La violencia hacia la vida

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En una ocasión me asaltó una duda relacionada con una situación de riesgo de parto y pregunté a una médica: “en caso de peligro durante una gestación materna ¿a quién salvan?” Sin parpadear, la profesional contestó: “a la madre. A la criatura nunca, porque quien va a preferir la vida de una persona adulta a un futuro delincuente”. La respuesta me dejó perplejo, porque si bien no representa toda la filosofía médica de los profesionales del Hospital San Jorge de Pereira, si lo es, los prejuicios hacia la vida.  ¿Por qué importa más el adulto al Estado? Lo será porque paga impuestos y así se puede sostener la rancia maquinaria del Gobierno. Hay en el mundo un odio visceral de unos contra todos, en materia de vida, derecho, bienestar y todo lo que tenga que ver con la felicidad de la persona.

Lo más doloroso es la violencia contra los niños.  Si bien en culturas como la espartana, griega y otras, los niños enfermos o deformes eran sin duda rechazados y despeñados, en lo que se supone es una democracia sana, preferir la muerte de un infante es la muestra de nuestro retroceso en la civilización. Hay que tener tripas para estar a favor del aborto o de la eutanasia o la pena de muerte y no hay razón alguna para aceptar tales prácticas médicas que se escapan a todo honor hipocrático, y que, bajo el amparo de modas, más que de leyes, terminan aceptándose por sugestión de la mayoría.

La rama médica ha perdido su rumbo. Pero nadie la culpa, ya que se dice eufemísticamente que el Estado no debe tener injerencia en materias de creencias, o de decisiones que afectan a la vida, pero, aun así, las leyes obligan a que los profesionales médicos, hagan la voluntad de los pacientes, que como afirmo, y afirmaré, actúan por modas de derechos humanos trasnacionales, más que por decisiones razonadas o sentidas.  Qué es más peligroso, ¿la legislación contra el espíritu o contra la vida?

¿por qué el odio hacia los niños? Por qué y por qué…

Resalto esas campañas que permiten a las madres que van a abortar que escuchen los latidos del corazón de sus futuras creaturas. Lo triste es que, aun así, persisten en su decisión de asesinar a una persona indefensa.  El razonamiento da para todo. Hasta para comprobar que, en las organizaciones feministas, la mayoría de ellas se jactan de haber abortado y celebran aquello, como si fuera el pase para ingresar a un tipo de organización que nada tiene que ver con la preservación de la vida.

Yo pienso, a propósito de tanto odio hacia el ser humano que profesan grupúsculos de avanzada, por qué el Estado no legaliza el homicidio. Sería algo equitativo en un mundo, donde asesinar al más débil es una razón de derecho y de modas.  Como dice el refrán popular acertadamente: “los que están a favor del aborto, nacieron”. ¿tanto se odian a si mismo, los integrantes de estos grupos pro-aborto?

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