Indocumentado a lo García Marquéz

 

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Es muy difícil, emocional y económicamente, estar indocumentado en un país cualquiera. Sólo a Gabriel García Márquez allá en Venezuela, se le ocurrió hacer literatura de este tipo de ilegalidad y hasta de sentirse feliz. Vaya tiempos. Quizá fueron esos años mozos donde “romper las reglas” era un puro idealismo de rebelión.  Hoy no estar en regla es no existir, o existir sin vida, o flotar como un fantasma etéreo.

Desde que el hombre se apropió de la tierra, de la cual no es dueño, y empezó a usar las líneas pitagóricas extraídas de las estrellas, nacieron los llamados países.  Y de estos, los nacionalismos, y de estos la burocracia, y de estos las fronteras. Y así de repente se encuentra uno haciendo filas enormes para marcar un pasaporte para poder pasar por la línea imaginaria que divide un país de otro.

Sucedió en Ecuador. Una nación donde ir de un lugar a otro se torna una completa odisea. Es ese un país controlado de norte a sur y viceversa. Para entrar a la Quito la capital por cualquiera de sus ángulos (Perú o Colombia) necesita pasar por lo menos por tres filtros operativos: Uno policial, otro militar y otro de inteligencia. La razón de este nerviosismo no es nada más que el “aparato de control” propio de un país socialista.  Y Ecuador es una nación socialista con un socialismo al borde de la esquizofrenia, que gasta el dinero de los ciudadanos para implementar la vigilancia coercitiva.

Esta pequeña Suiza, que, si bien es competitiva, no lo es tanto como sus vecinos Colombia o Perú.  Y vaya si con ellos tiene un prontuario histórico de discordias. Acá se escucha que Ecuador era originalmente hasta Cali. Uno calla ante tal afirmación. Aunque basta con viajar por esas regiones del sur (si se está en Colombia) para darse cuenta de que estando en Pasto o Ipiales, le parece a uno en verdad estar ya en otro país. ¿O que alguien mencione, en cuál de los 34 departamentos restantes se come Cuy asado, o fritada (chicharrón con plátano frito) en bolsa, o conejo en sopa, o ají con tomate de árbol? Claro, el departamento de Nariño nunca será Ecuador.  Incluso esa región lleva el nombre de uno de nuestros próceres.

El problema con Perú es otro. Las peleas no han sido tanto por tierras como por líos sentimentales. La famosa guerra del Cenepa, donde cayeron miles de soldados de ambos bandos, terminó a raíz de que el presidente peruano de turno se enamoró de una ecuatoriana y terminó cediendo a las líneas fronterizas trazadas en un mapa. De esta rencilla, quedaron solo calificativos despectivos.  Los apodos de Gallinas para los peruanos, y de monos para los ecuatorianos.

¿qué significa estar indocumentado?  Es verlo todo como lo vio Gabriel García Márquez en Venezuela: una historia.

 

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