Crítica y Divergencias Culturales

THAdorno

*Publicado originalmente en RAZÓN Y PALABRA Primera Revista Electrónica en América Latina Especializada en Comunicación http://www.razonypalabra.org.mx

RAZÓNARTE -NÚMERO 80 AGOSTO – OCTUBRE 2012

“Cuanto más total es la sociedad, tanto más cosificado está el espíritu
y tanto más paradójico es su intentopor liberarse de sí mismo”

Theodor Adorno

Prismas

Crítica y cultura están íntimamente relacionadas. Una acertada crítica -que siempre será un elemento inalienable- inducirá a la cultura a que recobre su esencia y función en la sociedad que es romper con la cosificación o el condicionamiento social que hace inoperante el espíritu humano, en cuanto a formas, belleza, arte y sentido.

Una cosificación donde el hombre es reducido a adquirir un conocimiento para aprender a manejar máquinas, a realizar un trabajo de varias horas donde no puede crear, sino solo obedecer, y una vez hecho esto, entra a la categoría mecánica en la que no se diferencia entre una transacción económica y una humana; a esto es a lo que los psicólogos sociales llaman, la introducción a la manufactura del espíritu y a la vida mercantil.

 El sociólogo de la escuela de Frankfurt, Theodor Adorno dice: “el sentido propio de la cultura es precisamente la suspensión de la cosificación” y precisamente está cosificación es el estigma de la realidad en pleno siglo XXI.

El problema de la cultura hoy radica en el intento por suspender la crítica, para remplazarla por el término, “consideración del arte”, en un juego de palabras que desvía el hecho de que la cultura ha caído en la esfera de los bienes comunes del hombre, así como el derecho a la propiedad privada.

 En otras palabras, es un error el que la cultura sea vista, apreciada y criticada como una gran industria y que los valores que humanizan al hombre en todas sus formas sensibles y espirituales,

encajen dentro de una comercialización de la cultura. Esto es el lado risible de lo que se denomina cultura hoy. El mismo término “industria cultural” es una contradicción, por cuanto es una unión entre lo masivo de la industria y lo individual de la cultura.

Ya históricamente Thorstein Veblen en América del Norte y Oswald Spengler en Europa, hicieron una crítica a la relación espíritu-dinero en la denominada alta cultura; y actualmente la crítica cultural de los valores reposa quizá con Gilles Lipovetsky, Michel Houellebecq y el peruano-español Mario Vargas Llosa, sólo por mencionar tres teóricos mediáticos, en temas sociales y literarios.

Y a propósito, hay una crítica desaforada del mismo Vargas Llosa en su libro “La Civilización del Espectáculo” donde demuestra con acierto los prejuicios artísticos heredados por la distinción de la cultura highbrow y la cultura popular, lowbrow; prejuicios como por ejemplo, el tipo de arte abstracto que es vetado para la mayoría de la sociedad, por la carencia de está de sentido crítico y espíritu sensible, y en remplazo y preferencia,  una proliferación de obras de entretenimiento se acercan más al arte masivo que la sociedad exige y que puede ser asequible ya que no apela solo a la intelectualidad, sino a las pasiones sensibles.

 Es esta la suposición de la sociedad highbrow sobre la incapacidad de la cultura lowbrow de ver el conocimiento artístico, su apreciación y aprehensión. Esta supuesta ceguera, es lo que siempre ha contradicho el concepto de humanidad y el problema del arte y la cultura deja de ser observado, para producir una crítica no artística sino social, a los creadores del arte en todas sus formas y variantes.

 Por eso el arte Performance, es una mezcla de arte y popularidad, elementos simbólicos pero también coherentemente entendibles tanto como para un anciano o un niño. Al apreciar esta dimensión artística, puede producir en el observador no solo éxtasis o conocimiento sino fascinación, desprecio o impresiones humanas perdurables.

 Este tipo de arte no-ideológico, (el Performance) es uno que no puede reducirse a un lenguaje técnico, como el arte abstracto o romántico. Sino que se alza por sobre el lenguaje que la alta cultura parece bloquear con cánones estéticos, o sea el lenguaje artístico estandarizado en el establishment.

Para el contexto social dominante es menos importante el contenido ideológico, que el hecho de recordar las formas superpuestas o el surrealismo material del arte performance. Es una lucha entre la cultura que no se desprende de la tutela ideológica del romanticismo y lo abstracto y la cultura asequible a todos en un lenguaje social y extenso, entendible y asimilable para el espíritu humano popular.

Tutela ideología cosificante que hace, como ya se observó, una división privada, lo cual es la muerte de la cultura en sí. Esta ideología existe en la sociedad sólo como un fenómeno. En la sociedad moderna, la cultura es el lado inmanente (cerca) del espíritu en contraposición de lo transcendente y objetivo de la ideología.

El proceder inmanente, o sea la cultura de todos y en todos, descubre que no es la ideología la falsa, sino su pretensión de estar de acuerdo con la realidad y tener poder para transformarla. El arte comercial, la ideología de un cambio de realidad no es posible dentro de una industria artística, donde las cosas se compran, se usan y en un intercambio las cosas dejan de ser, para ser remplazadas por otras.

Este parece ser el fin que se arroja la ideología cultural del arte, y así mismo su fin, pero no como lo conciben los posmodernistas, sino el fin al primitivismo y la falsedad de sentido que pretende configurar las voluntades y las formas de vida cultural de los hombres.

 Un fin repentino y pertinente que evita la diversificación cultural, y la problemática del concepto y su realidad y función social.

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