El Ataque de Thorstein Veblen a la Cultura

“La cultura es una mentira vital”
Veblen


Thorstein Veblen fue un sociólogo norteamericano que estuvo en el ojo del huracán debido a las críticas acertadas sobre la sociedad y la economía de su época. Inicialmente, creía que la vida de las personas, en todas sus dimensiones, estaba moldeada por la cultura. Y solo es después, y debido a un profundo análisis real y concienzudo de la sociedad de consumo,  que desenmascaró una especie de “falsa cultura” lo cual lo llevó a concluir y a afirmar categóricamente que: “La cultura es una mentira vital”.

Según Veblen, el consumo de bienes no satisface las verdaderas necesidades humanas, ni logra una plenitud de la vida, sino que sirve para mantener el prestigio social, el status, que en esencia, según él, es la antesala de lo que se llama  «Cultura». Este sociólogo llegó a estas conclusiones convencido de ello, aunque, a la larga, surgirían ataquescontra su doctrina.

Desde sus investigaciones, y de su compendio doctrinal llamado “conspicuous consumption” (con la cual se granjeó enemistades y hasta la expulsión del cuerpo docente), surgieron dos teorías: el término “Bien de Veblen”; y la famosa teoría (hoy estudiada en las facultades de economía) de “La curva de demanda”, que en esencia era una idea graficada que dejaba en claro que el encarecimiento de un producto o servicio, incrementaba la demanda, pero la devaluación de esos mismos productos o servicios, imponía, que la adquisición de bienes exquisitos de parte de una sociedad determinada no fuera posible de forma igualitaria.

Así, mientras más valor tuviera algo, -afirmaba Veblen- más deseo habría en el ser humano por poseerlo. Estudios de economía, colusionados con la psicología experimental, dedujeron, -y fue recibido con agrado- que la gente recibe más placer o satisfacción en adquirir bienes costosos. Veblen, expuso de que si el consumo de bienes tuviera un fin ideal o práctico, la pobreza sería absorbida o transformada. Su pensamiento fue un ataque frontal a los efectos de un capitalismo cuya máscara tenía falsos fines.

El consumo fue tildado de  mera “ostentación” de un conglomerado social, que en parentesco tenía mucho que ver con lo “estético” -lo bello-, y con lo “práctico” -lo utilitario-, dentro de la fundación de una cultura excesiva del trabajo en la era tecnocrática, quizás influenciado fuertemente por la ética calvinista.


Obviamente, Veblen, hace una crítica de la cultura en medio de una sociedad tan ostentosa como lo fue y lo es Norteamérica, y batallando contra la arraigada doctrina pragmática de “utilidad”. Pero sus ideas no estaban desconectadas del futuro progreso material tan avasallador que evolucionaba con lentitud, en el cual las personas jugarían un papel objetivo y utilitario.

Su síntesis era que “toda la cultura es una mentira vital”porque no todos poseen los medios para adquirir bienes, y no existe una retribución económica que ponga a todos en un mismo nivel social. El mismo hecho de que la cultura se definiera por la posesión de bienes, llámese cuadros, libros, esculturas u obras artísticas, ya significaba una pérdida de sentido o una transformación sin atractivo para la sociedad en general.

Por este pensamiento, y otros afines, fue difamado en Chicago, tenido por loco, porque Veblen denunció que la llamada “cultura moderna” surgía de la necesidad de demostrarle a otros hombres que habían superado ya esa etapa cruda de la vida práctica, y que ahora la sociedad podía gozar de unas funciones artísticas –entiéndase arte- sin utilidad alguna, con la finalidad de que el artista se elevara por encima de la jerarquía social al adquirir prestigio, y robustecer el poder y dominio sobre los demás hombres.

Falseando así los principios o la utilidad de la cultura. Cultura que en esencia tenía la misión de unificar, o al menos transformar la sociedad, y no necesariamente presentarse como una «extensión de la vida» o un «medio de poder» económico y de dominación. Veblen poseía ideas marxistas, pero eso tuvo poca influencia en su denuncia, porque era eso, solo denuncia, no reformas.

El progreso cultural, visto de esta manera, era simplemente adaptación artística despojada de su carácter fundamental; el concepto de progreso para Veblen significaba las formas de conciencia y de vida, por encima de la cosificación de la técnica y el materialismo. Las ideas de Veblen sobre la cultura (revolucionarias para su tiempo, y para el nuestro) parecen dar en el clavo, en temas como el valor del arte pictórico, la fama de los artistas musicales, la escultura “posmoderna”, el teatro, y la literatura comercial.

Los rasgos de la modernidad, que se creían, eran esos ideales prácticos para el desarrollo de la humanidad, son ahora reliquias de épocas históricas, y la posmodernidad no llega más que en mito  a la sociedad (al menos en Latinoamérica), por falta de teóricos y postulados claros. Fue una crítica mordaz hacia la cultura de la época, y que no dista mucho de la posición en la que se encuentra algunos críticos y teóricos en pleno siglo XXI.

Hay tres libros, que nos arrojó este siglo, que a profundidad nos permiten obtener un panorama amplio sobre lo propuesto por Veblen inicialmente, la escuela de filosofía, sociología y economía juntas: “Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno” de Javier Echeverría, “La cultura Humana” de Jesús Mosterín, y “la civilización del espectáculo”de Mario Vargas Llosa.

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