Entrevista al escritor André Parson sobre las notas al pie de página

El punto es encontrar citas inteligentes al pie. Eso es una rareza.

 

Diego Firmiano: Quisiera que habláramos un poco de un arte que ha sido olvidado quizá por considerarse que su uso es irrelevante, me refiero al pie de página.

André Parson: me parece que es un tema importante dentro de la estilística. Los ensayistas y especialmente los historiadores fueron muy dados a usar este recurso bibliográfico.

 

D.F:  Pero entonces, ¿existe algún génesis de este arte literario?

A.P:  Bueno, hablando concretamente sí. Su uso, más que su invención, se deriva del siglo XVIII, ya que es en esa época, enmarcada en la llamada “ilustración europea”, donde se hace necesario revisar todo, escribir todo y por supuesto, explicar todo. No bastaba con escribir, había que sobreescribir. Casi que al nivel del palimpsesto como lo dijo De Quincey.

En el caso de historiadores como Edward Gibbon (1737 – 1794), y en el siguiente siglo con Oswald Spengler (1880 – 1936), no podían darse el lujo de poner comentarios personales dentro del corpus de sus obras históricas y objetivas. Así que ellos usaron mucho este recurso, sin dejar de ser objetivos, por supuesto.

Un punto adicional o una coma personal dentro de sus obras, podía enloquecer todo lo que se conoce como historia occidental.

 

Oswald Spengler
Oswald Spengler (Blankenburg, 29 de mayo de 1880 – Múnich, 8 de mayo de 1936) fue un filósofo e historiador alemán, conocido principalmente por su obra La decadencia de Occidente.

 

D.F:  Pero si desde esa época de la humanidad se concibe el uso del pie de página, y se supone, como afirmó Hegel que el espíritu atraviesa la historia, ¿cómo entender entonces que ya no se recurra a este recurso estilístico?  ¿Es que acaso ya no tenemos historiadores, sino una filosofía de la historia?

A.P:  Quizá. Hoy la historia no tiene el mismo significado de antes. Ahora cada cual escribe desde su óptica y hasta se podría cuestionar si lo que nos transmite los noticiarios son hechos importantes que puedan ser llamados “la historia”.  Entonces, cada uno escribe según su cosmovisión, los materiales bibliográficos disponibles, además, por supuesto, de la ideología del investigador.

Los marxistas escribieron la historia con su propia mirada, igual que los capitalistas. Hoy recién se está rescatando “otra historia” dentro de la historia: la de las mujeres, los niños, las pequeñas minorías, etc.

 

D.F:  Pero volviendo al tema, entonces el pie de página ¿ya no se hace necesario usarlo?

A.P: Yo diría que la investigación moderna ha sido muy tímida con el asunto. Hoy el pie de página puede entorpecer o iluminar un texto. Claro que aún está vigente este recurso y todavía se usa. Sin embargo, hay que aclarar que no con la misma intención original que poseía antes.

Por ejemplo, tomemos a Gibbon, que ya lo mencioné. Este historiador se daba el lujo de poner comentarios personales sobre los escritos de Marco Aurelio, Orígenes o sobre la patrística en general.

Hoy eso sería una pedantería. Este estilo está reservado para los editores que lo usan más como una forma de explicar palabras en otros idiomas, o para anotar referencias según los nuevos modelos de citación académica, técnica, médica, etc.

 

Marco Aurelio
Marco Aurelio Antonino Augusto,​ apodado el Sabio o el Filósofo​ (Roma, 26 de abril de 121​-Vindobona o Sirmio, 17 de marzo de 180), fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte en 180.

 

D.F:  Además los manuales de estilo han normatizado el asunto. ¿no le parece?

A.P: Puede ser. En la academia cuando se requiere una tesis original, se sugiere al investigador que profundice sobre el tema a tratar. Ya los pie de página o referencias bibliográficas dentro de un texto dejaran ver la calidad de este. El esfuerzo. El sentimiento de escribir con profundidad.  Eso lo puede reconocer un asesor de tesis, un buen lector o un crítico.

Un trabajo de este tipo demuestra que se encontró tanta información al respecto que es imposible poner todo en el cuerpo del documento, y por ello es que se recurre al pie de página.

 

D.F: Totalmente acertado. Ahora, hay formas de citar según cada manual. En América se puede hacer en la parte inferior del trabajo o en la parte final. Eso lo regula los estándares APA.

A.P: El lugar es lo de menos, aunque hay que conservar una guía para que, estética y literariamente, el trabajo quede como un mapa de conocimiento bien elaborado. El punto es encontrar citas inteligentes al pie. Eso es una rareza.

 

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El proceso de escribir no es una tarea mecánica sino intelectual y creativa. Para tener un buen escrito necesitamos planificar, organizar, redactar revisar. Los pies de página son fundamentales.

 

D.F: Conoce algún autor moderno que use este arte en desuso.

A.P: Aquí hay algo maravilloso y es, que este “arte en desuso” como usted se refiere, -que a mí me parece valioso porque no está en desuso, sino que muchos no saben qué es y para qué es esta forma estilística- es usado a menudo en eso que llaman “narrativa posmoderna”.

En la novela, en la narrativa o cuentos y hasta el periodismo literario, esta forma es inexistente. Podríamos decir que es en la literatura Avant-pop que en cierta manera se ha recobrado el sentido de este estilo.

 

D.F:   ¿Algún autor en especial?

A.P:  Un par. Pero menciono a David Foster Wallace, por ejemplo, que en su monumental obra “La broma infinita”, un mamotreto de más de 1.000 páginas, casi 100 son de pie de páginas. Un número exorbitante de hojas referenciadas, además de comentarios del autor.

Obviamente los críticos -esa sanguijuelas menudas- consideraron esto como una manía del escritor y hasta una mala experiencia textual. Pero a mí me parece que eso dice mucho de ese complejo libro, libro que a propósito pocos quieren leer y no todos tienen el tiempo.

 

David Foster Wallace
David Foster Wallace (21 de febrero de 1962 – 12 de septiembre de 2008) fue un escritor estadounidense, muy conocido por su novela La broma infinita (Infinite Jest),​​ considerada por la revista Time como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa del período comprendido entre 1923 y 2006.

 

D.F:   Muchas gracias

A.P:  Gracias a ustedes

 

 

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