Mc Luhan y Finkielkraut como profetas


El medio es el mensaje.”
Herbert Marshall McLuhan


Nada hay más democrático, incluso que la democracia clásica, que la Internet. Si se mira de plano general se puede apreciar un mundo orwelliano, homogéneo, que no dista mucho del funcionamiento real de cualquier país: monedas, bancos, mapas, leyes, policía, tiendas, entretenimiento, delitos, personalidades múltiples, etc. 

En idea, se puede concebir también la Internet como un lugar de caos y anarquía, ya que no existen leyes precisas, y donde lugares como la deep web, pueden ser una utopía soñada; sin embargo, igual que en el mundo real, todo aparente orden (si es que existe) y libertad (o lo que sea) dentro de la gran maraña digital es intencional y para mantenerse como tal debe ser vigilada.

Ya la obediencia o sumisión de los ciudadanos, no se logra por el castigo o terror propio de los aparatos de Estado, sino por la promesa de placer, por la invitación a probar, a acceder, a hacer uso de las múltiples versiones de la libertad. La sociedad ya no funciona por encierro sino al aire libre, por control continuo y comunicación instantánea. Sin embargo, este concepto de libertad dentro de lo digital es tan condicionado, como un ratón ensayando en un laberinto.

No es la elección de “lo que quiero, cuando quiera, si quiero”, sino una elección fatal, ilusión volitiva de doble rasero si se quiere decir de alguna forma, porque Internet es el medio más adaptado a la ideología que preconiza el fin de la historia, no la de Francis Fukuyama, sino la desaparición de las fronteras territoriales e individuales y la perdida de la libertad total.

Los sentidos humanos parecen incompletos y sin uso adecuado, si carecen de la extensión digital moderna. Nuestra deficiente mente humana opta por gadgets como USB, la nube, u otros elementos para guardar información. ¿estamos ante el nacimiento del post-hombre? Lo virtual es indudablemente una prótesis necesaria de la civilización.

En esto Marshall McLuhan se convierte en el profeta mayor que vaticina, pero también previene. El sociólogo sugiera que se ha transcendido del mundo tribal de usar el oído, a la modernidad individualista de usar el ojo.  En otras palabras, la Internet como la extensión sensorial del hombre, pero no en el mero uso de un brazo, un ojo, el oído, la piel, etc, sino en la correlación teléfono: oído, boca; televisión, ojo oído; computadora: ojo, oído, manos, boca.

El cibernauta se convierte en un esclavo de su voluntad por el principio de placer que suscita lo novedoso e in.  Desde Ned Ludd, y los agudos apuntes de los sociólogos apocalípticos como France Telecom, Alvin Toffler y otros, se ve el naciente siglo como el del hombre-maquina. Desarrollo planetario digital, donde se fusiona el hombre y lo multimedia no muy distante de la narrativa de anticipación de R. Bradbury o I. Asimov. Aunque Alain Finkielkraut, que se resistía a la homogenización del individuo en “Internet, el éxtasis inquietante” aseguraba que:

Nuestra evolución en la Red corre el serio riesgo de traer aparejada una evaluación ininterrumpida, y con ella, una perpetua actualización de nuestro perfil de ciudadano o de consumidor… [] Entonces, muy pronto quizá ya no exista el derecho a borrarse o a existir sin dejar rastros. Habremos conquistado todos los derechos y perdido el derecho a la discreción.

Fronteras que ya no tiene paralelos. Si un régimen político es una idea aceptada sin explicación alguna más que por las teorías de Max Weber y los intereses económicos expuestos por Adam Smith, la Internet es una ideología que se acomoda a otras ideas aceptadas sin ningún juicio. O si se quiere usar de otra jerga, Internet es una nueva fe.

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