¿Qué significa usar lentes?

 

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Por: Diego Firmiano

No sé qué significa tener que usar lentes. O uno, es una muestra que se está haciendo buen uso de los ojos (lo que representa no un avance, sino un retroceso, ya que lo que debería ser experiencia, en realidad es una deficiencia); o dos, esa prótesis confiere un aire de inteligente desde que el viejo Walter Benjamín afirmara que un intelectual es una persona que tiene un par de lentes en la nariz y una primavera en el corazón. Me inclino por una tercera razón: usar lentes es una tarumbada.

Me fastidia que ese accesorio no cambie las cosas.  Uno ve mejor, pero ¿mirar qué? O lee mejor, pero ¿hay algo que valga la pena leer? Si eso supusiera tener una mirada nueva, todo sería diferente.  Estoy seguro que ni el fantástico Homero ni el maravilloso Borges, hubiesen querido recobrar su vista por nada en el mundo. La literatura hubiera perdido a dos de sus grandes si estos hubiesen llegado a ver hasta el final. No hay caso.

Igual que el cigarrillo, que antes pertenecía a una especie de elite de cáncer privado y luego, al popularizarse, perdió su sentido, pero no la posibilidad de cáncer de pulmón o de garganta, así los lentes, ya son un artículo de uso popular que hace cuestionar si vale la pena o no usar esas pupilas exteriores. Me abruma ir al oftalmólogo y tener que sentarme frente a un tablero con letras minúsculas y mayúsculas que apenas se ven, y usar esa máquina que te hace ver igual que una araña de ocho ojos.

Ese examen es igual que el test de Rorschach usada por los psicólogos, solo que los profesionales de los ojos no andan diciendo “ok, siéntate, que vamos a ver que dicen los ojos de tu personalidad. O cuánto debes pagar por unas lunas bifocales, progresivas con filtro UV”.  Ante ese tablero, de opción obligatoria, yo solo veo letras incoherentes, que bien, pueden ser otro idioma, quizá holandés o quechua y que se refiere a lo mismo.

Confundir una Z por una N vertical no es una buena señal. O decir que una Y es una X con las piernas cerradas.  No. La salud de los ojos la determina la boca, es decir, lo que los oftalmólogos afirmen debes aceptarlo «garantizado por la mirada de un especialista». Ehh… (me sobo la barbilla)  tomo una revista y miro de soslayo pensando que esto es una inconsistencia profesional.  ¡vamos! ¡vamos! seamos sinceros al afirmar que a los locos los diagnostican con la misma técnica oral. si alguien, con lentes o no, osa afirmar algo que no pertenezca al reino de la lógica, es la señal, que este debe estar encerrado con los mismos que hablen su idioma de incoherencias. Tenga este lentes o no. ¡recristo!

Los especialistas de los ojos deben odian a los herreros o a los odontólogos, porque estos, usan sus propias herramientas.  El herrero cuchillo de palo, el odontólogo, come, gracias a los dientes de otros, y los oftalmólogos en su mayoría no usan lentes (los que usen sons sospechosos). Esa es la carta de presentación y así se van mis reflexiones sobre los lentes ¿Para qué quiero ver mejor? Sigo buscando hoy algo que me lleve a exclamar como Louis Armstrong “¡que mundo tan maravilloso!”. Sigo con mi incógnita ¿qué significa usar lentes? El que tiene ojos para ver, que vea.

Posdata: tengo unos lentes color rojo, marca París, que pongo al lado de mis libros cuando leo. Me los pongo cuando me acuerdo, y como siempre, muerdo la pata mientras pienso.

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