Cuero o gamuza: contar historias en Pereira

Si a duras penas, como dijo Marcel Proust, una verdad se deja copiar en un cuaderno, la narrativa o literatura de no-ficción debe ser un proceso que el cronista debe arrancar de las páginas diarias del mundo. Solo agacho la mirada y digo como Oscar Wilde que “Siempre es bueno dar consejos, pero darlos buenos es fatal”.


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“Servimos lo mejor que podemos a la única abstracción
con la que tenemos algún tipo de familiaridad,
que es nuestra comunidad”
Kurt Vonnegut

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Quiero brindar un consejo que no es mío y que además modificado será de mucho provecho para los aspirantes a prosistas: «Viva primero, escriba después». La frase original es de Fiodor Dostoievski y reza: «sufra primero y escriba después».  Como ven, el primer consejo es más amplio y más pertinente para este siglo henchido de vida, pues nadie quiere sufrir para escribir después. Aunque es cierto que sin reveses sería difícil describir el sonido encabritado de los jugos gástricos en un estómago, por ejemplo, o escribir sobre la trayectoria de una lágrima que desemboca en una carta de amor.

Así entonces, vivir produce cierta originalidad a la hora de escribir.

Conozco narradores jóvenes en Pereira que andan por ahí haciendo de las suyas con las buenas letras. Yo no sabría cómo calificar esta generación emergente que está escribiendo sobre la ciudad y todo lo que se mueve. Lo cierto es que caminan, buscan, deambulan con sus armas afiladas más tenaces: los cinco sentidos y cargados de una misión literaria. ¿Cuál? Mostrar lo que somos a través de los verbos.

Por ende, al igual que un pintor, un buen escritor solo refleja la realidad con sus propias pinturas y técnicas, o en criollo, está facultado según su vocación para mostrar nuestra ciudad por medio de ensayo, poesía, crónica, aforismo, filosofía, o periodismo. Pereira, por ejemplo, que creció considerablemente en los últimos veinte años, puede abrumar a cualquiera con la extensión de su urbanismo, el auge de los centros comerciales, la afluencia de gente capitalina, las modas o la nueva naturaleza del comercio.

Sin embargo, todo este revoltijo de gente y cosas, de movimiento y silencio, de monedas y cheques, no es en ninguna forma una materia caótica. Cada lugar, desde el sur-occidente de la ciudad, hasta el nor-este, son escenarios conectados donde estamos “Juntos, pero no revueltos”, como reza el adagio popular. Así que este fenómeno de crecimiento no debe asimilarse a una masa cruda, sino a un producto que espera la buena levadura periodística o narrativa, para luego ser enviada al horno de las publicaciones.

Cada uno interpretará la ciudad según su crisol. Los transeúntes verán caos; los conductores, trancones; los sociólogos centros comerciales y cultura líquida; la clase política, votantes; y un buen escritor, historias. Historias, amigo.  El Croni de Alejandro Buitrago no nace de otra forma, igual que la poesía social y la crónica urbana de Gustavo Colorado; el teatro de Natalia Gómez y César David Salazar; los reportajes de desplazados de Juan Miguel Álvarez, o las narraciones psico sociales de Felipe Chica. En fin.

Donde quiera que existan personas habrá historias humanas e íntimas. ¿Qué puede verse en un espacio como los bajos del puente de la calle 13, o en un abarrotamiento de gente haciendo fila en una sede de Medimás, o en la cosmovisión de la música de los afrodescendientes emplazados en Tokio y Guayabal? Lo mismo que vio Gay Talese en un spa, y que fue material para “El motel del voyeur”; o lo que condujo a Alberto Salcedo Ramos hacia un simple adicto al basuco que resultó ser Kid Pambelé; o la visión de Joseph Mitchell sobre un indigente acuartelado, que al final era, nada menos que el famoso Joe Gould. Historias humanas.

Hoy los tiempos apremian. Todo está ahí para ser tomado a través de la observación, transcripción, o el modelado de las cosas. ¿No es sorprendente, como afirma José Fernando Ruiz, que alguien llamado Luis Alfonso Salazar Berrío escriba una novela de detectives con escenarios pereiranos? ¿O qué Elbert Coes narre un thriller psicológico y lo distribuya en la ciudad? ¿O los aforismos de Gustavo Acosta que nos describen tan bien como risaraldenses? La verdad estamos ante una posibilidad de escoger entre la calidad del cuero, o la imitación de la gamuza. Con esto me refiero, a crear, o copiar; transcribir o publicar; sufrir o escribir, como dije al inicio.

Hoy Gustav Flaubert y Marcel Proust serían columnistas de El Malpensante, no así Anton Chejov u Oriana Fallaci, o Natalie Ginzburg, que narrarían con viveza lo que sucede en la cotidianidad, con arte y sutileza literaria, y esto, solo por citar algunas personalidades. Entonces, “Viva primero, escriba después”, porque hay mucho que contar en esta ciudad, y todo, en últimas instancias, pende de la mirada, de la forma, de transformar algo simple en algo espectacular, aclaro, espectacular no es sensacionalismo, sino que una historia particular de algo o alguien o un suceso, puede ser presentado en todos sus matices, palabras, y riqueza.

Somos historias en Pereira. Y mientras exista este entramado social, se podrá escribir sobre todo lo que se ve. ¡Y vaya que esta ciudad contiene una riqueza invaluable en su gente! Entonces, este es el consejo: Viva primero, para retratar lo que somos, y escriba, ni más ni menos, después. Salud.

Un comentario sobre “Cuero o gamuza: contar historias en Pereira

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  1. Diego, como siempre, pone la flecha en la diana. Comparto no solo el consejo, sino, también, la mirada global que le da a Pereira como ciudad en crecimiento no solo a nivel físico y sociodemográficas, sino, también, a nivel artístico, especialmente en el campo de las letras.

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