El onanismo del viejo Rousseau

“El niño va del chupeteo al onanismo”
[De amamantar el pecho de su madre a masturbarse.]
―Sigmund Freud


En 1762 el célebre médico francés Samuel Auguste David Tissot, en correspondencia con Jean Jacques Rousseau, le envía una copia de una obra referente a la masturbación titulada Onania, que no era del doctor, ni era francesa, sino una traducción de la obra con el mismo nombre publicada en Inglaterra en 1712 por un autor anónimo.

El libro había soportado 28 ediciones (Voltaire diría que 80 para exagerar su importancia) y en ésta edición francesa, elaborada por Tissot, iban incluidas modificaciones y agregados como nuevas fórmulas médicas para curar la masturbación, tal como lo exponía el original.  Rousseau, agradecería el gesto literario y leería la obra de un sólo tirón por ser este un tema que le incitaba a la reflexión, ya que tenía mucho que ver con su vida íntima.

En respuesta a su correspondencia con Tissot, le aclara, que aunque no era proclive a leer obras médicas, esta, sin duda, no pudo dejar de leerla hasta el final desde que tocó la primera hoja. De aquello solo lamentaba el hecho de no haberla conocido antes para haberla usarlo como referencia en su obra recién impresa (dos meses antes) Emilio.

Cuando Tissot le envío la copia de Onania,  lo hizo con el espíritu de un colega en el terreno de la causa moral, y para contrarrestar el avance de un nuevo vicio que estaba empezando a definirse en el mundo ilustrado: La masturbación. Eran tiempos donde la secularización de la sociedad iba en avance y en la separación de la religión de la sociedad o ciencia, los ilustrados empezaban a confrontarse con el tema de la moralidad y su amplio terreno.

Y es en la obra Las Confesiones de Rousseau, cuando este relata su relación con la masturbación y su lugar en la constitución de su propia sexualidad. En esencia esta su obra son las confesiones de un hombre adulto sobre su propia adolescencia y juventud.  Paradójicamente el autor que en el Emilio decía que sería pernicioso que el alumno se inicie en las prácticas de la masturbación por ser una forma de esclavitud y auto abuso, él mismo luchaba desde adolescente con el vicio del autoplacer, nacido en sí mismo de una forma bastante curiosa.

Siendo una adolescente y quedando bajo tutela de su tío Bernard Rousseau, este lo envió junto con su hijo a la aldea de Bossey a estudiar como interno en la casa del pastor Lambercier, para ser educado, no bajo los estudios de Grecia y Roma, sino en las nociones del latín y el catecismo. El pastor había designado a su hermana madeimoselle Lambercier para vigilar y regañar a los niños, aunque en ocasiones recurrió a la azotaina para reprenderlos.  Castigo nuevo para Rousseau que en vez de ocasionarle dolor, le producía una especie de placer que la misma madeimoselle se daría cuenta, y bajo pretexto y sin reparos, los alojaría a los dos en un dormitorio aparte del suyo. Por mucho tiempo, la imagen de la hermana del pastor se convertiría en objeto de un oscuro deseo que comenzaba a desarrollarse en la febril imaginación del futuro filósofo y pedagogo.

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