Los economistas son los nuevos psicólogos

Es paradójico que la sexualidad de los ciudadanos esté siendo estudiada en la actualidad por economistas y no por sexólogos o psicólogos. Este cambio se produce porque estos especialistas de las finanzas, se niegan a creer que la naturaleza de los pereiranos es liberal.


Antes bien, aseguran que los pereiranos son gente racional que, como los demás connacionales, obedecen o responden a compensaciones y a estímulos basados en números, cifras y valores, y que al bajar o subir esa misma economía, la gente modifica su comportamiento. Ese es el postulado de ellos.


Así por ejemplo si sube el precio de las arepas, afirman, la gente opta por comprar buñuelos. Cuando las motos marca Honda elevan sus precios, el público prefiere productos Yamaha. y el matrimonio, según sus estudios fríos y racionales, hace que el sexo pagado se convierte en un asunto de familia.


Pero ¿qué hacen los economistas fisgoneando en estos asuntos? ¿Acaso están afirmando que el pereirano promedio es un tipo de homo economicus que no se rige por las emociones humanas? De ninguna forma, incluso se ignora que las emociones son estímulos para tomar decisiones, como el que suscita, por ejemplo, el deseo de ir a la inauguración de un nuevo centro comercial en la ciudad, o la afición por una moda proveniente de la capital, o lanzarse de un puente sin más.


Lo que los economistas develan es que las respuestas a estas motivaciones son racionales y que ellas son respuestas a complejos cálculos de coste y beneficio.


Por supuesto, nada de esto tiene que ver con la teoría de las necesidades de Maslow, o las compendiosas doctrinas económicas de Keynes, sino de la lógica que se esconde detrás de las decisiones diarias de los ciudadanos.
El desempleo descansa sobre el mismo principio, al igual el hecho de que cada vez exista menos fumadores en la ciudad.


La economía posmoderna está involucrada en estos estudios de comportamiento humano y por eso dirige las motivaciones por vías racionales como una forma de tratar de entender la ciudad y su forma de actuar ante determinadas tendencias. Y aunque un economista, a primera vista, utiliza solo la información sobre precios, lo que de verdad le importa son las elecciones que hacemos y nuestros valores. Valores que a menudo están ocultos y que se revelan con el incremento de leyes, precios, tasaciones, o devaluaciones.


Es curioso que la ciudad se explique con fundamentos de economía y no de psicología conductual, por ejemplo; pero las estadísticas, los números, las teorías, no difieren mucho de los algoritmos que debemos ejecutar inconscientemente para elegir algo como qué ropa usar diariamente, el color preferido, o elegir comer un lomo soso o salado.


Las diferencias de comportamiento, según ellos, surgen cuando los precios suben, y toman otras decisiones si los precios decrecen. Igual funciona el control poblacional en nuestro país, o el índice del delito. Los economistas son los nuevos psicólogos.

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