Sade, la progenie y la ruptura del lazo de Himeneo

“Il est bon d’être charitable

Mais avec qui? Voilà le point”

Donatien Alphonse François

 

“Verá, el marqués de Sade, prototipo cultural francés,

Nunca ha sido bien visto en Estados Unidos”

Juan Francisco Ferré

Karnaval

“Uno siempre tiene que volver a Sade …para explicar el mal”

Ch. Baudelaire

 

En vida, el marqués de Sade engendró con su esposa Renée-Pélagie de Montruil, apodada la “Marquesa de Sade”, tres hijos: dos hombres y una mujer. Está fue la única familia que se procuró como una forma de cumplir con su deber social en Francia, pero en esencia, el marqués sentía un serio repudio por pertenecer a una: “perdonad mis defectos, es el gran espíritu de la familia que me domina y si debo hacerme un reproche, es de haber tenido la desgracia de nacer en una”. Una percepción del desencanto familiar propia de un materialista. Y así es que llega a poner de manifestó con sus razonamientos el por qué los padres aman a los hijos: “estos últimos lazos fueron frutos del pavor que sintieron los padres a ser abandonados en su vejez, y los cuidados interesados que tienen para con nosotros en nuestra infancia son sólo para merecer luego las mismas atenciones en su postrera edad[1].

Es cierto que sus pensamientos personales no son indiferentes a los diálogos de los personajes que crea en sus novelas; por eso es que Dolmancé, su personaje de la Filosofía del Tocador, sujeto cínico y consecuente en el vicio que tiene siempre en los labios una sofística ingeniosa para cada situación, es el álter ego del marqués. Dolmancé da una explicación de la relación “quimérica” entre padres e hijos: “…al destruir completamente todos los lazos del himen no nacen como frutos del placer de la mujer, sino unos hijos a los cuales el conocimiento de su padre les está absolutamente prohibido, y con esto se anula los lazos que les hacen sentir que no pertenecen más que a una familia, en lugar de ser, como deben serlo, únicamente los hijos de la patria”.

Y ya en este sentido, en la realidad y fuera de la narrativa, es que el marqués con su filosofía, -a decir de Th. Adorno- impulsa la disolución de los vínculos, y al referirse a sus hijos, explícitamente alegaba que ellos no pertenecen más que a la república, ya que son hijos de la patria, solo así, -según sus razonamientos- podrán llegar a ser ciudadanos[2]. De esta manera, la manutención de la progenie, que era vista como una carga se dejaba a la tutela del Estado, que “desembarazando” al matrimonio de tal responsabilidad, evitaba divisiones y llevaba a los esposos –a decir de Sade- a vivir en las rosas de himeneo, sin sentir jamás sus espinas.[3].

Para él, la idea de familia burgués representaba los “límites” de su libertad. Por eso, es que sin dudarlo, se libera del marco familiar para ser fiel con su «libertinage erudit» y sin relaciones de afecto sólidas, justifica una radical separación entre su vida familiar y sus placeres privados.

¿Pero qué motivos llevó a Sade a engendrar tres hijos en su mujer? Simone de Beauvoir dirá que su móvil fue unir delicias tan sutiles como la maldad y la ternura; también sus razones estribaban, como ya se dijo, en el cumplimiento de un deber socialmente establecido.[4] Sin embargo como padre (contradictoriamente) les confiere la legalidad del apellido; sus tres hijos son Louis-Marie de Sade; Donatien-Claude Armand de Sade y una mujer, Madeleine-Laure de Sade.

Su primogénito Louis-Marie, nacido en 1764, logró crearse una reputación honorable tanto como escritor y como hombre. Desde su juventud, reveló grandes inclinaciones filantrópicas y morales. Escribió una “Historia de la Nación Francesa” basada en sólidas investigaciones documentales y aquello le valió ser elegido miembro de la “Academia Céltica”.[5] ; Donatien-Claude siempre mostró un gran interés por la literatura, las matemáticas y la danza; Madeleine-Laure que era poco agraciada y que tenía a todas luces el mismo carácter de su padre, era “colérica como un pavo”, lo que llevó al marqués a decir que era retrasada en todos los sentidos y desprovista de cualquier don natural.[6] Para referirse a ella delante de su madre, la llama despectivamente “esa gorda campesina”.

Todos ellos, por motivos de la revolución emigran hacia Alemania y ponen a su padre en una posición políticamente difícil. Ser padre de emigrados era casi sinónimo de enemigo de la revolución. Pero eso no le importa al marqués, a lo que teme realmente es a la guillotina a la que siempre está expuesto y que le produce daños psicológicos, como le escribió en una carta a su abogado Gaufridy. Hasta ese momento Sade lleva 14 años sin ver a sus hijos, y no los volverá a ver porque siete años antes, el Châtelet de Paris por una orden escrita lo despoja de sus bienes y de su derecho paterno[7].

El 1 de Abril, de 1790, Sade es puesto en libertad. Estaba a punto de cumplir cincuenta años y era un hombre de cabello escaso, cano y obeso. Lo primero que hace en libertad es ir al convento de Saint-Aure a reunirse con su esposa Renée, pero ésta está decidida radicalmente a divorciarse de él. Su reputación como marquesa está manchada y ahora Pélagie tiene una perspectiva diferente respecto a su condición de mujer sumisa y abnegada. Su matrimonio y su familia sufren un desenlace inesperado y el tiempo se encarga de “pasarle factura” al marqués por su «libertinage erudit» que lo ha hecho perder sus seres queridos; Sade se encuentra totalmente desvalido, en la calle, sin dinero, sin hogar, y sobre todo sin el apoyo de su esposa e hijos.

Abandonado, y recluido en el manicomio de Charenton, el marqués de Sade muere el sábado 2 de diciembre de 1814. En su testamento, que escribe previamente con sumo cuidado, revelaba la intención de no dejar un legado, ni siquiera desea una ceremonia familiar. Le pide a su sepulturero, el señor Lenormand, que si desea hacerse acompañar en la ceremonia, puede hacerlo de sus parientes o amigos que quieran darle está última prueba de amistad, ya que no tiene una plena seguridad de que su círculo familiar lo honrará con pompas fúnebres en su honor.

No se sabe si por voluntad pos-morten del marqués o por iniciativa propia de su segundo hijo Donatien Claude Armand, que este quema cientos de páginas escritas por su padre. Entre ellos un escrito llamado Refutación de Fenelón, del cual solo se salvó el título y que se sabe pertenecía a un intento del marqués de reunir en un volumen todos sus textos ateos, a raíz de la firma del Concordato entre la iglesia y el imperio en 1802. También los diarios íntimos, los diez volúmenes de sus jornadas de Florabelle y sus libros prohibidos.

Las razones que llevó a que su segundo hijo menospreciara los trabajos de su padre y los condenara al fuego y al olvido permanecerán ocultas; pero en vida, Sade no necesitaba nada que la filosofía del sexo no pudiera darle[8]. Su libertinaje le había confiscado todo su interés y el tiempo le pasaba factura. Era obvio. Si para los niños (franceses o no) los padres representan el comienzo de la única autoridad y la fuente de toda creencia, entonces el marqués asesinó la paternidad en ellos. No solo por los catorce años que dejó de verlos mientras estaba encarcelado, sino por su filosofía de la familia que rompía los lazos de Himeneo. Es evidente que el filósofo ilustrado de la sexualidad, como con casi todo, afloja los lazos familiares con argumentos para nunca más volverlos a unir: “¡Acaso -dice- ha de ser eso lo que debe impedirnos ceder ante el ídolo del prestigio! ¿Honor…mujeres…hijos?”. Sus hijos, lo relegaron al olvido como se dejan los dioses abandonados del panteón.

 

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[1] Adorno, W, Theodor. Dialéctica de la Ilustración. Versión E-pub. Pág. 144.

[2] No hay que perder de vista la filosofía de la familia, que en pleno apogeo revolucionario y amor patriótico, definía a los hombres libres e ilustrados de Francia. Visión paterna también justificada por personalidades como Rousseau, Voltaire, Diderot, entre otros, que hacían pensar sobre la gran brecha entre engendrar hijos y dejar una descendencia.

[3] Sade de Marqués. Elogio de la insurrección. Editorial el Viejo Topo. España.1988. Pág. 113. La Utopía De Zamé (De Aliñe et Valcour ou le Román philosophique, 1795).

[4] De Beavouir, Simone. El Marqués de Sade. Ediciones Leviatán. Argentina. Pág. 9.

[5] Eugene, Duehren. El Marqués de Sade: la civilización frente a las costumbres, y el hombre frente al vacío. Ed. Proyecto Espartaco. Pág. 129.

[6] Mares, Roberto. Marqués de Sade. Colección: los grandes. Grupo editorial Tomo, S.A. México. 2004. Pág. 109.

[7] León, Alberto Pinzón. El pensamiento político de Sade. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá-Colombia. Pág. 8.

[8] Véase “Sade o la Filosofía de la Sexualidad”. Portal periodístico de investigación Tras La Cola de la Rata. http://www.traslacoladelarata.com/2013/04/27/sade-o-la-filosofia-de-la-sexualidad/ Acceso: 27 Abril. 2014

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