Ernesto Mächler el viajero

“Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”.
Martin Buber


La sinceridad, el amor, la amistad, son actitudes para no envejecer, sin embargo, los libros también son una prueba contra el cáncer del tiempo y mientras vivamos para ellos no podremos hacernos viejos.  De igual forma el libro “Polvo en las maletas: Crónicas de viaje y errancia” (2013) del ingeniero químico y doctor en literatura Ernesto Mächler Tobar (1956), constituye ese remedio contra la existencia para rejuvenecer el espíritu, pues gracias a sus ciento setenta y nueve páginas, y a través de dieciocho crónicas, nos cuenta el mundo, o su mundo, experimentado por él en todas sus formas.

Y consigue esto gracias a temáticas como un viaje a la casa de Ernest Hemingway (un Hemingway espiritual que nos narra Mächler, cuya vida y entresijos, son una bella manera de mirar con tolerancia ese viejo gigante de la literatura); el arribo al municipio de  Villa de Leyva, ese poblado pintoresco donde murió el prócer Antonio Nariño, y cuya  desconocida historia de fondo nos cautiva;  al igual que narra recuerdos de un Ecuador colonial,  anotaciones de su travesía por el Perú,  Canadá, Alemania, y un gran etcétera de impresiones, pensamientos y acciones que se van hilando con maestría en la pluma del autor. Una gesta literaria similar a los viajeros de antaño (Sir Richard Burton, quizá, o la mirada del Alexander von Humboldt literario) que nos convida a navegar entre la memoria y el conocimiento de las cosas y los lugares.

Porque sinceramente, y lo digo con causa, es inútil escribir sobre temas elegidos, hay temáticas que eligen a las personas y Ernesto Mächler, (¡Oh! Bendito los bigotes figarescos de este escritor) es escogido por la literariedad (el espíritu de lo literario), para viajar y luego escribir. Solo así  se entiende que cuando este versifica sobre un lugar, es porque previamente una pasión escondida se ha encendido, tiene un motivo inicial, un impulso romántico o ha estallado una chispa intelectual y por eso es que su escritura está llena de vitalidad, esa fuerza que se necesita en tiempos donde la política y las crisis parece adormecer los espíritus.

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Y en esta iniciativa de viajar como Ulises (y no como Palinuro) por varios continentes, es que el autor es original, gracias, a una bella independencia que le permite trabajar una prosa salvaje (en el buen sentido). Un estilo singular que le da forma a sus crónicas, que en sí, evidencia que no estamos frente a un espíritu domado, ni atado a la sociedad, ya que con signos y señales, parece seguir el consejo vertiginoso del proto-dadaísta Arthur Cravan (1887-1918) cuando afirma que “Para vivir y escribir hay que ser un caballo salvaje”.  Así entones Ernesto Mächler está aquí, está allá, y aparece en acullá. Claro, no al garete, sino a propósito, porque igual al García Márquez internacional, nos cuenta cómo ve esos lugares, qué siente en esas latitudes, para posteriormente transformar aquellas impresiones en letras.

Hablando a carta cabal, este escritor, tal como un pintor impresionista, logra transmitir estos colores y sabores, aunque él sabe, como varios sabemos con resignación, que viajar y escribir no es un camino cerrado, sino que siempre es un devenir, una construcción a realizarse a través de los sentidos.

Ernesto Mächler es un espíritu inconforme, curioso, errabundo, en cuya actitud se asemeja a los escritores norteamericanos del siglo XX quienes consideraban las grandes ciudades como botellas sin mucho mar donde flotar.  Y no es que Colombia geográficamente carezca de méritos, sino que las ciudades homogéneas asfixian,  (¿Qué diferencia a Bogotá de Caracas, Santiago de Chile, o Lima?) por ello Ernesto es consciente de necesitar otra mirada de las cosas, otra forma de escritura literaria según otras motivaciones, sabiendo, a conciencia, que algunos otros solo puedan viajar por los buenos libros de aventura que se permiten entre sus bibliotecas.

Los occidentales hemos viajado con Ulises, con Simbad,  con Salgari, y hasta con Sherezade, y en Colombia es imposible que después de leer este libro de Ernesto Mächler no naveguemos por el mundo, el metro de New York,  la silente Europa, el fogoso Caribe que prefirió Papá Hemingway, o esa Boyacá que en otro tiempo fue un lugar emblemático y que hoy solo es un emplazamiento para turistas desprevenidos, o por qué no, simplemente posarnos en quietud al borde del Rin para ver su serenidad.

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Los buenos escritores saben que  hablar no es escribir (nadie redacta como discursea), pero en cierta forma sí lo es viajar, es decir, ir de un lugar a otro, gravitar con maletas. Por eso es que este bogotano que se aventuró a recordar con fidelidad sus viajes, narra, aunque la verdadera memoria, siendo claros, no sea recordar, sino tener a la mano los medios o las excusas para volver a encontrar. Un hecho sumamente capital para todo escritor de bitácoras.

Finalmente, muchos hemos viajado, y otros lo siguen haciendo, por lo tanto, no es lo que se ve, sino cómo se ve, y cómo se expresa de tal manera que todos queramos ver lo que ese aventurero vio y sintió. Por ello los viajantes son ricos y fructíferos, y Ernesto Mächler es “El viajero” por antonomasia, y quien ejerce ese privilegio lo hace sabiendo que nada le ata más que el deseo y la sed de aventura por visitar lugares insospechados. Esa es la riqueza interior de los que reconocen como único país la escritura.

Así entonces, y sin recurrir a perogrulladas, la vida es una marcha hacia la cárcel como decía Antón Chéjov, por lo tanto, la verdadera literatura debe enseñar a escapar o prometer la libertad. No hay otra opción.  De igual forma Sílaba, la editorial que emite este buen libro, nos enseña a escapar, nos promete libertad con “Polvo en las maletas: Crónicas de viaje y errancia” (2013). Un libro que todo citadino debe tener en su biblioteca, si es que quiere salir de la prisión, sea cual sea. Es esta obra, una de todos los días, para todos los días, que habla de lugares y espacios que sacan a cualquiera de esta urbe cronometrada y reglada hacia otras latitudes.


Ernesto MAECHLER (Colombie), Reclus et les Amériques. Les Reclusiennes 2013

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