: «Ninguna de las novelas se ajustó a la estructura lineal, ni mostró reales esfuerzos creativos. Decidió el jurado conceder el primero lugar a ʺLa trampa del tigreʺ por su interés histórico, en lo cual encontró seriedad investigativa, pues más que una novela en su concepción preceptiva, es una crónica histórica bien escrita.»

Si nosotros no somos unos atembados creemos que nadie lo autorizó a premiar una crónica histórica bien escrita como lo afirman paladinamente, sino novelas. Más adelante agregan paternalistamente: «El autor puede mejorar comprendiendo que una de las finalidades del Concurso es estimular la creación nacional.»

¿Cómo así? Quienes participamos creíamos ingenuamente que el concurso se estatuyó para premiar novelas de calidad y no crónicas incipientes de interés histórico, pues para eso están los concursos de periodismo. Si nos atenemos a que el autor puede mejorar, entonces no vacilaron en utilizar los dineros de los contribuyentes con una bondad que contrasta con el rigor para los otros dos mencionados, entre los cuales se encuentra este modesto e ignorado autor.

Pero si una de las finalidades del concurso «es estimular la creación nacional», no se entiende en absoluto el trato despectivo, con los demás participantes cuando afirman soberbia y omniscientemente: «Es evidente que la mayoría de la Novelas denotan un desconocimiento del español y la literatura. La pobreza del lenguaje, el olvido gramatical y el desarraigo histórico, hacen pensar en un buen número de participantes preocupados más por el premio que por el crecimiento literario.»

Aquí cabría decirles que cuando uno participa en un concurso como cuando compra una lotería lo que le interesa es ganarse los dineros del premio. No creemos que eso sea condenable o criticable, si nos atenemos a la situación de penuria económica a que nos vemos abocados el 80 por ciento de los escritores colombianos.

Más adelante y como si se consideraran los dueños absolutos del arte literario, arrasan con los profesores de Español y Literatura de la ciudad: «Da la sensación que los profesores de español y literatura no están cumpliendo su papel. De que los escritores poco o nada leen. En síntesis, la mediocridad está haciendo su protagonismo con todos sus aditamentos.»

Pero donde este extragaláctico trío parece meter los remos en toda su profundidad es cuando manifiestan, casi al borde del vértigo y el delirio: «La evasión histórica es otra permanente en los materiales analizados. Pareciera que el escritor no tuviera ningún papel en el devenir histórico y prefiriera temas que poco aluden a nuestro mundo indoafroamericano.» Lo sorprendente en personas tan superdotadas como las que nos ocupan, es que cayeran en el mismo error de Cristóbal Colón quien se creyó desembarcado en las Indias y por eso nos bautizó como tales.

Pero si ese error era admisible en el almirante hace quinientos años, resulta inadmisible a fines del Siglo XX, pues hasta un niño de primaria sabe que nada en absoluto tenemos que ver con la India, por lo cual sería bueno que quienes tanto critican revisen sus conocimientos históricos, para que actúen consecuentemente cuando los vuelvan a invitar a un certamen similar.

Para no alargarnos más de lo debido, estamos de acuerdo con el editorialista de La Tarde cuando afirma que el jurado puso el dedo en la llaga…Pero de un concurso que no tiene razón de ser y debe ser convertido en departamental, para que al menos seamos los escritores de aquí quienes nos beneficiemos con los premios. Ya se sabe que en el momento actual carecemos de una infraestructura cultural suficiente que nos garantice un airoso papel en los concursos nacionales, que no los hacen en departamentos como el Tolima, donde poseen una pléyade de escritores magníficos porque no condenan al ostracismo ni persiguen a muerte a quienes se meten a hacer literatura y arte, para que jurados como Germán, Jorge y Néstor le digan al país que en Pereira literariamente no hemos sido capaces de superar el invencible analfabetismo cultural que nos agobia.

Si quieren volvemos sobre el tema.


Viernes 28 de septiembre de 1990. Periódico La Tarde. Sección: Pido la palabra. Pereira.

Señores Mesa Directiva
Honorable Concejo de Pereira

E.S.D

Honorables Concejales:

Desde la creación del Concurso Nacional de Novela «Aniversario Ciudad de Pereira» convocado por esa corporación edilicia, dicho certamen ha tenido un encarnizado enemigo en la persona del señor Silvio Girón Gaviria, quien ha pretendido que el concurso sea departamental, pues, su megalomanía lo lleva a considerar que en el departamento no tiene contendor. Pero esa megalomanía en el marco regional se contradice con su notorio complejo de inferioridad frente al resto de los novelistas nacionales.

No es la primera vez en que el señor de marras, arma tremenda algarabía por no ser seleccionado como ganador del citado concurso. En esta última ocasión, las emprende en contra de los prestantes miembros del jurado, en especial, contra el escritor y abogado Germán López Velásquez al que acusa de mezquindad y de incurrir en el delito de peculado desconociendo que tal acto es solo propio de los empleados públicos.

Sus ataques en la prensa local sí que son dignos de ser considerados como mezquinos y con ellos ha demostrado que como periodista llega a la bajeza total, y como escritor, carece de altivez, decoro y personalidad.  Además, denota un tremendo delirio de persecución acompañado de senectud precoz.

Esta organización desea que el Concurso Nacional de Novela no vaya a ser suspendido debido a las rabietas del señor Girón, y mejor, se tomen en serio las sugerencias y la crítica constructiva que se les han hecho, evitando con ellos las insulsas salidas del procaz perdedor.

Sea la oportunidad para hacer reconocimiento al Concejo de Pereira, como la única corporación de su género en Colombia, que lleva a cabo un concurso nacional literario.

Antonio López II y Vélez.
Presidente

Isabel Cristina Quintana
Tesorera

Teresita González Mesa
Secretaria

Samir Sánchez
Fiscal


*Foto portada: Portal periodístico La Cola de Rata. Pereira.

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