Círculos sin centro

 

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¿Pueden verlo? Vivimos en una era donde la gente es tan insatisfecha que la vía ética es esperar o desear la muerte.  No hay que culpar a la pistola, ni a la soga, ni al veneno, el hombre es el verdadero homicida. Se mata a Dios, pero dejan intacto al ego. Trabajo inconcluso.  En el corazón del hombre hay un deseo insaciable de Ser, por eso corre y da cardenales al viento en una pelea que sabe, va a perder.  Llegar a Ser es tan utópico como pretender cartografiar el universo.

Esta acedia que no llena es la realidad que vemos en los escritores, también en los pobres, en los conejos de noruega, y en aquellos solitarios que abundan por millones como residuos del capitalismo.  Pico della Mirandola hoy sería un indigente más de un barrio. Un número más en el Sisben. O una persona más en la fila de espera de un supermercado.

Esta es una generación estúpidamente educada y científica. ¿más conocimiento, mejor vida? Jamás un argumento ha sido más nocivo. La humanidad va en retroceso empujada por una pequeña idea que está enterrando a todo el mundo llamada: “razón”. Un eufemismo, contiene más razón que una enseñanza ética. Las cosas por ahora marchan así. Es lo que el judío del maletín llamó “Calle de sentido único.”

La ciencia apenas roza las necesidades reales de la gente y la educación sigue siendo de élite. ¿Qué los libros están ahí? Ah, está bien. ¿Han visto un pobre educado y capaz, frente a un inepto con título? Muy bien, entonces hemos visto lo mismo y sabemos en qué termina todo el sistema de competencias. Diógenes falsificó moneda, ¿pero qué hace un perro con dinero? Al mejor filosofo no lo opacó la luz de Alejandro, prefería el sol.  Era pobre, pero en el fondo rico.

La marcada diferencia de clases o capas sociales ideada en Atenas, (los más míticos, alegarán que este origen viene de la Atlántida), han alejado al hombre del hombre. Igual que el comunismo y su fallido sueño de colectividad universal.  Toda esperanza de progreso humano está perdida desde el comienzo. Esta es la generación de los que flotan, los que gravitan con insatisfacción, los que sentados ponen sus manos en la sien y se frotan porque creen que la acedia se aloja en la mente.  Los que caminan con un sentimiento de mariposas en los bolsillos, frente a los que tienen elefantes en su corazón que no les deja ver al prójimo.

El hombre como medida de todas las cosas se ha desplazado a la periferia. O mejor, el hombre ha desplazado al hombre, tan lejos del centro, que el frio es evidente. Para decepción, el hombre no es el centro del universo, tampoco la tierra, mucho menos el sol, e inverosímilmente, nuestra galaxia tampoco. Gravitamos. Somos círculos sin centro.

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