Joseph Pulitzer y el Istmo panameño de Colombia

“Dios conceda que el periodismo se esfuerce siempre en alcanzar los más altos ideales; sea tanto una escuela como un tribunal diario; sea un profesor cada día y una tribuna diaria; un instrumento de la justicia, un terror para el crimen, una ayuda a la educación, un exponente de auténtico Americanismo”.

Joseph Pulitzer


Cuando en 1911 se celebraba el funeral del legendario editor y periodista Joseph Pulitzer en New York, sorprendió el hecho de que una delegación colombiana apareciera con una corona de flores en la que se leía la dedicatoria: “La República de Colombia a su amigo”. La afinidad de Pulitzer con el país Sudamericano tenía que ver con el Istmo de Panamá cuando aún era territorio colombiano, y la polémica que posteriormente se suscitó con la construcción del canal transoceánico a principio del siglo pasado.

El pueblo colombiano se sentía agradecido con el periodista por haber sido la potente voz de denuncia en la investigación que se llevó a cabo sobre la trama urdida en la separación de Panamá de Colombia, y la corrupción financiera que involucraba a panameños, colombianos y norteamericanos en los proyectos geocomerciales en esta parte del continente.

En 1903, la administración de Theodore Roosevelt negociaría con Colombia la construcción del canal, ofreciendo la suma de 10 millones de dólares en oro y una renta anual de 25.000 dólares, a cambio de que los norteamericanos fueran propietarios del canal por una centuria, lo administraran, y se ocuparan de su mantenimiento. Este tratado o negociación se llamó el Hay-Herrán en honor a los ministros que intentaron negociarlo. Pero los políticos colombianos dilataron su confinación a la espera de recibir más dinero, lo cual enfureció al presidente Roosevelt y se volvió a plantear la tesis de construirlo en Nicaragua, porque esta era la idea original.

Pero a través de William Cromwell, un socio de un bufete de New York que tenía intereses en la monumental empresa, presionó a los legisladores y políticos estadounidenses con 60.00 dólares para que se dejara de hablar del “Proyecto nicaragüense” y se empezara a hablar del “Proyecto del Istmo”. El problema consistía en que Panamá aún era territorio colombiano y no se podía violar flagrantemente una soberanía sin resultados serios.

Fue el mismo Roosevelt, en conversaciones privadas, quien sugirió que Panamá debería ser un país independiente. Así fue como empezó a tramarse un golpe de Estado para favorecer los intereses de los contratistas, accionistas y de todo el colectivo norteamericano. A través de los diplomáticos y el personal que tenían en el territorio panameño, se empezó a repartir dinero, a reclutar personas y se redactaría una declaración de independencia. La bandera fue diseñada por la esposa de William Cromwell, aunque luego no gustó y fue reemplazada por otra.

El 4 de noviembre de 1903 se llevaría a cabo la teatral operación, que tuvo muy poco de movimiento revolucionario y dos días después se proclamó un nuevo Estado, avalado por Estados Unidos. No hubo ni un solo muerto por la movilización de la flota norteamericana y rápidamente se reconoció la recién nacida República independiente, lo que hizo que los dirigentes colombianos no hicieran nada al respecto, o al menos no les importara tal fragmentación del territorio.

Joseph Pulitzer, acérrimo oponente de la administración de Roosevelt, encabezó una campaña de investigación sobre las actividades de William Cromwell que empezaban a levantar sospechas, no solo porque había sido  nombrado primer cónsul de Estados Unidos en Panamá, sino también por la denuncia pública de corrupción sobre el dinero empleado para la construcción del canal. En esta iniciativa de Pulitzer de llegar al fondo del asunto se hallaría un modelo inicial de lo que se denomina periodismo de investigación.

El 2 de octubre de 1908, un redactor del periodico  World, William M. Speer, se enteraría de que, un grupo de panameños se encontraban en New York intentando localizar a Cromwell solicitando el pago de un dinero que, según decían, se les debía por la colaboración prestada. A pesar del esfuerzo de los redactores, no pudieron dar con el paradero del grupo en cuestión y se dirigieron directamente a la oficina de Cromwell con el fin de obtener información sobre el hecho. Los hombres de Cromwell dirían que los “panameños” era un grupo de personas que intentaban chantajear a la administración, diciendo que se les había pagado la suma de 3 millones y medio de dólares para la seguridad del canal y que  los contratistas habían recibido 40 millones. Por mucho tiempo esta sería la historia oficial de tal evento, incluso se publicaría de esta manera.

