Historia de la casa occidental

­

“¿Cómo eludir, pues la occidentalización?”

Vicente Verdú

 

«Por fortuna para mi, no soy propietario de ninguna casa»,

escribía ya Nietzsche en la Gaya ciencia, a lo que habría que añadir hoy:

es un principio moral no hacer de uno mismo su propia casa.

Theodor Adorno

 

No hay duda de que vivimos en la época de los espacios. Las ciudades están llenas de gente y lo que antes no era un problema ahora comienza a serlo: encontrar sitio y lugar. Los Shopping Mall, los hoteles, las playas, el transporte masivo, los aeropuertos, los cines, los bares, están llenos. Pero esas multitudes no surgieron de la nada. La ausencia de guerras mundiales, de virus y el auge del capitalismo parece ser razones para este crecimiento de 7.000 millones y algo más de personas en el mundo.

Cada grupo humano se ha instalado en los lugares preferentes, y los que no, se han acomodado en donde los pusieron. Así entonces la casa es uno de esos espacios personales que fueron configurados para ser habitados permanentemente por personas. Estuches diseñados por peritos para diferentes capas sociales, mayormente construcciones para familias obreras.

Sin embargo la historia de cómo se formaron las casas habitables y cómo fueron distribuidas, es antiquísima y su desarrollo se fue refinando, como todo, con el pasar del tiempo. Primero casas de piedra con cámaras subterráneas; luego casas adosadas con patio, sin puertas y solo con ventanas en el techo, como las de Çatal Hüyük; luego casas largas para clanes, familias, imperios; y posteriormente, el modelo de casa (como se conoce hasta hoy), implantado desde la revolución industrial y que viene estilizándose sin perder el diseño funcional y original.

Así es que hasta hace solo dos siglos atrás, las casas eran un espacio indiferenciado, y es con el pasar del tiempo que poco a poco este ambiente se especifica y se hace funcional. Las ciudades obreras de 1830 hasta 1870 dejarán modelos establecidos de hábitat, pues se instaurará de igual manera la familia obrera entre la sociedad. Se le va a prescribir un tipo de moralidad a los sujetos asignándole un espacio de vida: una habitación que es la cocina y el comedor, otra habitación para los padres donde se procrea, y la habitación de los hijos, la prole. [1]

 

home_lineart_mucci

 

Sobre esto último diría el sociólogo Oswald Spencer:

En realidad no son ya casas… Sino meras habitaciones creadas por la utilidad, y no por la sangre, por el espíritu de empresa económico, y no por el sentimiento. La gran ciudad es un mundo, es el mundo. Sólo como totalidad tiene el sentido de casa humana. Sus casas son meros átomos que la componen«[2].

Ante esto, no cabe duda el privilegio que fue hasta hace doscientos años atrás, que las casas tuvieran establos, jardines y estacionamientos adelante, y patio extenso atrás, además de lugares específicos donde se alojaba la clase servidora y la clase visitante. Esto desapareció  en el tiempo  (y existirán razones históricas, económicas, y sociales para justificarlo) para dar paso a la casa funcional, específica y recreada para la familia obrera, eje central o motor de la economía en la modernidad.

 

***

 

El hábitat físico como la conocemos hoy en Occidente, es un hecho enteramente moderno. Y entiéndase moderno como “modo”, “modificación”, o “moda” como lo de define magistralmente el filósofo español Ortega y Gasset. Por ello hay que evitar caer en la concepción general de situar las casas en el espacio y tiempo, como si estas hubiesen existido con una estructura y unas funciones similares. Estas edificaciones no siempre fueron lo que son ahora. Ni siquiera había una especie de distribución equitativa y justificada, espacialmente hablando, para cada miembro de la familia.

 

HDL121-FR-PE-BL-LG

 

La realidad es que la casa distribuida como se concibe y se construye hoy, es una invención que responde más a una necesidad de organización y de reducción del clan o familia, a círculo o núcleo familiar asimilable. No estaría de más decir que, esta reducción del espacio familiar, fue una forma de controlar la población o al menos de disociar el “gran grupo” y de fragmentar el poder social de las grandes “casas europeas”, las familias, las dinastías, y las tradiciones. En esta atomización influirían las guerras globales, la contiendas políticas y los intereses de grupos por crear nuevas lineas territoriales.

En el continente hispanoamericano, por ejemplo, la época colonizadora cambió radicalmente los modos de vida, de pensamiento y organización social. La influencia arquitectónica española y portuguesa son claves en la urbanística moderna, tanto en casas, como en grandes edificaciones que originalmente fueron asociadas a símbolos de poder. Esto daría pie a la forma y arquitectura en Latinoamérica como símbolo de dominación: las casas de gobierno, donde regía el virrey, y hasta el emperador, como en el caso de Maximiliano I, único monarca del denominado Segundo Imperio Mexicano.

