Las Hetairas de Barcelona

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En una noche tristemente fría y adornada de un gran chubasco, una mujer corre por entre las ramblas de la ciudad. Es joven, delgada, con un cuello deliciosamente hermoso, su vestido rojo se ondea como una bandera, lo aprieta, y con su otra mano afirma los tacones rosados. Su rostro habla. Guarda un silencio bello. Sus ojos dan la impresión de que miran como a través de una máscara. Ella corre y parece danzar. No es la noche de la bestia, y no huye de un depravado sexual o un feminicida, sino de un hombre que quiere saber su verdadero nombre. La ha presionado para que se lo diga. La mera petición la indispuso. Enloqueció su lógica y sus químicas internas. ¿Estamos preparadas, lo están ellos? Pensó irónicamente.

Se arrobó ante la idea de intentar comprender el por qué existen hombres tan infames sobre la tierra, tan desalmados y sin entendimiento sobre cómo tratar a las mujeres como a ella, que no le interesa ningún contacto humano en todo el sentido de la palabra. Si supieran lo que ellas quieren, jamás pagarían por sus servicios, ya que todos los gustos pagados son desabridos.

Ella no desea decir su nombre, es una noche abandonada por los dioses y solo desea tener sexo, hacer lo que sabe y para lo que fue instruida profesionalmente; espera de aquello la retribución justa por su labor, además de garantizar que olvidará todo rostro, seña, tatuaje, nombre o impresión idealista que se haya hecho de una persona. Es su deber protegerse y proteger a los hombres, es su justa filosofía.

La aprendió del gremio de prostitutas de Barcelona, donde la intelectualidad también impregna esta forma de vida. Allí, en ese harem de conocimiento sexual, odian a Bolaño, porque las putas nunca son asesinas; ellas aman hasta olvidar. Escupen sobre Schopenhauer, e imitan el estilo de María Lou Salome. Nada interesa más que el sexo, el goce puro, y el decir su nombre a otro, está prohibido, además de envenenarlo todo, porque un conocer así gesta una amistad. Por eso corre, porque es libre y nadie le arrebatará su bel sprit formado en Barcelona. La lluvia para; el hombre ha pasado; la noche continua.

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