Entrevista al director de cine «Papeto»

«Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros«

Pedro Ruiz


Óscar Ruiz Navia, o mejor conocido como “Papeto”, es un joven productor de cine de la ciudad de Cali. El día que conversé con él estaba en la BAM, o la Bogotá Audiovisual Market, presentando el plan de negocios de Contravía Films, la empresa audiovisual que ha grabado películas como “El vuelco del cangrejo” (2009), “La Sirga” (2012), “Los Hongos” (2014) y otras más.

Este joven de 37 años que es reconocido por su carisma y emprendimiento, además de ser el socio fundador de Contravía Films,  prepara nuevos proyectos cinematográficos para presentar en las salas de cine del país. Películas que tienen expectantes a un público que conoce sus trabajos, su técnica y la calidad de sus producciones. Por eso decidí conversar con él sobre estos planes y adicional pedirle su opinión o percepción sobre el estado del cine en Colombia. Adelante.

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Diego Firmiano:. Óscar, saludos. Entrando en materia ¿Cómo está posicionado el cine colombiano dentro y fuera del país?

Óscar Ruiz Navia:. En cine en Colombia ha crecido considerablemente en los últimos años. Sin embargo, existe la desventaja de la exhibición. Se produce mucho contenido, pero no necesariamente se están exponiendo todas esas películas ante el público. Entonces hay una especie de atrofia en la academia del cine.  Eso es un fenómeno particular que vale la pena revisar.

Y a nivel internacional hay muchos trabajos fílmicos que han empezado a entrar a otros circuitos externos. Lugares donde los productores o cineastas antes no tenían acceso por muchas razones. Pero ahora, la globalización, las políticas públicas como la ley del cine, Proimagenes y otras, son estímulos para que la gente pueda salir al mercado a promocionar sus trabajos.

Estamos en este tiempo en una situación interesante con una producción abundante en comparación con otros años. Pero no es suficiente. Falta todavía madurar mucho más en ese sentido. Mejorar en qué vamos a hacer con las películas una vez terminadas.


D.F:. Al usted afirmar que hay mucha producción de películas, pero no todas se exhiben, se refiere a que no hay un rasero para medir cuáles son buenas o malas, o piensa que se trata de la cantidad de productoras de cine que hay en el país y que ahora son una competencia.

Ó.R.N:. No. No creo que sea una competencia entre los productores colombianos, sino más bien una competencia con todas las películas extranjeras que llegan principalmente desde Estados Unidos. Películas de tanques de guerra, ciencia ficción, etc., es decir, una competencia desigual. Los productores de cine colombiano, podríamos decir, son una especie de pequeños campesinos que tienen que enfrentarse en un mercado contra una multinacional. Entonces los pequeños siempre van a perder en esa competencia.  Lo que debe existir es más organización entre los productores locales para que puedan, a través de una asociación, ser mucho más competitivos frente a esos tanques americanos y proseguir con la producción nacional.

Ahora, esto que estoy diciendo no es nada novedoso.

Pero hay  ejemplos de lo que ha sucedido en otros países de Latinoamérica como en Argentina, México o Brasil, donde hay una ley de protección de pantalla importante. Pero, Colombia es un poco reticente, ideológica y prácticamente a Latinoamérica. Así que la lógica del cine colombiano debe obedece a la lógica política del país.

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D.F:. ¿Podemos afirmar  que hay un boom en el cine colombiano desde el 2010 en adelante? Porque recuerde que en ese año hubo 10 películas presentadas de cara al público, y ahora en lo que va corrido del 2019 se han lanzado más de 60 largometrajes importantes. Y a eso súmele que  la ley de filmación colombiana está invirtiendo mucho dinero para que el cine local se posicione.

Ó.R.N:. SÍ claro. Hay una gran mejoría en términos de producción. Las cifras lo comprueban de manera tajante. Entonces si me pregunta si hay un boom, claro que sí. Evidentemente, hay una producción mayor y un muy buen producto de una diversidad de miradas. Todas las películas son muy diferentes entre sí. Hay unas cosas muy interesantes, otras menos.

Con todo debo hacer una aclaración, ya que llamarle boom es un arma de doble filo. ¿En qué sentido?  En que puede generar una sensación de confort  y esto puede hacer que la gente se adormile. Lo que dije antes. Se está produciendo mucho, pero no se está exhibiendo lo suficiente. Y así los grandes esfuerzos económicos no se ven retribuidos.

Si hablamos de ganancia cuantitativa, si no hay espacios, no hay ganancias cualitativas. Cuando se hace una película, lo que se pretende es que la gente la vea, reflexione, se contamine, digámoslo de alguna forma, de la propuesta.

Comparto la idea de que sí hay un boom, pero también hay una falencia que se evidencia más y es la falta de espacios y la falta del pensamiento. Esto es precisamente lo que demuestra que la gente no está interesada en el cine arte, sino que cada vez prefiere algo industrial. Y si hablamos profesionalmente, el cine nacional es arte. Entonces creo que se está debilitando un poco las producciones internas.


