El brillo artificial de las estrellas

 

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“Las voluptuosidades del chulo

participan a la vez del ángel y del propietario”

Cohetes

Charles Baudelaire

 


 

 

Un día cualquiera, al levantarse y leer el periódico, se descubre con sorpresa que tu cantante favorito de música romántica en español era un tratante de blancas. ¿quién? Joan Sebastián.  Pero por qué sorprende ya que el poder y la fama no engrandece a la gente sino que la muestra tal como es en realidad.  La culpa no viene del mundo de la música, ni del músico, ni aun de la gente que aún cree que la televisión hace cultura y por ello idealizan a quien sale en cámaras: deportistas, políticos, reverendos, humoristas. Es solo cuando se ve caer una estrella que se descubre que el universo no era infinito y que las estrellas no tenían luz propia.

Sería necedad buscar culpables en estas revelaciones póstumas o postmorten de los famosos, igual la gente exclama: “no importa, a un buen artista se le perdona todo” o “lo importante era el arte y no el artista”.  La industria del cine, la música y la literatura manejan ese doble rasero entre arte y persona, o mejor entre producción y vida privada. Una escisión lamentable, si se entiende que artistas como Prince, o Héctor Lavoe y otros, entonaban en sus canciones abiertamente el malestar de ser los grandes artistas ante el público, pero los más profundos miserables en su vida privada y ante sus denigrantes contratos discográficos.

Sucedió con todos esos jóvenes músicos de la llamada edad maldita, (los 27) incluyendo al recién suicidado Chris Cornell, que, aunque no tuviera la maldición de los cantantes legendarios, combinaron esa vieja máxima de mi body is cage con drogas, desprecio por los medios, una pistola o una soga.

Es una verdad que muchas estrellas que hoy brillan, mañana serán opacadas por esa misma gente, o esos mismos medios que le confirieron lustro mientras producían para la industria. Ya es conocida la frase “con palmas los reciben, con clavos los traspasan”.

Esto es un retrato crudo, pero prefiero creer que en la sociedad hay tres tipos de personas: los positivos, que ven todo el rosado, los negativos que ven todo en negro, y los meliaristas, que ven todo con el color que son las cosas.

No sería extraño que Johnny Rivera, ese ídolo que trillamos en los feriados y diciembres, un día sea noticia quizá porque tenía un burdel donde se prostituían menores o que su producción fue financiada por paramilitares emplazados en Risaralda. Especulación personal, que nada tiene que ver con nuestro artista popular, ya que al final quien le guste esa voz destemplada que se la sufra. Yo también estuve mucho tiempo ante cámaras, y se da por entendido que esos ámbitos llamados “mundo del show” son el lugar desde donde las estrellas caen, unas silenciosas, otras con estruendo y otras se mantienen con luz artificial.

La palabra “persona” significa mascara en su etimología. Por eso cuando dicen, es una gran persona porque salen ante las cámaras, hay que evitar hacer juicios de valor hasta que los frutos maduren. La vanidad si no se sabe manejar, puede arruinar a muchos artistas, como lo demuestra la historia. Que descanse en paz Joan Sebastian, y que la encuentren también las dolientes en la justicia mexicana, si es que existe una en esa latitud.

 

 

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