Pero el 2 de noviembre del mismo año, un periódico de Indianápolis, el News, apareció con un editorial en el que explicaba la misma noticia de otra manera. Decían que un proyecto de 12 millones de dólares había supuesto al pueblo estadounidense 40 millones y que nadie sabía, concretamente, quién había recibido el dinero para la construcción del canalAnte la acusación, el presidente Roosevelt se exculpaba diciendo que el Gobierno no había pagado ningún dinero a ningún ciudadano norteamericano, sino que lo habían entregado al Gobierno francés, y este lo había distribuido de alguna forma según el proyecto de contratación y su forma de organización interna.

William Speer, que había ideado la investigación, pero que no había encontrado nada personalmente, redactó una editorial con los datos recogidos y confirmados, poniendo en evidencia al Presidente de los Estados Unidos. En su escrito lo criticaba por intentar mostrarse como inocente, cuando él tenía un trato habitual con William Cromwell, y este lo decía claramente, había organizado la revuelta en Panamá arreglando los acuerdos económicos y los tratos con los panameños de la siguiente forma: 30 millones para la sociedad propietaria del canal, y 10 millones para los revolucionarios y luego futuros gobernantes. Ese dinero fue entregado en un cheque del tesoro estadounidense a J.P. Morgan y CIA,  y no al gobierno francés como solía afirmar el Presidente para justificarse.

Además, había sido el World, decía Speer, el que había puesto en evidencia la corrupción sobre la construcción en Centroamérica, y con toda valentía el medio aceptaba el reto planteado por Roosevelt, y el pedido del Congreso de abrir una comisión de estudio para subsanar este asunto. El artículo de Speer, también contenía detalles minuciosos, incluso citaba el episodio que hoy en día parece increíble, de los 17 norteamericanos muertos en Panamá por una tajada de sandía de 5 centavos que no habían pagado a un frutero, por parecer muy alto el precio. Un rencor, convertido en justificación para azuzar al pueblo panameño a separarse de Colombia definitivamente.

Roosevelt no se hizo esperar y el día 15 de diciembre emitió un mensaje que decía: “No merece la pena decir que el conocido carácter de Mr. Pulitzer y su periódico (World) son tales que las afirmaciones de este periódico no las cree nadie”. Con el tiempo la gente pensaba que la pugna terminaría, pero el 17 de febrero se hizo pública la denuncia de que Joseph Pulitzer y su diario World eran acusados del delito de calumnia, también incluido el News de Indianápolis. Aquí empezaría la prensa norteamericana una encarnizada lucha por la libertad de expresión frente a la censura y amenaza del Gobierno de turno. El mismo periódico de Pulitzer sacaría títulos repetitivos como “Mr Roosevelt se equivoca. Él no puede amordazar el World”.

El litigio duraría años, hasta el punto de que Roosevelt, terminando ya su periodo presidencial, seguía impulsando la causa judicial en conjunto con jueces y fiscales para ver derrotado a Pulitzer. Tras concluir las investigaciones del caso Roosevelt contra Pulitzer, por la falta de veracidad de datos, la batalla legal llegaba a un callejón sin salida. El juez Anderson, uno de los que llevaban el caso, afirmaba que “si la historia de la libertad significa algo –si las garantías constitucionales valen para algo- este proceso debe decaer”. Roosevelt ante tal argumentación solo se limitó a decir: “Soy un asno y un animal”.

El 25 de enero de 1910 el juez Hough de New York rechazó la acusación contra el World y afirmaba que la petición de persecución contra la libertad de expresión se oponía al espíritu norteamericano. Así acababa la batalla contra un caso: el canal de Panamá; de un presidente carismático: Theodor Roosevelt; y una demanda contra la prensa: el World de Pulitzer, que con un gran espíritu investigativo había sabido llegar al meollo del asunto sobre la injusticia de dividir un país, y el problema de la corrupción reinante en la burocracia norteamericana.

Si bien el territorio de Panamá fue dividido, y el canal expropiado a los colombianos, el país sudamericano quedaría eternamente agradecido con el periodista Joseph Pulitzer que propuso y enseñó que la función de un periódico debe ser la de servir a la sociedad, comprender la realidad social, transformarla y hacer del medio de comunicación un instrumento de justicia para los demás. Incluso, afirmaba, al precio de sufrir censura, persecución y difamación, siempre en contra del buen periodismo de investigación.

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