D.F:. Es dudoso que afirme que la gente no está interesada en el cine interno, porque mire,  no nos vayamos muy lejos, en el 2016 se presentaron “La mujer del Animal” (2016) de Víctor Gaviria; “Señorita María, la falda de la montaña” (2017) de Rubén Mendoza;  “Matar a Jesús” (2017) de Laura Mora; Monos (2019) de Alejandro Landes, y otras más que tuvieron una buena acogida de parte del público colombiano. ¿Podría fundamentar eso de que la gente no está interesada en una cine manía nacional?

Ó.R.N:. Por lo que le digo. Por lo de los espacios. Al carecer de ellos, la gente no conoce o profundiza más en nuestras producciones. A diferencia de lo que dice, o de los títulos que menciona, esos fueron trabajos con muy baja asistencia y apoyo del parte del público. Yo llamo a eso “películas de nicho”. Aunque haciendo la salvedad de “La Señorita María, la falda de la montaña” que para ser un documental tuvo un éxito rotundo.

Entonces la razón o la lógica es esa, que se hace una gran producción de cine, pero la gente no ve o no alcanza a disfrutar todo ese contenido. Y así es que no se cultiva una concepción de lenguaje de imágenes que puede serle útil a la sociedad.

Es importante poner en duda ese aparente confort en el que estamos. Lo que necesitamos es que crezca la audiencia, la critica, los espacios para la exhibición. Yo creo que el papel de nosotros, los productores, desde lo que pensamos o hacemos, es intentar velar para que esos espacios se sigan abriendo.

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D.F:. ¿Pero serán los espacios o las temáticas? Ya que al afirmar que “Señorita María, la falda de la montaña tuvo mucha recepción por el contenido, pero no así “Matar a Jesús” por ejemplo, da a entender que no es la producción sino la temática. Este año Ciro Alegría y Cristina Gallego van a lanzar la  obra “Pájaros de Verano” (2018) que es un drama gánster, o mafioso, es decir, un tema trillado pero que vende.  En oposición a eso, según usted,  si ponemos una película cultural, la gente no tiene la misma emoción.

Ó.R.N:. Si en efecto los temas tienen mucho que ver. Pero insisto, es una cuestión mucho más compleja. Es de voluntad, ideas, de qué es el cine y para qué sirve el cine. No pienso que el sistema en el que estemos sea el correcto, creo que hay que mirar otros modelos. Modelos que están muy cerca: Argentina, Brasil, México, donde las películas pueden quedarse mucho tiempo en cartelera. Donde no hay una lógica de proyectarla una semana y listo. No.

Nosotros tenemos largometrajes que no pudieron exhibirse en Pereira o en Armenia, porque simplemente los compradores decían: noeso no va a funcionar. Y así le ponían una lápida de antemano al trabajo. Son muy pocos los trabajos serios y de calidad que pueden ir a ciudades alternas a presentarse.

Entonces yo sí pienso, obvio, las temáticas tienen que ver, pero hay problemas de base, de concepción de qué es el cine y la importancia de este para el país. En ese sentido, pregunto ¿Cuál es la solución? Por supuesto, seguir luchando y proponiendo contenidos interesantes. Las películas que has mencionado tienen propuestas atractivas.  Creo que ese es el camino. Seguir apostando a un lenguaje nuevo para contar este país tan diverso a otras personas.


D.F:. Con ese panorama nos tienta a creer que productoras como ustedes buscan estímulos o premios fuera de Colombia para subsistir.

Ó.R.N:. El cine es algo global. No es que porque no funcione en Colombia uno busque afuera estímulos. No. De eso no se trata. Los premios llegan como resultado de la gestión y del trabajo de calidad que se presenta ante un público de igual calibre.

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D.F:. Finalmente, hablemos de la película “Sal” (2018) de William Vega con la que parece les ha ido bien. La van a presentar en el Festival de cine de Cartagena y en otros eventos, y hasta donde entiendo, esa es la última, o más reciente, promoción de la productora de ustedes, Contravía Films. Hablemos de eso por favor.

Ó.R.N:. “Sal” fue un éxito que estrenamos en Cartagena. Se estuvo exhibiendo en varias salas de la ciudad. Aunque uno siempre quiere que la película se muestre en otras ciudades y que tenga más público, por ejemplo, en las regiones. El anhelo es que desde estos lugares se brinde apoyo para consolidar y tener más posibilidades de proyectar cine arte. En la productora Contravía Films hemos tenido cortos y largometrajes con las cuales nos han ido bien y con otros no tanto. Es como una lotería. No se puede garantizar ni el éxito ni el fracaso. Pero ahí vamos. En esencia, contentos, porque William Vega es una persona que estimamos mucho y ya cerró ese proceso con “Sal”. Ahora estamos preparando nuevos proyectos.


D.F:. Por último, ¿cuáles fueron esas películas o largometrajes con los que les fue bien o mal?

Ó.R.N:. El vuelco del cangrejo” (2009) tuvo gran acogida. Estuvimos ocho semanas en cartelera. “La Sirga” (2012) y “Los hongos” (2013). Esas tres nos fue bien.  Y con las que nos fue mal, ni recuerdo, pero fueron producciones hechas con esfuerzo, inversión, lágrimas y con un gran equipo de base. El cine de Contravía Films es colombiano y para los colombianos. Muchas gracias.

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