El diablo es colombiano

 

Bronx_El_Mito-Juan-Diego-Cano

*Banda Sonora de esta entrada: Atwa – System of a Down.

 

Cómo hablar de la miseria humana que se vive (o vivió) en el Bronx en Bogotá, sin usar filosofía, ni metáforas, ni símiles. Cómo describir el horror, violencia y depravación humana sin cambiar la realidad por la inventiva para sonar mejor a los lectores. ¡Imposible!. Ya que un escritor no es solo dedos y ojos. También es corazón y debe sentir antes de poder contar. ¿conocí el Bronx? Si, y no salgo del asombro al pensar que ni la fe, ni la razón, ni la policía, tuvo jurisdicción en ese no-lugar.

Porque cuesta entender, por ejemplo, la decisión de una adicta de entregar su hija de dos años a un jíbaro (dealer, jonky) para que sacie sus instintos más bajos a cambio de la droga más barata: bazuco; o el ver que un hombre, a plena luz del día es descuartizado a machetazos mientras pide clemencia,  para luego sus asesinos, que en realidad era cobradores, patear sus miembros hasta desaparecerlo en una alcantarilla infestada de ratas; o el doctor, graduado en Europa, con especialización en Cuba,  que en una fiesta del norte de Bogotá coqueteó con la perica para casarse con el zuko*, y terminar en el Bronx, haciendo abortos a 2.000 pesos para continuar con su dependencia.

Y así, tres realidades aisladas, azarosas, demuestran que el infierno existe y su fundador, el diablo, es colombiano. Todo lo que una imaginación oscura pueda fabricar, se ideó antes allí, o desde allí. Los círculos infernales de Dante son un bosquejo literario, frente al lugar donde los círculos están deformadamente sobrepuestos.

En una misma casa, cuarto, olla, subterráneo, pozo, pared, se encontraban cantantes, políticos, lesbianas, periodistas, secretarias, policías, sacerdotes, niños, pilotos, inhalando pegamento amarillo, PVC, gasolina;  fumando bazuco, crack, marihuana; inyectándose heroína, “mona”, morfina combinada, cristal.

En otra antro (círculo), apostados los asesinos, psicópatas, violadores, fumacoca, a la espera de ajusticiar  brutalmente a un faltón, soplón, deudor, o alguien que simplemente no se adapta bien al sistema infernal allí instituido; o cocinando algún feto de aborto para comer, que compraron a precio de huevo en el mundo subterráneo del Bronx.

Hoy este lugar parece estar despojado de sus habitantes, pero no de sus historias. La alcaldía de Bogotá planea desarrollar el sector que está casi a 800 metros de la Casa de Nariño. No sin encontrar resistencia de los moradores, los criminales y los enemigos políticos de Enrique Peñalosa.

Es un hecho, aunque todos sabíamos lo que sucedía allá. Nadie debe hacerse el de la oreja mocha.  Por que el Bronx era el lugar de peregrinaje de todos los adictos de Colombia creados en las regiones. Alguna vez escuché decir a uno de ellos, a lo John Milton, que en la capital  existía “el paraíso sobre la tierra”. En ese entonces ignoraba que “ellos” ven (o veían) ese lugar  como un país dentro de otro donde habita gente sin identidad, sexo, reloj, familia, sin espíritu, sin futuro, pero eso si, –recuerdo que se sobaba las manos– con droga al por mayor y al detal.  Eso era lo idílico. Lo terrorífico era las personas dispuestas a ofrecer su cuerpo, su dedo para gatillar, sus órganos al mejor postor, incluso a sus propios hijos o hijas, con tal de conseguir el elixir de ese paraíso: bazuco, bazuco, bazuco.

Edgar Allan Poe hubiera renunciado a escribir sus libros macabros, si un día hubiese llegado a imaginar un lugar como el Bronx.  Alfred Hitchcock sería un Dios cinematográfico (incluso, suponiendo que incursionaría a fuerza de lid en el cine Snuff);  Albert Kinsey terminaría su libro inconcluso sobre la sexualidad de los niños y el Marqués de Sade sería un apóstol.

Se borrará el Bronx como lugar, pero los que alguna vez vivieron allí, o peregrinaron, les será imposible borrar de su mente lo que vieron. Aun así, habrán muchos adictos errantes que continuarán buscando su “paraíso perdido” o su “infierno personal” porque adictos o no, somos como conejos noruegos que nos precipitamos a la muerte todos los días.

Banda sonora:

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