Cómo hacer crítica literaria en Risaralda sin morir en el intento

“No hay que entenderlo todo, pero no viene mal un ensayo”
Rudyard Kipling


Primero, lo primero de todo, es que el crítico literario debe adoptar la postura clásica de los intelectuales y creadores: aislarse. Aprender a convivir consigo mismo no es fácil, pero ayuda a conocer las ideas propias, además de cultivar con paciencia las letras de manera independiente sin ninguna interferencia de libros, autores, teorías, movimientos, o modas culturales.  Para un creador o crítico literario no existe un público a quien halagar o hacer enojar, existe su propio y suficiente mundo. Soledad no es tristeza igual que conocimiento no es sabiduría.

Una vez hecho esto, es necesario equiparse con las herramientas teóricas necesarias para ejercer las labores de crítico juicioso. Y con esto me refiero a explorar la ciencia literaria en todos sus enfoques: historia de la literatura, teoría crítica, crítica textual, literatura comparada y demás. Sin estas disciplinas no será posible realizar un análisis serio, compacto, que sea de acceso a lo académico, y que también sea aceptado por el público. La argumentación crítica per se debe demostrar la posición, la hondura, la creatividad de la propuesta literaria mediadora, de otra manera, podrá ser fácilmente reducida o no despertará el suficiente interés en el lector.

Posteriormente, aunque en verdad debería ser lo primero, hay que leer de cabo a rabo, desde la primera hoja hasta la última, el libro o los libros que ha seleccionado de manera voluntaria o que hayan despertado un estímulo genuino. Es difícil escribir de algo que no se conoce a totalidad. Por eso es vital leer a conciencia sea en formato físico, o digital, o el que sea, y según la capacidad de concentración, además, claro, de esforzarse en conocer la mayoría de los escritores vivos o muertos que pertenecen a Risaralda.

«Nuestras letras son jóvenes, pero de ninguna manera provincianas.»
Eduardo López Jaramillo.

De los vivos, algunos autores no son de esta región, pero sus obras, sin duda, por ser emitidas en nuestra latitud, merecerán respeto y atención; otros han nacido en el departamento, y son raizales, o han migrado por diversas razones; y otros más han renunciado a su regionalismo y se declaran cosmopolitas en materia literaria. Tanto a los unos, como a los otros, se debe honra, altura, y acercamiento auténtico hacia sus vidas y obras con el debido ojo y aparato crítico. Si hay un concepto de pereiranidad o si todos somos risaraldenses, es algo de segundo orden, Aquí nadie es forastero… Dijo alguna vez el sabio Luciano García Gómez.

De igual forma es importante conocer las editoriales y librerías presentes en el departamento, y estar al tanto de lo nuevo que emite el mercado, emerge de la academia, o lo que se distribuye de mano en mano en los cafetines o centros culturales de los catorce municipios. Una señal de que estamos ante un buen crítico literario es que conoce todos estos procesos, compila innumerables datos para sistematizarlos, y no pierde el norte o el contacto con el libro, el cual es el objeto rem in re, de su reflexión final. Así que es aconsejable leer, releer, estudiar, analizar, desglosar y posteriormente anotar las impresiones, los estímulos que surgen de sus lecturas o exploraciones, que primero son para el crítico mismo y luego, mucho más tarde, para el público en general.

Si Risaralda con todos sus municipios está o no preparada para recibir o rechazar esta disciplina, o ejercicio crítico, es algo irrelevante para el crítico literario, pues este oficio puede llamarse «Introducción a la literatura», y su relación directa o su engagement es con los libros, y su misión es visibilizar los autores regionales, sus creaciones, la influencia y la importancia para un posible y futuro canon literario. Escribir una reseña crítica en tono negativo no es aconsejable, por cuanto, este nivel de argumentación es más propio de la academia, la filología y los procesos semánticos que necesitan ser deconstruidos para revisar la consistencia de una obra en sí. No es una buena competencia y no es de nuestro interés acá.

«Todos esos recortes de periódicos los pego en las paredes de mi cuarto. Y entonces me pongo a leer, a revivir la historia».
Albalucía Ángel

No puede haber ironía más absurda que el crítico sea afectado por la crítica. Si alguien se enrola en este oficio debe saber los pros y los contras; conocer las fortalezas y las debilidades literarias de sí mismo y del medio en el que incursiona; además de avanzar sí o sí con su compañera más fiel, la soledad, esa que siempre aconseja seguir los dictados de la razón literaria y que enseña a rehuir de la pluralidad de voces. In solis sis tibi turba locis (sé un mundo para ti mismo en solitarios lugares) es un consejo del poeta Tibulo.

