Autopsia de un número

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El filósofo alemán  (aunque más astrólogo y un experto en esta materia) Hajo Banzhaf, en su libro La simbología y el significado de los números[1], afirma que la cifra 666 supone un enigma desde hace casi 2000 años que aún no ha sido resuelto satisfactoriamente, y que no ha habido generación alguna en el mundo occidental cristiano que haya podido dar una interpretación clara y convincente de este número. Lo afirma radicalmente.  Pero Banzhaf al llegar a estas conclusiones se equivocaba respecto a una cosa. O fue por lo menos impreciso.  Y era el hecho de que este se apoyaba solo en la revelación apocalíptica del apóstol Juan en la isla de Patmos  y la simbología que dejó consignada en el libro de Revelación capítulo 13 verso 18.

Él, junto con Juan, creía que este significaba, sin más, el signo del maligno (la bestia) y  específicamente simbolizaba el nombre de una persona.  En esta deducción no hubo nada nuevo.  Fue desde el sentido común que Banzhaf se arriesgó a afirmar que el 666 se ha relacionado con personajes históricamente hostiles como Nerón, Calígula, Mahoma, Martín Lutero, Hitler, Osama Bin Laden, incluso con la famosa sigla www, de nuestros exploradores de internet.

 

Banzhaf fue un astrólogo que creía en la Cábala judía, la aritmología  y en el poder cualitativo de los números y en su campo de investigación cometío el error de no ir a las fuentes griegas y latinas para investigar sobre la polémica cifra que tiene a occidente bajo supersticiones oscuras.

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Fue un filosofo, astrólogo, y autor de vastos libros sobre el esoterismo.

Hasta cierto punto se entiende que no se haya explayado escribiendo sobre el tema ya que su obra fue y es un trabajo integral sobre la aritmología, con muchos rasgos de catálogo tarotista. En este su libro cuanto más se acercaba a las respuestas que buscaba sobre el número, más lejanas le parecían.  De ahí que hubiese sido más tranquilizante concluir de que nadie en occidente, hasta hoy, haya podido dilucidar el misterio del 666.

Ahora, es claro que en Occidente los números siempre han sido muy importantes.  Nuestra civilización descansa sobre ellos. Desde la numeración hindu-arábiga, los pitagóricos, pasando por Descartes, Newton, Einstein, Russell,  se viene comprobando que la razón es más numérica que espiritual.  Y por eso es que para nosotros, los occidentales, lo que no se entiende, se encasilla fácilmente en etiquetas como irracional, religioso, mítico o supersticioso. Y eso es lo sumamente extraño, porque la abstracción, una categoría del pensamiento lógico, no tiene asidero racional.  Ya el lingüista Ferdinand de Saussure decía que desde el momento en que un sistema de símbolos se vuelve independiente de los objetos designados, él mismo está sujeto a sufrir cambios que son incalculables[2].  

 

Y eso fue precisamente lo que sucedió con el contexto original del número que nos legó la cultura Judeo-cristiana a occidente. El tiempo y la mentalidad de las épocas, crearon supersticiones (paradigmas mentales) y elaboraron todo tipo de misterios ocultos, religiones, y se formó (de una manera que desconozco, aunque se intuye que la edad media tiene mucho que ver) un miedo irracional, relacionando el 666 con el demonio o satanás.

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El papiro 115 es un fragmento de un manuscrito del Nuevo testamento escrito en Griego.

La conclusión hermética que proclamaba Banzhaf en su obra, se abrió por fin ante el descubrimiento  de un papiro fichado como el 115, encontrado a la mitad del siglo III en Egipto y olvidado por los investigadores. Un manuscrito con un formato de 15.5 x 23.5 cm, y un promedio de 33 líneas por pagina que contenía la mayor parte de escritos sobre el llamado libro de Apocalipsis.  En este manuscrito, revisado minuciosamente por exegetas, se descubrió que el famoso número de la bestia estaba registrado en la tercera línea con las letras griegas jónicas XIS, el cual era 616 no 666.

