El Chuck Palahniuk español: Carlos Herrero

“Fue entonces cuando comencé a escribir, por rabia, de dolor, para que nadie me engañara más. Y luego di tumbos, mentí, me drogué, dejé los estudios, sufrí, viví mal, perdí amigos”

Carlos Herrero

 

Aunque se puede afirmar lo contrario,  el libro “Prosperidad”,  del español Carlos Herrero, es una radiografía de los jóvenes españoles contemporáneos . Esos que  recibieron el milenio con cambios tan drásticos como el 11 de septiembre, la llegada del euro, y el atentado de Atocha, y que a raíz de esto (y otros hechos más), configuraron la forma interior de entender y realizar la vida. Algunos de ellos devenidos en anarquistas, trúhanes, poetas de pacotilla, escritores del pesimismo, malabaristas, gamberros, cantantes, y otros simplemente muchachos que empezaron a interpretar el mundo según el cambio económico del momento.

Este libro, que parece ser de esos que se pasan de mano en mano de algún suburbio, es el tipo de trabajos particulares que muestran un matiz literario  diferente, y que resalta el sentido escritural para calificar entre lo bueno, lo malo y lo regular.  O mejor, un texto arrogante, lleno de aventuras, de emociones con olor a tinta, de confesiones no habladas, y todo y más dentro de una obra que podríamos decir, es hija del milenio.

Por eso para catalogar y reseñar esta obra se necesita explorar primero la mente del autor, anotar apartes de su vida, la forma en cómo usa las letras que retratar su realidad y su mundo circundante, y lo más importante, la intensión con la que escribió este voluminoso libro.

Y ese autor, para empezar,  es el joven madrileño Carlos Herrero.

 

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El Autor:

¿Pero quién jolines es Carlos Herrero? aparte de ser el compilador de este gran libro de 223 páginas, firmemente terminado, impreso y editado en la editorial “Baratavia”, su autobiografía parece salida de las “crónicas marcianas” de Ray Bradbury.

A primera vista es un joven sincero, pues no tiene reparo en decir que fue vendedor de periódicos, repartidor de pizzas, drogadicto, gimnasta, hijo de su papá y  mamá, domador de perros y solo por unas pocas semanas trabajó de dependiente en un cibercafé en los suburbios de Madrid.

Así es que no hay mayor escuela que el mundo que le tocó vivir a Carlos, y si hay una mente humana creativa como la suya en alguna parte, con un talento igual para escribir, se puede lograr sintetizar cosas que otros no han visto, ni escuchado, ni otro corazón sentido y que él pudo hacer por medio de la escritura.

Carlos Herrero es uno de esos jóvenes que a falta de domeñar otro oficio, se dio a la tarea de derramarse entre escritura y vida, y que a su vez intentando darle la vuelta a su día a día, denunció lo que vio, hizo suyo las experiencias que presenció,  transmitiendo esto con fidelidad para todos aquellos que son cortos de imaginación.

 

CARLOS PARQUE

 

La Obra:

Roberto Bolaño -que tanto amaba a España-, dijo en una ocasión que la literatura en castellano adolecía de escritura erótica, de libros y acercamientos sobre esta realidad tangible del ser humano, y por eso el contenido de Prosperidad,  una obra llena de historias existencialistas, inmediatas, bizarras, contiene este matiz erótico, sin perder otras maneras de sentir y existir en el mundo.

Carlos, un chaval madrileño que a sus 25 años todavía anda como una rémora en la casa de sus padres, posee una singular forma de contemplar la vida entre sus amigos, las calles, los bares y las experiencias sexuales. Su pasión por las chicas gordas le hace sentir vivo, gustoso, además  de  la manipulación sexual y el masoquismo de seleccionar putas en los callejones igual que toma calcetines de un armario. Algo tan natural para él, o para los jóvenes que le acompañan en sus aventuras de arrabales.

Casi que se puede uno imaginar que mientras el autor folla con una puta de Madrid, o se masturba, o golpea un dealer (expendedor de droga), tiene en su mano la libreta de notas donde registra lo que luego condensa en su libro llamado «Prosperidad”. ¿Y entonces de qué va este texto? En esencia, es una historia dentro de otras tantas historias endiabladas de la sociedad española, de familias posmodernas que se aman por fragmentos y que se deterioran de la misma manera como pasan de moda los artículos de uso y los enseres comerciales.

 

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La Crítica:

Si bien el libro llegó a mis manos y a mis ojos como una de esas curiosidades literarias que se encuentran por ahí en algún bazar del sur, leerlo me arrojó un nuevo matiz de la manera de cómo los jóvenes intentan construir literatura desde su realidad.

Estoy seguro que los lectores hubiesen querido que el “yo” del escritor desapareciera, pues separar esa esencia tan íntima y personal, con lo creado, o con lo que se dota de vida, pensamiento y emociones es vital en la narrativa.

Aunque los que aún no leen esta obra, especulan, o mejor, preguntan con duda literaria, ¿qué relación tiene el título con el contenido?  ¿qué entiende Carlos por “Prosperidad” y cuál es el objetivo de libro?  es acaso informar, demostrar, entretener, desahogarse, o simplemente es un autobiografía corvina, que deja al descubierto el  carácter, el pensamiento y los hechos de un hombre atrapado en el círculo de la ciudad.

Y así, cuando uno empieza a leerlo  aparece como un prisma la vida del autor, la subjetividad reprimida, la cosmovisión que se labró en la paciencia de un santo, o el interior de una mente y un espíritu que se derrama entre letras, cuentos y anécdotas.

«Prosperidad» encuentra un eco entre aquellos desgarrados por la lucha interna de la existencia, los outsiders, los misfits.  En mi opinión este libro podría ser un best seller para los lectores del subway madrileño o el mundo en general, pues muestra un realismo bastante sucio y explora los mundos de la libertad ideado por los jóvenes modernos.

Aunque parece que ya perfila como un libro de culto, o una casi versión de los libros de Chuck Palahniuk a la versión española. En fin, es esta es una obra para leer despacio, para reír, para meditar, para posar sus ojos sobre ella en el metro, en la estación de bus, o si prefiere mientras se toma unos tequilas con Red Bull en cualquier parque de algún país.

 

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