En el camino del reconocimiento de una obra, el crítico literario se encontrará con distorsiones argumentales, o mejor, confusiones terminológicas, a saber, que crítica en sentido humano, es lo mismo que crítica en sentido artístico. De esta aporía es que surgen ataques bajos de diversa índole, sin embargo, si el crítico tiene un objetivo (y en efecto tiene varios), este debe ser, el dar a conocer al derecho y al revés, evaluar, significar la obra, objeto de sus reflexiones.

Una mala crítica no desarma una buena obra, y una buena crítica no construye una obra mala. El autor, antes de imprimir, si tiene sentido común, sabrá el efecto que causará su libro entre el público, la academia, y los críticos literarios, quienes no son, en ninguna forma, una clase aparte privilegiada o canonizada, sino meros lectores que, de lo visto y oído, regresan con los ojos llorosos y los tímpanos perforados.

«Cuando la ciudad me sobreviva para olvidarse de mi nombre; la llamaré desde el fondo de la tierra con mi voz de raíces.»
Luis Fernando Mejía

Es recomendable que el candidato a crítico literario, rehuya de las opiniones ajenas. No es una cuestión clasista, antes bien, se trata de tener un gusto personal, impresiones individuales, y saber establecer la frontera entre el oído y el ojo, entre la visión y la vibración.  Una crítica nunca surge de otra crítica.  Si el creador no dice algo más de la obra, a parte de lo obvio, tiene los rieles mal puestos en el tren de un ejercicio que no posee escuela. Hay que considerar que el libro elegido no se basta a sí mismo, y que es preciso añadir algo más, sea este El Zar el gran capo, o Las Mil y una Noches.

Así entonces, como hacer crítica literaria es algo relativamente nuevo en el departamento, no así en el mundo literario, es lógico que intentarán matar, simbólica o textualmente el nombre involucrado, pero madera fina que arde en el fuego se convierte en carbón, y con más ardor alcanza el grado de diamante. Por lo tanto, ánimo. Lo novedoso, de buenas a primera, nunca causa aceptación, sin embargo, un acercamiento genuino hacia las obras, los autores, los estilos, la atmósfera literaria, producirá diferentes impresiones, ya que los libros son creados para la industria, los lectores y los críticos. Quien diga lo contrario, o tiene sus textos guardados en cuadernos ajados, carpetas de cartón, o en memorias USB.

Finalmente, si una persona no tiene madera para hacer crítica literaria, es aconsejable que se haga a un lado, de otra forma, podrá malograr un talento que aún no descubre, y que puede funcionar mejor en una área humanística, científica o técnica. De manera que, si una persona lee y no escribe, será un buen lector; si lee y escribe podrá ser un ensayista; si lee, escribe y hace crítica bien argumentada, con altura, valoración y coherencia, es un crítico literario; si no lee, no escribe, no hace crítica, es simplemente un ciudadano de bien, y créame, es lo mejor.

Un comentario sobre “Cómo hacer crítica literaria en Risaralda sin morir en el intento

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  1. Comentario de Alexander Granada Restrepo (enviado vía correo electrónico)

    Para no morir en el intento, creo, que deben ocurrir de modo permanente por lo menos tres cosas:

    1-No dejarse atrapar por los «círculos» culturales de la ciudad, para no perder la objetividad ni caer en la sociedad del mutuo halago. Cambiaría la palabra «soledad», en cuanto al trasegar del crítico literario, por la palabra «distancia». Debe haber una respetuosa y necesaria distancia con los creadores, los artistas y los académicos, que deban ser observados por el ojo del crítico.

    2-La distancia, sin embargo, no debe ser muy larga. No tan cercana como una rémora que entorpezca el proceso creativo; pero sí tan atenta y discreta como la de un águila cuando llega a la pradera de los conejos.

    3-Tener la capacidad de reconocer las propuestas en ciernes que traen los nuevos tiempos (investigar, hacer muchas entrevistas informales). Algunas manifestaciones artísticas encuentran el punto más alto del espíritu actual, y, otras, emergen y revelan la silueta de la llegada de un nuevo espíritu. El crítico que deje pasar, en su tiempo y jurisdicción, a un gran creador o un gran artista sin siquiera mencionarlo, pienso que debe ser lapidado; no sin antes conseguir que toda su familia sea exiliada del continente donde él habite. La academia goza de esta «discapacidad» intelectual porque practica un error metodológico que ha conseguido encumbrar como una verdad: compara la opera prima de un autor con la obra más alta y más madura del escritor o artista, en quien el académico ha depositado todos sus afectos, sus tesis y sus ensayos. Si fuera posible comparar la obra literaria de un nuevo escritor con el trabajo de Gabriel García Márquez, por ejemplo, esta aproximación no debería avanzar más allá, en mirar las líneas paralelas del buen camino que deja ver La hojarasca.

    Que tenga buen día.

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