Es sabido que para los griegos, romanos, hebreos y latinos, cada letra del nombre de una persona tenía un valor numérico.  El valor de todas esas letras sumadas daba un número específico. Así entonces las tres letras XIS encontradas en el papiro 115 sumadas daban el nombre del emperador Domiciano, apodado “La Bestia humana”. El valor numérico era el siguiente:

 

(X) Ji= 600,

(I) Iota= 10,

(S) Capa Final (una letra que ya noexiste en el vocabulario griego)= 6

Numero

El número original que usó Juan, el último discípulo de Jesús, fue 616 no 666 como se cree tradicionalmente. El nombre, casi que encriptado, para referirse a Domiciano, era este número. Y queda claro, como, anotó la catedrática de teología de Harvard Elisabeth Schussler que aunque los lectores originales pudiesen haber sabido a quién se refería el autor, en realidad no lo sabían porque eran capaces de descomponer el significado de 666, sino porque, al conocer de antemano el referente histórico, podían descifrar el significado del número[3].

Así se entiende entonces que sucesivamente cada copista de las escrituras modificara levemente este número para contextualizar y simbolizar  con ello, la bestia, o gobernantes tiranos que le tocaba enfrentar en sus respectivas épocas.  Por ejemplo, se ha comprobado que el papiro 142 que también contiene fragmentos del libro de Revelación contiene el número 516 y otros manuscritos conservan cifras como 550 o 551 para simbolizar “La Bestia”.

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San Jerónimo. De Guiseppe Antonio Petrini.

Entonces ¿cómo fue que nos llegó el 666 como un número en la biblia? Hay una razón histórica para ello.  Uno de los primeros documentos que menciona el número es la versión bíblica llamada Vulgata Latina que fue transcrita por Jerónimo a finales del siglo IV e inicios del V. El problema que se había suscitado y por el cual Jerónimo se animó a introducir el 666 descansa en  dos razones, aunque no por ello justificadas:

 

Una, el hecho de que la lengua latina comenzaba a hablarse a mediados del siglo IV y V y el griego, hebreo y arameo, eran lenguas que estaban quedando rezagadas en su uso personal. Las escrituras estaban escritas precisamente en esos idiomas.  Así que lo que hace Jerónimo es traducir las escrituras de estos idiomas que estaban quedando en desuso y su traducción se convirtió en un texto de referencia, casi que obligado para las futuras copias de la biblia en occidente.

Y dos, al autor de la Vulgata Latina,  de una de las copias en las cuales se apoyó para la traducción, estableció el nuevo cambio de número, aplicando el valor numérico de la bestia que regía en ese momento, que era el emperador Juliano, llamado “El apóstata”.

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El emperador Juliano, apodado «El Apóstata»

Este fue, por así decirlo, el código con el que el patriarca cristiano identificaba al emperador que estaba empezando a renegar de casi cuatro siglos de cristianismo en la roma imperial. Más de 1500 años se lleva traduciendo este número sin modificación alguna.  El 666 o número de la “bestia” que se tiene en las traducciones bíblicas y 1.500 años que lo contemplan, no es el que escribió el apóstol Juan y que además, ese y según distintos papiros, fue cambiando a lo largo de la historia y adaptado al tirano de turno como ya se expuso.

 

Dicho número actual, que se le adjudicó a Juliano “el apóstata” nada tiene que ver con alguna señal identificadora que nos sea útil a nosotros los que vivimos en la actualidad, pues no se trata más que de un simple número resultante de sumar los valores de las letras del nombre del personaje que se quería describir con el mismo. El  significado de connotación satánica que se la ha transmitido se deriva de que este número simple, ha tenido una historia profundamente distorsionada.

Hoy, intentar esclarecer este asunto en el imaginario social, es un asunto utópico. Sobre el 666 se han sacado canciones, se han formado sectas religiosas, se han creado mitos e ideas falsas.  Y el pensar que el mundo gira, es pensar que gira con sus paradigmas y sus supersticiones que le atan y le obligan a imaginar, aunque no necesariamente a pensar.

______________________________

[1] Hajo, Banzhaf. La simbología y el significado de los números. Editorial EDAF. 2007. Fuentelabrada. Madrid. Página 193

[2] Cita de Saussure, pág. 23 encontrada en el libro xxxx

[3] Schussler Elisabeth. Apocalipsis. Colección Agora. 2003. Navarra. España. Página 19.

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