El hacha de Miguel de Servet

«¡El hacha!, ¡El hacha! la hoguera no»
Últimas palabras del médico Miguel Servet frente a sus verdugos


Esta audio-entrada nació después de leer ese singular libro del escritor vienés Stefan Zweig titulado: Calvino contra Castellio. Un texto que se refiere a la intolerancia humana frente a la libertad de pensamiento, la tiranía versus la libre conciencia. Allí, en casi 200 páginas, se dilucida un episodio cruel de la historia que no deja de sorprendernos (un filósofo de la Ilustración dijo: «Donde hayan hombres siempre habrán tonterías») ya que ningún tipo de gobierno humano ha logrado ser tan eficaz como para conjugar en su estructura la libertad, la tolerancia, la libre expresión y otro valores humanistas, que serían el ideal de sociedad perfecta.

En un capítulo del referido libro, Stefan Zweig presenta al español Miguel de Servet, quien podríamos decir, fue el primer mártir científico quemado en la hoguera fanática del incipiente protestantismo europeo. Aunque hay que agregar, que no solo fue una muerte de connotación religiosa, sino también de tinte político, por el contexto del magnicidio, y por la sevicia del asesinato. Juan Calvino, a más de reformador, fue un gran tirano (a mayor poder, mayor desvarío) y porque no, impulsor de la empresa capitalista que se gestaba en ese entonces en el viejo continente. Idea esta del capital que luego retomaría Adam Smith y Max Weber en sus aportes al tema, y que no dejaría indiferente al viejo Karl Marx.

Y precisamente Max Weber, citando a León Trotsky, diría que todos los sistemas estatales, o gobiernos, subsisten gracias al terror y la fuerza, o en palabras del profeta ruso: «Dicho Estado sólo se puede definir sociológicamente por referencia a un medio específico que él, como toda asociación política, posee: la violencia física. Todo Estado está fundado en la violencia». Una violencia que desde el Renacimiento hasta la actualidad, se daría desde ángulos religiosos, políticos, sociales, y científicos, tratando de imponer una idea social noble, pero distorsionada: la democracia. Sistema bastante alejado, por supuesto, del original modelo griego.

Así entonces, esa cuota de sangre del siglo XVI donada por Miguel Servet, nos lleva a recordar también otras personalidades caídas en la hoguera de la intolerancia y el fanatismo, como lo fueron Giordano Bruno, Tomasso Campanella y otros, que desaparecerían para siempre en la historia, no así en el mundo de las ideas, porque pueden matar el cuerpo, no así el espíritu. Épocas estás durísimas sufridas por la humanidad, y errores cometidos bajo ese nefasto eslogan de «Por la razón o por la fuerza.» ¡Lamentable!

Termino esta corta introducción enfatizando que el pensador e intelectual francés Voltaire se concentraría con todas su fuerzas en preconizar seis libertades básicas, que hoy, precisamente debemos velar por ellas para que no se violen o se ultrajen en nombre de ese eufemismo denominado: «libertad».

Libertad de persona (No a la esclavitud)

Libertad de expresión y prensa

Libertad de conciencia

Libertad civil

Seguridad en la propiedad privada

Derecho al trabajo


Sin más, espero que  disfruten el audio, son tan solo 5 minutos de historia.


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