Así entonces, la casa en América central y del sur, es uno de esos ambientes que tienen una distribución acorde al modelo occidental, es decir,  contienen una forma más restringida, y por lo tanto diferente en oposición a otras culturas como la europea o asiáticas también posee una identidad simbólica, porque cada espacio significa algo concretamente para sus habitantes, como lo describió el filósofo francés Michel Foucault.

 

home-design-sketch-plans-modern-bali-house_2142054

 

Descomponiendo las partes de una casa occidental, nos encontramos con que, en la estructura de una vivienda regular, la puerta de entrada nunca da a la pieza principal donde vive la familia y toda persona que pasa, todo visitante, puede perfectamente cruzar el umbral, sin conocer el interior de la intimidad. Tal dependencia está dispuesta de tal modo que el invitado no pueda acceder nunca al seno de la familia, ya que no es más que un visitante, en ningún momento es un verdadero huésped. Así en su ingreso se encontrará con el primer salón, el living, o cuarto de descanso, un detalle planificado que tiene una razón de antemano, ya que la sala principal, que se usa para el café, o el té, fue ideado para socializar con los otros y buscar un momento de ocio y de paz, no así para los orientales, que lo verdaderamente concebido para la paz del espíritu son los retretes.

Para un occidental un baño es solo un elemento accesorio, útil para necesidades esenciales como depósito de heces o lugar de aseo. De modo que la llamada “Eau de Toilette” (cambiado por eau de parfum), el agua de baño elaborada originalmente para ambientar los retretes de los reyes franceses, ya no se usa ahora para tal función sino para perfumar el cuerpo. Es más, no es común encontrar este aditamento en estos espacios privados para el aseo íntimo.

Los baños occidentales, empotrados dentro de las casas y edificaciones modernas, expresan esa actitud sexual y freudiana, de desear convivir con las heces en el interior. Excrementos que a su vez tienen que ver con el amor al dinero según Sigmund Freud. Heces y basura como sinónimos.  Otro elemento en Occidente es el concepto de descansar, de acostarse en el diván, la cama, o la recamara, se centra en el reponer fuerzas para continuar luego de ocho horas de trabajo (la teoría de los tres 8 sobre la que se basa el sistema capitalista); no así para los orientales, que irse a dormitar, o dormir como un muerto, significa retirarse consigo mismo, cerrarse al mundo exterior y asumir una postura de contemplación.

 

mezzanine_983

 

***

La casa es una centralidad en Occidente, en contraposición de Oriente donde se entiende que la vivienda y el jardín está determinado por la idea de que la casa misma es solamente un detalle que forma parte de la campiña o espacio que le rodea. Algo así como una joya que engarza y que armoniza con ella. De ahí que las viviendas emplazadas en pleno casco urbano, sean tan poco armoniosas como naturales: todas conservan un espacio configurado y geométricamente delimitado. Si hay ventanas, las hay para recibir aire, más no para apreciar un bello paisaje. Si hay una ducha es para lavar el cuerpo, no para filosofar. Las casas modernas en realidad son una ambientación o adorno dentro de la ciudad, ya que esta se reconstruye como un espacio teatral que funciona de acuerdo a un modelo tinglado.

Los apartamentos, departamentos, edificios y urbanizaciones son un intento por modelar un post-habitat que supere las deficiencias del diseño de casa, heredada de la familia nuclear obrera.  Los nuevos modelos de casas ecológicas, o casas “inteligentes” son una propuesta más que posmoderna, sobremoderna, es decir, modificadas y adecuadas a las necesidades, no solo personales sino ambientales. Entendiendo que el termino griego para casa, oikos, significa “Hogar, Tierra”.

¿Qué paso hay de las características espaciales de la casa, a la experiencia familiar del hogar?  Porque estar en casa –a decir de  Agnes Heller- puede equivaler a estar en casa en el espacio, y estar en casa en el tiempo[3].  Así que ¿Podemos afirmar que nuestros contemporáneos, a los que para simplificar denominaré postmodernos, están en casa en un tiempo y no en un lugar? Una pregunta que suena,resuena y que al hallarse, puede ser considera una razón de ser tan esencial para vivir como para existir.

 

csm_modum_610_ebenholz__33__5a8125dc1b

 


[1] Entrevista hecha por Jean Pierre-Barou a Michael Foucault en el Ojo del Poder. A propósito del panóptico de Jeremy Bentham. 1978.

[2] Theodor Adorno. Prismas. Spengler tras el ocaso. Colección Zetein-Estudios y Ensayos. Barcelona.1982. Pág 49

[3] Heller, Agnes. Una revisión de las teorías de las necesidades. Editorial Paidos. Barcelona.1996. Pág.128

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: