Los oficios nocturnos

«En cada lector futuro, el escritor renace»
Julio Ramón Ribeyro


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«Oficina en la noche» (2020), bien podría llamarse, relatos portátiles nocturnos, o escritos para noctámbulos. Me refiero al reciente libro compilado y digitalizado por el escritor chocoano Elbert Coes, cuyos textos publicados en diferentes portales literarios desde hace casi 6 años, traen de vuelta esa narrativa singular, que algunos ya estábamos acostumbrados a leer años atrás en su pluma. Ante esto, me siento tentado a decir que la buena literatura es una moda sin tiempo, ya que Shakespeare, o Poe, pueden ser tan contemporáneos como Jáiber Ladino Guapacha, o Rigoberto Gil Montoya. De ahí entonces que esta colección digital cale tanto hoy, al igual que ayer, y posiblemente mañana.

Y espero que esta apreciación sea justa, porque los 25 relatos escritos por Elbert Coes, (estructurados en dos partes), dejan ver que, desde el inicio, el autor conserva un estilo que ha venido depurando sin muchas variaciones, ya que es su firma lo que está en juego, y es su nombre el que se puede rastrear en algunos cuentos, eso sí, aunque no lo leamos como escudriñando las imágenes que retrata, pero si intentando encontrar mucho del bagaje intelectual de este escritor entre sus ficciones, y también, entre sus proyecciones.

Uno con Elbert, que además es abogado, músico, y buen conversador, puede intuir una vía literaria que se gesta, me refiero al género del cuento breve, la narración detectivesca, la compilación digital, cuyos nombres anglicanos apaisados, expresan la influencia de la literatura inglesa en él, por un lado, con autores con G.K Chesterton, Charles Dickens, Oscar Wilde, y porque no, Agatha Christie; y de corrientes artísticas norteamericanas por el otro, con plumas tan densas como las de Edgar Allan Poe, Isaac Asimov, y me atrevería a insinuar algo de Kurt Vonnegut, aunque este último haya que rastrearlo con una lupa más aguda.

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Portada
Ilustración: Sara Herranz. Tomada del post original Oficina en la
noche, publicado en lacoladerata.co

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En suma, este nuevo libro «Oficio de la noche» no defrauda al lector, sino antes bien, le ayuda a compensar esos trayectos tan largos que se tiene en la ciudad: un viaje en bus, una fila en el banco o en el supermercado, o una visita a un parque cualquiera, que, por estos tiempos, mantiene a las palomas y a los mendigos en sus anchas. Porque Elbert Coes es generoso, y lo es en la medida de su amor por la literatura universal, y de su desprendimiento de los derechos de reproducción, que, en algunos estamentos, constituyen un tipo de censura execrable. Sus producciones sobrepasan la crítica literaria. Y lo afirmo, ante el silencio de un naciente género extraño en Pereira, que algunas veces calla, y en otras profiere sentencias sobre su obra, como en el caso de su último libro «Florida Killer», que tuvo buena acogida entre los aficionados a la temática del thriller psicológico.

Y ese es el camino que ha escogido Elbert, y por ahí va, porque en la ciudad, antes que fama, hay que conseguir un nombre, y este no se logra sino con la calidad literaria, la integridad y la disciplina inherente de todo escritor comprometido, ya que, a decir verdad, de emprender este con más fuerza su carrera, podría esperarle un gran futuro entre el canon de la literatura de la región. Afirmación temeraria, pero concienzuda, ya que, si algo caracteriza a los millennials y centennials de hoy, es que tienen una seguridad plena y una confianza en sí mismos frente a la obra. Una generación arrojada, hijos nativos de las redes, que no ve caminos, sino que se posa frente a una cantera que necesita ser explotada para abrir ruta. El buen entendedor requiere pocas palabras.

¿Recomiendo Oficina de la noche? Sí. Es un libro semi maduro, sujeto a ser depurado, aunque realmente es fruto del calor de años, de paciencia, corrección, y de muchas hojas de Word lanzadas al basurero. Así entonces, según sus preferencias y gustos literarios, acceda a sus páginas, y antes que estudiarlo, disfrútelo, ya que un buen material puede emerger para alguna promoción o taller de lecto-escritura. Podría asegurar taxativamente, que, en esa ruta de acercamiento, se podrá aprender más, y mucho más de literatura, si no omitimos ninguno de esos textos, que, como piedras cuzqueñas, están bien ensamblados, sin que una palabra sobre o falte, y sin que una cuchilla quepa entre sus costuras.  Eso sí, comparta y difunda con generosidad esta compilación de cuentos, porque de eso se trata, de esparcir, como el sembrador, la semilla en tierras imaginarias.   

Por último, una frase de la obra de Elbert Coes, específicamente en el aparte «River», quedó fijada como un eco en mi espíritu: «Como imaginarás, amigo mío, no habría contado mi historia si ella no hubiese sido la ganadora.»  ¿La historia, o las historias, la escriben los vencedores? Sí y no. En política el término cala, pero en literatura, Elbert ha escrito este libro, luego (o antes) de haber ganado algunos certámenes, pero también, esperando el resultado de muchos de ellos tras del veredicto de jueces sin rostro, en festivales como FELIPE (Festival de Literatura de Pereira), el concurso anual municipal Estímulos, y otras convocatorias, que aún son pacientes por su obra corta, larga, sea cuento, novela, o narrativa tendida.  Adelante.

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