¡Oh dioses poéticos!

«Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos.»

Hermann Hesse


 

La poesía nació de una teología errante.

Los primeros dioses hablaban el lenguaje de los hombres.

Se sentían solos.

Veían la hierba crecer en la nada plenipotenciaria.

De ahí que el soplo divino produjera materia y la materia lenguaje.

¡Oh dioses poéticos, que enseñaron la palabra a los hombres!

Que con el bostezo de un ángel crearon la forma.

Y con la forma fundaron el verso.

Cuántos mundos caben en el lenguaje.

Cuántos cosmos formados de la nada.

Cuántos jardines arruinados por la fruta del saber.

El hombre mira el vacío interior y se arroba ante la ignorancia.

Solo la palabra transformada en poesía llena la caverna del ser.

Da vida a esa luz seca, a esa corporalidad inanimada, a esa ánima esperando ser activada.

No hay razón para renunciar a lo divino, cuando la palabra misma es dios.

Si lejos del jardín somos carne desnuda, dentro de nosotros somos espíritu fati.

El hombre vuelve a sus orígenes recordando la transgresión primaria.

Al comienzo cuando la poesía etérea hizo revivir el barro.

Luces del pregénesis que concibieron en el silencio la pluralidad de la vida

Armonía que construyó un mundo sin forma y sin alma.

Lenguaje de los dioses que, pese al eón de los días, sigue creando en el vacío.

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