Leche caliente de gato

 

«Hay dos maneras de refugiarse de las miserias de la vida: la música y los gatos.»

Albert Schweitzer


Hace un buen tiempo escribí una nota titulada: “Una ciudad de gatos mercenarios, amorosos y necesarios”, ahora hablaré de estos mismos felinos, pero desde otra perspectiva: los poéticos. Por supuesto, esta entrada nada tiene que ver con “Guizmo, cómo encontrar la grandeza en lo pequeño” de Juan Andrés Núñez; ni con “El mundo según Bob” de James Bowen; menos con “Gatos Ilustres” de Doris Lessing, ni mucho menos con “Cuna de gato” de Kurt Vonnegut, sino que se trata de “Lomo de gato” (2012) del tolimense, radicado en Manizales, Jehú Londoño Padilla.

Una curiosidad literaria, o mejor, un tomo pequeño, tierno y juguetón (igual que un peludo con una bola de lana) que contiene diez poemas impresos con una calidad y sensibilidad especial y que al leerlo se siente ese galanteo felino del macho hacia la hembra, ya que como es sabido, y nos lo dice el gran Claudio Eliano, el gato es sumamente lujurioso y la gata evita todo contacto con aquel, pues este emite un esperma muy caliente parecido al fuego que quema el órgano femenino.

De ahí los chillidos que se escuchan en el techo. De ahí el “agárrame si puedes” cuando la gata sale detrás de su pareja dispuesta a todo, incluso a dejar a sus mininos huérfanos porque le duele el vientre y sus ovarios han sido quemados con ese esperma hirviendo. La hembra no se viene a cuento. Es más, con la nueva ley de pensión alimenticia, ya el gato debe repensar seriamente donde meter su fuego líquido.

Portada

Así entonces, como solía afirmar mi abuelo, que a propósito no amaba los micifuces, “todo cuadra”, es decir, al leer estos poemas uno entra a una brevedad y sencillez literaria que confunde y lleva a pensar si acaso este tomo fue escrito por un felino en celo y no por Jehú Londoño, artista visual de profesión. ¿Sobre qué argumento se piensa esto? Sencillo. Los gatos, al igual que los cocodrilos, no son intratables. Con un poco de amor y de alimento se puede granjear una amistad perdurable con cada uno, y ellos, en agradecimiento, pueden pasearse entre los pies, romper las cortinas, o hacer poemas, porque no son animales dotados de razón como el hombre, sino de sensibilidad, ternura y cariño.

Si lo duda, ofrézcale a un gato un pescado y un cocodrilo a un amado. Akhenatón en el poema erótico para la cándida Nefertiti, luego de tal prueba de amor, lo afirma:

“El amor de mi amada se halla en la otra orilla
Un brazo de río está entre nosotros y hay un cocodrilo sobre un banco de arena
Pero yo entro en el agua y me lanzo a la corriente”.

Foto 1

Sin embargo, volviendo al cortejo del gato, y recordemos que ellos no tienen expresividad facial, pues carecen de la musculatura adecuada, hay un poema excepcional dentro de este librito que se titula: “Una mujer desnuda con cámara”. Lean despacio y ojalá con una gata al lado.

Una mujer desnuda con cámara

Si entras a mi cuarto
y el desorden se encuentra
dormido en mi cama,
él nos hará un espacio,
mientras tanto yo colgaré en la perilla
mi traje de melancolía para que nadie
nos moleste;

y tú desnuda te acurrucas
para un cuadro al óleo
de mujer con cámara
y yo que soy mal pintor solo sé tocarte,
me tiras de un empujón
del todo para atrás
-¡ Sonríe, mira mi sonrisa vertical!
y me sacas una foto

con los ojos distraídos de tu rostro
captando mi malicia
con una sonrisa horizontal…

En fin, como digo, ronroneos y cortejos para, luego de consumado el acto, pegar carrera por los techos del barrio, ya que la masculinidad está en juego porque después de la pequeña epilepsia viene el gran tumulto de responsabilidades.  Pero calmados. Hay un consuelo. El macho tiene siete vidas y si en una lo dejan sin hombría, en las otras seis puede corregirse. Porque la verdadera pregunta filosófica es ¿para qué sirve un gato sin leche caliente?

Foto 2

Entonces les dejo “Lomo de gato”, un texto que cabe en una mano, y que los ojos pueden contemplar con fines eróticos y de galanteo para, con ellas, las gatas. Finalmente, y solo por si desean, en este enlace se permite descargar el libro reseñado, eso sí, lean despacio, con una tasa de leche tibia, y dispuestos a aprender el arte del ronroneo gatuno por si una gata de techo aparece en el vecindario.

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